Nos acercamos al ecuador de la Navidad y hoy coinciden dos celebraciones, el día de la Sagrada Familia y el llamado “Día de los inocentes”.
Los Santos Inocentes
Cuando era pequeña, se celebraba el día de los inocentes con las llamadas “inocentadas”, como el muñequito de papel colgado en la espalda de la persona que sufría la inocentada. Se hacían bromas, nos reíamos “inocentemente” y era divertido. Hoy también vemos bromas en las redes, somos expertos en ello, como la noticia de la dimisión de Pedro Sánchez.
Cuando conocí el verdadero sentido de lo que celebrábamos, la mirada se transformó y lo que se celebraba con bromas, pasó a ser en mi corazón un día muy triste, el día que es imposible no recordar a los no nacidos, los “inocentes” del mundo de hoy, que no dejan nacer.
El 28 de diciembre es el día de los Santos Inocentes, recordamos el día en que murieron niños, recién nacidos o muy pequeños, porque un rey loco tenía la pretensión de eliminar a quien él pensaba le podía hacer sombra, que le podía quitar un trono mundano y pasajero. Matar por el miedo a perder el trono, el miedo a perder el poder justificaba el asesinado de inocentes niños pequeños. Es el mismo miedo a no tener el control, el que sigue asesinando a los indefensos niños por nacer hoy día. Estos, sin duda, fueron los primeros mártires de la historia sin saberlo, asesinados sin culpa alguna y siguen siéndolo hoy.
Hoy día repetimos la historia, o incluso somos peores porque ni si quiera se les deja nacer, y no es un rey loco el que manda matarlos, sino por quienes les concibieron. Las excusas para hacerlo, en la mayoría de los casos son económicas, o que no es el momento oportuno, como si hubiera un momento oportuno para venir al mundo. Y es que la sociedad ha trivializado tanto la vida, le ha quitado el valor que tiene por si misma, solo por ser ese regalo de la vida. Es cierto que la culpa sigue siendo especialmente de los mismos, de los que “mandan”, de los que hacen leyes injustas a las que dan valor moral, llegando a confundir a la madre al decirle que es valiente por no dejar que la vida crezca en su vientre, que se lo merece porque “ella” es la única que cuenta, y el hijo, el ser inocente, es un apéndice de su cuerpo a estirpar. Creando así una herida en la mujer difícil de curar. Pero el acto de matar al indefenso es “lo más antinatural de la naturaleza”, por lo menos de la humana.
Creando así una herida en la mujer difícil de curar. Pero el acto de matar al indefenso es “lo más antinatural de la naturaleza”, por lo menos de la humana.
La madre Teresa de Calcuta, reconocida santa por la Iglesia y mujer especial para el mundo, dijo en su discurso al recibir el Premio nobel de la paz, que “el aborto es el mayor destructor de la paz hoy, porque es una guerra directa, un asesinato directo por la madre misma, porque si una madre es capaz de destruir a su propio hijo, ¿qué me impide matarte? ¿Qué te impide matarme? Ya no queda ningún impedimento”.
En sus propias palabras, “el aborto empobrece a la gente desde el punto de vista espiritual; es la peor pobreza y la más difícil de superar”. Así vemos como los inocentes de hoy siguen tan desamparados por los poderes públicos como entonces.
La Sagrada Familia
Y siguiendo con la historia que hoy recordamos, para que el Niño Jesús se salvara de las espadas de los romanos, tuvo un padre diligente que supo interpretar sueños y pensar en el “niño recién nacido” antes que en él. A nadie le gusta tener que huir para empezar de nuevo en una nueva tierra extranjera por una amenaza de muerte. Así, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»
José se levantó, cogió al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por el profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto.»
Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuélvete a Israel; ya han muerto los que atentaban contra la vida del niño.» Y volvieron a Nazaret, para que Jesús fuera el Nazareno.
La Sagrada familia que hoy celebramos es modelo de todas las familias, creyentes o no, porque es ejemplo del verdadero amor familiar, del que pone a los demás antes que uno mismo. Y para ello no hace falta ser una familia perfecta, solo hace falta ser una familia con mucho amor. A pesar de que la Sagrada familia es el ejemplo, sus orígenes tampoco fueron perfectos puesto que, en la Historia Sagrada, hay ejemplos son malos y buenos, como es el ser humano, frágil, que sucumbe a sus egoísmo y pasiones a la vez que es capaz de los más ejemplares actos de generosidad y amor.
Y para ello no hace falta ser una familia perfecta, solo hace falta ser una familia con mucho amor.
Ante los retos del mundo, el Papa León XIII instituyó esta fiesta en el año 1893 con la intención de que, al reconocer sus virtudes, la sociedad, o por lo menos los cristianos, reconociéramos el valor de familia, célula de la sociedad, y así promover la santidad y los valores de la vida familiar, siendo unos años más tarde, en 1921, cuando el Papa Benedicto XV la extendió a toda la Iglesia.
Como expresó Benedicto XVI, la Sagrada Familia es singular e irrepetible, pero al mismo tiempo es “modelo de vida” para toda familia.





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