Es verdad que hay gustos para todo, pero lo que vimos la semana pasada en las redes, más allá de un evento era toda una demostración de hasta donde llega la estupidez humana.
Hace una semana veíamos los disfraces con los que se presentaron la mayoría de los asistentes a la gala del MET. El espectáculo eran los propios asistentes.
Según parece, el motivo detrás de aquel extravagante acto era la inauguración de una exposición dedicada principalmente a la moda, la exposición anual del Instituto del Traje, que es el departamento dedicado al arte de vestir del Museo Metropolitano de Nueva York. Pero lo curioso es que la Gala se convirtiera precisamente en todo lo contrario, algo imponible de poder vestirlo.
Para celebrar este acontecimiento, el fundador de Amazon donaba, no se sabe muy bien si 6 o 10 millones de dólares, dinero donado para exhibir una serie de trajes, algunos maravillosos ciertamente, mezclados con otros dignos de un culto al feísmo sin límite.
La famosa directora de Vogue inauguraba dicha exposición con un discurso en el que entre otras cosas decía: “no es solo un centro de arte, sino un lugar de descubrimiento para niños, para estudiantes, para visitantes descansando en su famosa escalinata, un lugar donde todos se sienten profundamente queridos”. Una triste y simple frase para intentar dar valor a la vanidad, la frivolidad y la extravagancia de una gran parte de la muestra. Aunque no todos los trajes que se exponían eran propios de una película de miedo, a pesar de que el mensaje quisiera ser positivo, como el de la maternidad, para muestra del resto, un botón. Y si el concepto de esta señora de enseñar a los niños la belleza, incluso en el vestir, es este, celebramos que no se haya dedicado a la enseñanza.

Habrá gente que admire este tipo de acontecimientos, pero espero que a la mayoría de la población sepa distinguir. No quiero parecer dramática, ni darle más importancia de la que tiene, pero parece que a algunos se les está yendo la cabeza. Reconozco que me paré a investigar porque las fotos llamaban la atención, imagino que algunas casi ni podrían moverse con los vestidos elegidos, y sin duda buscaban eso, llamar la atención.

Mientras tanto, hay gente maravillosa, personas que hacen cosas interesantes, además de ganar, por ejemplo, torneos de tenis, pero que se ganan toda nuestra admiración. Acciones que hacen que se ponga por encima de flases, famosos actores y exhibicionistas varios.
Jannik Sinner, además de ganar trofeos en la cancha, gana los corazones de la gente.
Si hemos tenido la fortuna de recibir tanto privilegio y elegimos la comodidad en lugar de la compasión, entonces ¿qué estamos haciendo realmente con lo que se nos ha dado? Kannik Sinner
El pasado 26 de abril, durante una gala de alfombra roja en Los Ángeles, en un ambiente de famosos y gente con poder económico, mandamases acostumbrados a gobernar el mundo, Jannik Sinner subió al escenario para recibir un “Global Impact Award” para dejar a todos los espectadores con la boca abierta con sus palabras.
Me recordó cuando Jerôme Lejeune dio también un discurso en EEUU que le costó el Premio Nobel, aunque este caso no ha sido tan triste. Como Lejeune, estaba en un lugar que no era el suyo, todo glamour y poder, mientras él tenía en la mente otra preocupación y otros intereses.
Sus palabras empezaron así, “esta noche todos estamos elegantes. Celebramos el éxito. Celebramos las victorias. Pero fuera de estas puertas hay familias que rezan por tener algo que comer. Veteranos que siguen luchando sus batallas mucho después de haber regresado a casa. Padres obligados a elegir entre pagar el alquiler o comprar medicamentos. Esto no debería considerarse normal”…. “No es una cuestión política”, continuó, “es una cuestión de responsabilidad. Si hemos tenido la fortuna de recibir tanto privilegio y elegimos la comodidad en lugar de la compasión, entonces ¿qué estamos haciendo realmente con lo que se nos ha dado?”.
«Hay más felicidad en dar que en recibir» Hechos 20:35
Jannik Sinner no celebraba lo mismo que el resto del público, ni lo mismo que las personas que le habían invitado por su gran carrera deportiva. No buscaba el aplauso por ello, sino que increpó a la conciencia de una sala en la que la influencia y el poder económico era lo que primaba.
Pero sus palabras no eran simplemente palabras de denuncia en la distancia, sin implicación personal. Anunció que destinará una parte significativa de sus futuros ingresos —que, según estimaciones, superarán los 150 millones de dólares— a iniciativas humanitarias a largo plazo y el destino parece que será para viviendas para veteranos, apoyo a la salud mental, programas de recuperación de adicciones, iniciativas contra la inseguridad alimentaria y ayuda directa a familias en situación de dificultad. Reconoció haber recibido de esta vida mucho más de lo que jamás hubiera imaginado mientras que en el mundo hay todavía demasiadas personas que luchan simplemente por llegar a fin de semana.
El silencio inundó la sala, un silencio pesado, el silencio que pesa y reconoce la culpa, el silencio que increpa al deber moral de compartir. De agradecer lo recibido ayudando a los que no han recibido tanto, o incluso nada.
Las palabras de Jannik Sinner diciendo que “el legado no tiene que ver con la fama o la fortuna. Tiene que ver con a quién ayudas a levantarse cuando la vida lo ha derribado. Si dejamos este mundo en comodidad, pero nada cambia realmente, entonces no hemos hecho lo suficiente.”
Ha demostrado, como tantas veces nuestro querido Rafa con su ejemplo, que el tener sirve para compartir, que puedes elegir tu camino a pesar del ambiente, y que si no hacemos nada por cambiar el mundo a nuestro alrededor vana habrá sido nuestra existencia.
Pilar Castañón




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