¿Dónde están las feministas?
Este año el día de la mujer debería estar dedicado a las mujeres de Irán y de Afganistán, y especialmente a todas aquellas que viven en países o bajo imposiciones que consideran a la mujer como un ser inferior al hombre, e incluso a los animales. Normalmente estás mujeres viven en países sometidos a leyes Islámicas, en su versión más extrema, y normalmente las feministas no tradicionales, sino las que presumen de llegar solas y borrachas a casa se callan, normalmente estas mujeres que exigen la libertad total (o libertinaje) de la mujer no denuncian este maltrato, aunque si el de los animales. Quizás porque sean las mismas que piden el asesinato de niños por nacer, ven que en algunos casos la mujer no merece tener derechos tampoco y por eso no lo denuncian.
Como todos los años llega la semana en que se aglutinan actos para ensalzar a la mujer. Lo que empezó como una causa noble y necesaria, la defensa de los derechos de la mujer, se fue convirtiendo en el tiempo en posturas contrapuestas entre las que defendemos la esencia femenina y las que creen que para ser libre, la mujer debe ser igual que el hombre en todo, llegando incluso a defender el intercambio de papeles que trae consigo la eliminación de lo que la mujer es por naturaleza. Esto hace que se confunda la libertad para ejercer con orgullo lo que eres y estamos llamadas a ser, frente a la tiranía ideológica que nos mide siempre con lo que el hombre es.
Es triste y carece de sentido seguir denunciando lo que ya es una realidad conseguida, puesto que casi tiene más beneficios ser mujer que hombre en occidente pero, como hemos visto últimamente gracias a internet, hay mujeres sufriendo una terrible desigualdad que viven sometidas hombres que las castigan terriblemente solo por ser mujer. Que viven en países donde incluso se juegan la vida gracias a leyes injustas, y a manos de sus maridos, sus padres, o un familiar masculino.
Este año la lucha debería centrarse en denunciar lo que pasa en países como Afganistán , o las mujeres cristianas de países como Nigeria y otros países del mundo árabe. Las mujeres de Irán se llevan el reconocimiento a la valentía que parece haber dejado mudas a muchas.
Ser mujer en Afganistán
Hace unos días nos llegaba la noticia de la reforma del código penal que formalizó lo que ya era una práctica habitual, endurecimiento de las leyes Afganas que sitúan a la mujer en un nivel de protección inferior a los animales, sometidas al castigo del hombre mientras no se vean mucho los golpes que puede recibir por este.
El código permite castigos discrecionales bajo el concepto de tazir (corrección disciplinaria), que incluyen golpes físicos aplicados por el esposo o “amo”. Bajo el concepto de “prevención del vicio”, la violencia contra la mujer ha dejado de ser un crimen y pasa a ser una práctica avalada por el Estado. La norma autoriza a cualquier musulmán que presencie un supuesto “pecado” a aplicar castigos físicos inmediatos, permitiendo incluso el uso de pistolas eléctricas, presentándolo como un deber religioso y social, otorgando por ley carta blanca a la violencia arbitraria ejercida por vecinos, familiares e incluso desconocidos. Consagra el poder del marido sobre la esposa, dándole la potestad explícita de castigarla. El abuso se transforma en una obligación moral y legal, dejando de ser un delito.
Artículo 32: “solo si el marido causa fracturas o lesiones visibles, y la esposa lo prueba ante un juez, será considerado delincuente”, siendo la pena simbólica de 15 días de prisión frente a sanciones más severas que las sanciones por maltrato animal, como 5 meses por maltratar a un camello. Equipara a la mujer con una esclava al utilizar las palabras “amo” y “esclava”, que se materializa en la redacción jurídica al quedar bajo la autoridad disciplinaria del marido. La mujer, además podrá ser castigada si sale sin permiso, visita a su familia o desobedece al esposo. Si por ejemplo una mujer huye a casa de sus padres sin permiso del marido puede enfrentarse hasta 3 meses de cárcel lo que elimina cualquier tipo de protección, obligando a permanecer en los entornos donde se produce el abuso. No se prohíbe explícitamente la violencia psicológica, ni la violencia sexual. Así, la mujer deja de ser sujeto de derecho para pasar a ser propiedad sin capacidad jurídica propia.
En agosto de 2025, el Ministerio de Educación Superior de los talibanes emitió dos directivas diferentes para las universidades de todo el país, ordenándoles que dejaran de impartir 18 asignaturas académicas y que dejaran de utilizar 640 libros de texto y otros materiales didácticos. Más de 140 títulos fueron prohibidos solo porque sus autoras eran mujeres.
Una de las órdenes afirma que las materias prohibidas «se consideraron contrarias a la sharia y a las políticas del Gobierno y, por lo tanto, se han sido eliminadas del plan de estudios».
Desde que tomaron el poder los talibanes en el año 2021, las niñas mayores de 12 años quedan excluidas de la educación secundaria y universitaria, las mujeres fueron expulsadas de la mayoría de empleos públicos y ONG´s prohibiéndolas trabajar en numerosos sectores, se les restringió la movilidad sin acompañante masculino, hablar en público o aparecer en medios, escribir, se cerraron los salones de belleza y los espacios de autonomía económica femenina, mientras se las obligaba a cubrir completamente el rostro.

Las mujeres de Irán
Las mujeres de Irán, en otra época modernas e intelectuales, han mostrado, en los últimos meses, una valentía especial, difícilmente igualable a la de las acomodadas “feministas progres” que a penas saben o son conscientes de lo que demandan. Por el contrario, en Irán se han jugado la vida por defender su dignidad humana simplemente, difícilmente reconocida en su legislación si eres mujer. Este es, por ejemplo, el caso de Marzieh Ebrahimi, víctima de un ataque con ácido ordenado por el ayatolá, porque no usaba su hiyab correctamente., sobrevivió con secuelas físicas y se ha convertido en una activista valiente, denunciando la impunidad y alzando la voz por los derechos de las mujeres en su país.
En la República de Irán se consideraba delito pintarse las uñas bajo una multa de 100$, 50$ por pintarse los labios, 30$ por estar bronceada, 150$ por usar gafas de sol, 150 $ si llevaban vaqueros ajustados, 150$ si el velo no cubre todos sus cabellos, y si no llevaban velo eran automáticamente arrestadas y puesta en prisión sin juicio previo, y más de 6 meses de prisión por falda corta.En este escenario, quitarse las hyab y lanzarlas al suelo fue todo un acto de valentía.

Diana Bahadour (2006-20026) fue asesinada por conducir una moto y presumir de su libertad, tenía 20 años.
Aida Heydari (2005-2026) estudiaba medicina en la Universidad de Teherán cuando recibió un disparo en la cabeza el pasado 8 de enero en el transcurso de una de las protestas en las que ya llevan registrados más de 40.000 muertes.

Tina Noorali (1998- 2026) fue arrestada por las fuerzas del régimen un jueves tras resultar herida durante las protestas nacionales, su cuerpo fue devuelto a su familia una semana después con una bala mortal.
Donya Hosseini, de 23 años, fue brutalmente asesinada por su padre en Kermanshah, Irán, a penas un día después de regresar a casa tras su divorcio. El motivo: un presunto crimen de honor.
Mahsa Amini, kurda de 22 años, visitaba Teherán con su hermano cuando fue detenida por la policía de l amoralidad por no cumplir las regulaciones sobre el uso del hiyab. Tras ser detenida y golpeada en plena vía pública, fue forzada dentro de una camioneta para ser trasladada a un centro de detención donde sufrió, según dijeron, un ataque cardíaco que derivó y provocó su falleciemiento.
Nika ShaKarami tenía solo 16 años, pero estas últimas revueltas se han llevado a personas de toda edad y sexo, como Kian Pirfalak, de 9 años, o tantos deportistas cuyos rostros son conocidos gracias a las redes y nos acercan a la realidad personal, a las personas que no han tenido miedo a la muerte para conseguir la libertad de otros.

“Sin velo” no es un libro sobre la discusión de usar la hyab o no, es un libro testimonial de Khadija Amin que desvela la valentía de muchas mujeres afganas que viven en un país donde, en palabras de la autora, el cuerpo femenino es un delito desde el nacimiento y la ignorancia biológica se diseña como una herramienta de control político. Donde bajo el patriarcado radical, la maternidad no se concibe como un vínculo, sino como un sistema de extracción biológica que pertenece exclusivamente al varón”. A la lucha incansable de Khadija, periodista y activista, por la recuperación de sus hijos, ase une el dolor también por las mujeres que se han quedado allí.
“Un libro, algo de paz, de intimidad, de poesía,
lo suficiente como para emborracharme
con el vino fugaz de la vida.
Fecunda de deseo
Fecunda de dolor
Sobre la tierra estaba
para que las estrellas le alabaran
para que la brisa le acariciara”. Forugh Farrojzad. “Del viento”
María Cañones





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