Conocí a Borja hace tiempo, gracias a las redes, por su trabajo como coach con valores. Luego publicó su libro “Ser Ejemplo. Pequeños grandes líderes”, después llegó una iniciativa muy desafiante “10talentos.org” y ahora un nuevo libro, “La cara B de mi vida”. Vi a Borja dar paso tras paso recorrer el camino de algo que es más que una profesión, es un camino de compromiso personal con alguien más poderoso que los poderes terrenos, porque tiene poder sobre el cielo y la tierra, algo que nos trasciende, y en un momento tan mundano, donde los datos nos muestran lo que está haciendo los nuevos inventos mundanos, el sentido de la vida, lo trascendente, es algo urgente a recuperar. Todo el trabajo de Borja, el tiempo que le dedica va en la misma línea: dar el valor que tienen realmente los verdaderos valores, y las consecuencias que tiene ponerlos en práctica pero no cualquier valor, porque no todos valen igual porque los valores que defiende y pregona son los que se fundamentan en el humanismo cristiano.

Pilar Castañón.- Se habla mucho de valores actualmente, pero no todo lo que se llama “valor” lo es, ¿cómo diferenciarlos?
Borja Milans del Bosch.- Los valores que entiendo verdaderos lo son cuando aportan un intrínseco valor a la existencia del ser humano y a un recto bien común articulado sobre una sólida base de ética y moral. Tal y como los entiendo, deben reunir cinco características fundamentales.
- Responden a la ley natural del hombre, por el que lo esencial es que contribuyan a una existencia armoniosa entre personas dentro de un orden pro natura regido por la ética y la moral.
- Son intemporales ya que en ningún caso pasan de moda porque nunca fueron una moda o una corriente temporal inducida de manera deliberada por medios de comunicación. Por ello pasan de generación en generación dentro de las familias; de abuelos a nietos, de padres a hijos, y representan un recto referente de comportamiento a lo largo de los años.
- Vertebran en rectitud a la persona y le dotan de una solidez existencial que le hace destacar sin haberlo buscado. Estos valores embellecen el comportamiento de la persona y la hacen creíble y solvente ante otras personas.
- Deben ser transculturales, es decir, cuando nuestros comportamientos quedan impregnados por ellos, son entendidos por cualquier persona, de cualquier cultura, en cualquier país del mundo. Así, por ejemplo, la lealtad es lealtad allá donde se demuestre, de igual manera que lo será la humildad, la honestidad, la justicia, el compromiso, el coraje, etc.
- Y para terminar, son autoexplicativos. En este sentido, cuando impregnamos nuestros comportamos con ellos, se vuelve innecesario explicarlos porque ya se entiende y se comprende de qué tipo de valor se trata. Son un intangible que acompaña al comportamiento y que lo embellece.
El verdadero protagonista de mi vida es Dios.
P.C.- Hace unos años leí una entrevista cuyo protagonista decía que una mala persona nunca podría ser un buen profesional…estudiaste marketing y gestión empresarial y tu faceta profesional se desarrolla en el trato con las personas en el mundo de la empresa, ¿qué opinas de ello?
B.M.B.- Desde que hace veinte años comencé mi andadura en el terreno del liderazgo como formador y conferenciante, sostengo y defiendo que nadie puede ser mejor profesional que persona. En los años en los que trabajé en el ámbito de la gran empresa y las multinacionales, comprobé en primera persona que abundan las personas con fuertes ambiciones y que se mueven desde una doble intención. Siendo aparentemente cordiales, en el fondo hay una intención poco limpia, lo que les llevaba a zancadillear a compañeros o a poner palos en las ruedas para impedir el progreso o el liderazgo de otros. Esto, además de generar mal ambiente, descomponía la cohesión de los equipos de los que formaba parte.
Vi como proyectos muy bonitos y retadores fracasaban por comportamientos desleales y malintencionados de alguno de los que se decían compañeros. Sin embargo, también he de decir que cuando el equipo lo integraban buenas personas, que además eran magníficos profesionales, todos tendíamos a ayudarnos y a apoyarnos entre nosotros, nos enseñábamos y aprendíamos unos a otros, y los proyectos que ponían en nuestras manos tendían a salir adelante.
El típico “killer” que quema a la gente, puede que sea un profesional con unos conocimientos técnicos magníficos, pero si le falta la parte humanista, poco valor aportará a la empresa y sí un daño causado a otros miembros del equipo. En este sentido, cabe preguntarse por la magnitud del “coste de no calidad humana” que asumen los responsables de las compañías y que al final se refleja en la cuenta de resultados.
P.C.- Estamos cansados de frases hechas que parecen un ungüento mágico que van a solucionar los problemas y van a llevarnos directamente al éxito… ¿Qué es para ti el éxito?
B.M.B.- Creo que la mayoría de esas frases que oímos y leemos para definir el éxito son cantos de sirena con poco fundamento. Aunque sea un poco extenso, me gusta pensar en el éxito como una manera de vivir con el alma entregada a Dios, paz en el corazón, la conciencia tranquila y buena salud. Amando y siendo amado en el seno de una familia; querido y cuidado por buenos amigos, con una ocupación profesional digna en la que uno se siente valorado y desde la que tiene el espacio para desplegar los dones y los talentos recibidos y con ellos hacer bien el bien, logrando los ingresos suficientes para cubrir las necesidades económicas y un poco más que permite disfrutar de algún extra como las vacaciones, celebraciones y momentos especiales.
Quien circunscriba el éxito al ámbito de lo material y del tener, en términos de posesiones, cargo, prestigio, sobrados recursos económicos y buena vida le recomendaría que reflexionase.
P.C.- Se habla de muchos tipos de liderazgo, de estilos de liderazgo, de formas de liderar… desde tu experiencia, ¿cuál es el más efectivo? (Considerando la verdadera efectividad, no la que vende más)
B.M.B.- Desde mi punto de vista, el liderazgo que resulta ser más efectivo es aquel que pasa por el afecto y la cercanía con los que conforman el equipo. Es evidente que en este sentido se trata del liderazgo humanista, ese que pone a la persona por delante y en el centro, favoreciendo su crecimiento personal y respaldando el desarrollo profesional. Este tipo de liderazgo pasa sí o sí por un recto despliegue de amor, pasa por entregar consideración, excelencia, compromiso, confianza, respeto y cercanía en el trato.
Un liderazgo verdadero se despliega con generosidad y desde el sentido de servicio buscando el bien del otro legítimo. Así, deberemos ser capaces de enseñar al que no sabe, corregir al que se equivoca, aconsejar a quien lo necesita, mostrando paciencia con quien resulta molesto, consolando las tristezas vitales y, además, perdonando las descortesías o las faltas de respeto. Cuando encontramos a personas que se comportan así en lo profesional, los reconocemos inmediatamente como líderes y además tendemos a ponerlos como ejemplo.
P.C.- En un curso, en una escuela de negocios ante la pregunta de quién consideras tú que fue tu primer líder, varias respuestas se dirigían a la madre o la abuela, ¿cómo influye la condición femenina o masculina en el desempeño del liderazgo?
B.M.B.- Yo creo que nada tiene que ver la condición masculina o femenina para el desempeño o ejercicio de un buen liderazgo. Hay hombres que son grandes lideres y otros que son un desastre. Lo mismo sucede con las mujeres, algunas son magníficas lideresas y otras son una calamidad. Si es cierto que el hombre puede responder con mayor liderazgo en determinadas situaciones y la mujer en otras. Aquí puede influir un factor biológico, pero en términos generales, no le veo mayor relación. Desde mi punto de vista tiene más que ver con la rectitud de intención y el trato ofrecido a las personas para lograr conectar con ellas y movilizarlas a la acción que con que sea hombre o mujer. Si el liderazgo dependiese de esto último, estaríamos ante un serio problema. El liderazgo que pueden ejercer hombres y mujeres me parece cuando menos, complementario y eso hace que los dos tengan la importancia que merecen.
P.C.- El reinventarse está de moda. Me hace gracia porque parece como si nos pudiéramos diseñar de nuevo, ¿es pura reinvención o un descubrimiento?
B.M.B.- El discurso de “reinvéntate” me resulta un tanto vacío y con muy poco recorrido. Creo que reinventarnos es una tarea prácticamente imposible ya que venimos al mundo como hombres o mujeres, con sexo masculino o femenino.
Reinventarnos en materia de actividad profesional tampoco me resulta convincente ya que en ningún caso fuimos inventados para realizar una actividad determinada, sino que nos adentramos en ella con plena conciencia y para un desempeño profesional con el que ganarnos la vida. Bien es cierto que podemos modificar nuestro enfoque profesional y buscar un cambio que conecte más con nuestra autenticidad íntima como seres humanos.
En este sentido soy mucho más partidario de “re-descúbrete”, que pasa por un profundo autoconocimiento llevado a cabo a lo largo de los años para identificar y descubrir -quitar lo que cubre- nuestros dones -habilidades intangibles del alma- y que fueron cubiertos por creencias, mandatos adquiridos, comportamientos heredados y aprendizajes que jamás cuestionamos. Redescubrir estos dones nos permite tomar conciencia de que hay algo que nos hace especiales en algún sentido como por ejemplo el don de visión, de relación, de consejo, de comunicación, de entendimiento, de creatividad y un largo etcétera; y nuestros talentos -destrezas innatas que residen en nuestra naturaleza- que nos permiten destacar por realizar tareas con gran destreza y de manera espontánea sin haber recibido formación específica alguna.
A partir de aquí, con los dones y los talentos claros, tenemos la oportunidad de ponerlos en práctica y desarrollarlos con disciplina y dedicación para orientarlos a hacer bien el bien.
Me gusta pensar en el éxito como una manera de vivir con el alma entregada a Dios, paz en el corazón, la conciencia tranquila y buena salud.
P.C.- ¿Y ser la mejor versión de uno mismo?
B.M.B.- Esta es la segunda parte, que también tengo de alguna manera en cuarentena. Lo de “ser tu mejor versión” me suena a impostura, artificio, postureo profesional o existencial para aparentar lo que no se es. ¿Ser versión de qué? Me suena a falta de naturalidad y autenticidad. Podría asociarlo a lo que supone seguir una corriente, tendencia, de actividad económica o de otro tipo de actividad de algún tipo porque con ello se adquiere relevancia y que se muestra como engancharse a un ámbito de oportunidad. Podríamos considerarlo como una elección individual del camino para su propia satisfacción.
Quizás sería más acertado hablar de alcanzar un propósito que dé pleno sentido a nuestro quehacer: “ser quienes estamos llamados a ser”, algo que sólo vamos a lograr apoyándonos en los dones y talentos recibidos, poniéndolos al servicio de los demás en un ejercicio de entrega consciente para materializar el deseo de hacer bien el bien y contribuir al plan que Dios tiene para nosotros.
Ser tu mejor versión es servirse a uno mismo; ser quien estas llamado a ser, supone darnos a los demás (la sociedad) con sentido de servicio y de contribución por medio de nuestros dones y talentos.
P.C.- Vivimos un momento complicado a nivel mundial, nacional, social y familiar. Hemos retirado a Dios de la vida y sin embargo cada día aparecen nuevos testimonios que nos recuerdan el valor de la fe. Tú mismo estás dando testimonio de ello desde tu conversión, ¿qué ha supuesto para ti este descubrimiento?, ¿qué consecuencias tiene esto en la sociedad?
B.M.B.- La conversión ha supuesto un claro punto de inflexión en mi vida. Aunque comenzó en 2008, se hizo evidente en una peregrinación a Medjugorje en 2010. Desde entonces, he incorporado a Dios a mi vida de manera plena y con naturalidad. En este sentido la fe se ha reavivado en mí y ahora veo la vida de otra manera, con mayor alegría, confianza y esperanza. Es saberse amado por Dios y vivir y trabajar con un sentido de trascendencia que da pleno sentido a la propia vida y a la labor profesional que desarrollo. Para mí la vida a adquirido un verdadero sentido y veo que desde mi trabajo puedo realizar un bien que ayude a las personas a desenvolverse y relacionarse mejor en sus vidas y en sus trabajos.
Una cosa está clara y es que cuando alguien vive una conversión, todo su entorno se beneficia de ese cambio, ya que la manera de comportarse y relacionarse se renueva por completo. A partir de ahí, la sociedad, aunque sea a una muy pequeña escala, claro que se beneficia de quienes se convierten; el impacto que generan sus testimonios y el evidente cambio de rumbo de sus vidas dejan huella y abren espacio a reflexiones profundas en otros miembros de la sociedad.
Lo cierto es que los casos de conversión son cada vez más frecuentes. Recientemente he presentado el libro “La cara B de mi vida”, un testimonio de conversión personal que abarca desde 2008 hasta nuestros días. Lo que me sorprende, me llama muy gratamente la atención y me produce una gran satisfacción es el efecto en cadena que se está produciendo con su lectura; quien lo lee, enseguida lo recomienda o lo regala.
P.C.- Dicen que el respeto se tiene y la autoridad se gana… el respeto se está perdiendo y la autoridad se termina imponiendo. El respeto a la dignidad de la persona, a los mayores como referencia de nuestras raíces; el mundo cambia rápidamente y los jóvenes piensan que los mayores no les pueden enseñar nada, ¿es así?
B.M.B.- Creo que no, que en absoluto. Los mayores tienen muchísimo que enseñarnos y de ellos tenemos mucho que aprender, aunque sólo sean los valores humanos y la manera de mantenernos humanizados dentro de las familias en una sociedad que está muy endurecida con tanta inmediatez, tecnología y redes sociales. Cierto es que la sociedad de la que formamos parte se ha vuelto muy egoísta y ha instrumentalizado la comodidad y todo lo que impida un disfrute de caprichos y los propios intereses; lo que impida ese frívolo existir tiende a ser descartado, sin embargo, son muchos más los casos de personas que cuidan a sus mayores y beben de ellos los valores que tanto echamos en falta; son más numerosos que los casos de trato sin dignidad.
Otra cosa muy distinta es que los casos notorios hacen mucho ruido y nos desalientan. Afortunadamente seguimos queriendo mucho a “los abuelos”. Y quienes más los quieren son los jóvenes, aunque en ocasiones el choque de mentalidades suele poner en evidencia la brecha que hay entre unos y otros. También es cierto que los mayores participan de las inquietudes de los jóvenes con su mejor disposición. En esta relación se produce un mutuo enriquecimiento por el intercambio de conocimiento; los jóvenes aportando sus modernidades y estilos de vida, y los mayores ofreciendo sus sabios consejos. Cada uno aporta con generosidad en esta relación intergeneracional.
P.C.- Durante años nos han metido en la cabeza que la fe pertenece solo a la esfera privada de las personas. Sin embargo, la fe se refleja en todos los ámbitos de la vida, tu trabajo precisamente va en esa línea. Cuéntanos qué haces.
B.M.B.- La fe la vivo de piel para adentro hasta que me preguntan o me dan el espacio para que hable de ella. A partir de ahí, es un tema más de conversación del que hablo con absoluta naturalidad y comparto con tanta generosidad como soy capaz. De igual manera que un médico, policía o abogado vive su profesión las veinticuatro horas del día, así también yo vivo la fe que tengo.
En la labor que realizo como formador especializado en liderazgo humanista tengo el gran privilegio de que me llaman de las empresas para trabajar con sus equipos y abordar con profundidad contenidos que enriquezcan, más allá de aspectos técnicos del desempeño, la dimensión más humana de sus profesionales para su convivencia en el día a día laboral.
Mi trabajo consiste principalmente en facilitar, desarrollar y consolidar un nuevo paradigma en las relaciones interpersonales en el trabajo sobre la base del liderazgo humanista. Los programas que ofrezco facilitan que los miembros de los equipos de las empresas tengan un mayor autoconocimiento, desarrollen una sólida cultura de equipo y se enfoquen posteriormente en la mejora continua apoyándose entre sí. Todo esto sobre la base de unos sólidos valores sujetos a ética y moral, como decía al principio. Lo que me llama mucho la atención es que se nota de manera evidente en el clima laboral y en la cuenta de resultados las empresas que apuestan verdaderamente por sus profesionales. Es decir, que cuanto más humanizados estamos y mejor nos tratamos en el día a día, el rendimiento mejora, la motivación sube significativamente y los resultados hablan por sí solos. Es aquello de que, si te ocupas bien de tus empleados, ellos se ocuparán bien de tu negocio.
P.C.- Los actores americanos no tienen complejo de hablar de Dios, aunque a algunos les haya afectado a su carrera, como es el caso de Jim Caviezel, ¿por qué tenemos tanto complejo aquí de hablar de Dios, de nuestra fe?
B.M.B.- Creo que es precisamente por eso, por puro complejo, muy motivado por el “qué dirán”. Es posible que también haya cierto miedo latente a ser señalados o estigmatizados y si a eso añadimos que estamos en una sociedad cada vez más relativista, crítica y por ello manipulable, tenemos el caldo de cultivo perfecto para comportarnos con tibieza. Quizás alguna puerta se nos pueda cerrar -nunca he sido consciente de ello-, lo que sí puedo decir es que son muchas las que se nos abren. Creer en Dios, tener fe y hablar de ello con naturalidad cuando surge la ocasión debería ser algo tan normal como hablar de Fórmula 1, de escapadas rurales de fin de semana o de bricolaje. De hecho, cuando la gente descubre o conoce que eres creyente y llevas y compartes tu fe, con respeto y sin imponerla, es como si dieran un paso de confianza y respeto en la relación contigo.
En este sentido puedo decir que uno de mis mejores amigos es ateo hasta la médula y conversamos mucho sobre el modo en que vivimos nuestro lado más trascendente; nos tenemos un respeto impresionante. No hace falta ir dando bibliazos en la cabeza a la gente para explicar lo que nos aporta y el bien que nos hace tener fe y cultivarla, sobre todo porque en ningún caso es teoría, sino una forma muy estimulante y enriquecedora de vivir la vida y las relaciones con el próximo.
Creer en Dios, tener fe y hablar de ello con naturalidad cuando surge la ocasión debería ser algo tan normal como hablar de Fórmula 1, de escapadas rurales de fin de semana o de bricolaje.
P.C.- Europa está perdiendo sus raíces cristianas, en nombre del buenismo, o quizás por imposición ideológica para que no tengamos raíces y manejarnos mejor, pero la realidad es que estamos dejando un hueco vacío que provoca la ausencia de valores que llevan a la desesperanza, nada más hay que ver como aumenta cada año la cifra de suicidios. Sin embargo, salen también testimonios de jóvenes que brillan sin haber querido brillar como los dos jóvenes canonizados recientemente, Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, o que están en proceso como la Hermana Claire Crokett, o la beata Isabel Cristina Mrad, la joven polaca Helena Kmiee o tu primo Javier Sartorius Milans del Bosch. Está claro que el vacío hay que llenarlo…
B.M.B.- En este sentido, si bien es muy preocupante la situación sociopolítica que estamos viviendo en Europa con lo que convendría llamar una islamización silenciosa perfectamente provocada y consentida, también debemos mirar al futuro con esperanza.
La juventud europea y en concreto la juventud española, son los que, a pesar del alto índice de suicidios y comportamientos autolíticos están reaccionando con mucho músculo. Así se evidenció en el congreso de influencers que tuvo lugar en el Vaticano en julio, promovido por el Papa León XIV y para impulsar una nueva evangelización a través de las redes sociales. Además, como bien dices, tenemos muy buenos ejemplos de jóvenes que dejan de lado vidas frívolas que provocan gran vacío para convertirse en un ejemplo y referentes de comportamiento para otros jóvenes en la época de la inteligencia artificial y los algoritmos. Efectivamente, todos ellos interpelan con sus vidas la forma de pensar y de vivir de miles de jóvenes. Si a esto añadimos movimientos de fe y conversión como los retiros de Emaús, Efettá, Bartimeo, Proyecto Amor Conyugal o Rise Up, me hace pensar que estamos en una época muy especial en la que caminamos a pasos agigantados hacia la recuperación de unas raíces cristianas que estaban queriendo difuminar.
Es evidente que el vacío existencial que tenían muchos de ellos se está llenando de nuevo gracias a su vuelta a la fe. Todo esto es parte de una gran batalla espiritual que se está librando entre el bien y el mal.
P.C.- Desde tu conversión has dado varias veces tu testimonio, está claro que lo vivido es la mayor prueba para los que escuchan y nadie puede rebatir, pero ¿por qué decidiste escribir este último libro? Aunque en la portada aparezca tu cara, creo que no eres tú el protagonista.
B.M.B.- Escribir “La cara B de mi vida” es un gesto de gratitud por lo mucho que he recibido. Es también una forma sincera y humilde de decir que lo que me ha pasado a mí, le puede pasar a cualquiera, y que basta con que abramos un poco nuestro corazón con sencillez y humildad para que notemos con claridad cómo Dios se hace presente. Cuando damos testimonio, estamos diciendo que Dios existe y es real. De alguna forma, después de todos los acontecimientos que he vivido en primera persona a lo largo de estos más de quince años, me ha parecido que era el momento de decirle a la gente que el protagonista de nuestras vidas es Dios. Quiero remarcar que, aunque yo salga en la portada, el verdadero protagonista del libro es Dios y sólo él.
P.C.- ¿Qué dirías a los jóvenes?
B.M.B.- Qué se mantengan muy alertas ante los engaños existenciales que les ofrecen a través de los medios de comunicación y las redes sociales. Que se comprometan a incorporar a Dios en sus vidas con naturalidad y que dejen de lado todo lo que les aleje de Él o aparente ser una alternativa espiritual atractiva. Es importante que, igual que hacen deporte con asiduidad, que de igual manera practiquen con asiduidad el rezo del rosario, la confesión, la lectura del evangelio, la santa eucaristía y el ayuno.
De sus comportamientos sujetos a ética y moral depende que la sociedad del día de mañana esté vertebrada por unos valores sólidos en rectitud.
P.C.- Muchas gracias de corazón por tus palabras y por la valiente labor que haces, la gente puede pensar que un testimonio es fácil, pero cuando es auténtico y te arriesgas a la burla o la discriminación, hoy día es un acto de valentía. Ya vemos lo que está pasando en otros países con los cristianos.
B.M.B.- Después de lo que hizo Jesucristo por nosotros, esto es lo menos que debemos hacer nosotros por él. Compartir lo que me ha ocurrido me parece lo más normal del mundo y, si hubiera alguien a quien animase a dar su testimonio después de leer el libro, sería como ver que todo adquiere un sentido adicional. ¡Ojalá sea así!
Por supuesto gracias a ti, Pilar, y a Woman Essentia por esta oportunidad que me habéis brindado y la generosidad de acercarme hasta tus lectores.





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