Debemos tener valentía para defender lo nuestro, la verdad, y la justicia, como nos recordó ayer también el obispo de Huelva, porque la justicia es necesaria, es fundamental para la buena convivencia.
Hace unos días escribía sobre el cambio que parece estar produciéndose en la sociedad y especialmente en los jóvenes. Acababa de tener lugar el terrible accidente del tren, y todavía no sabíamos mucho sobre lo ocurrido, solo había dolor aunque se percibía también unidad en el sufrimiento, toda España sufría con ellos. Normalmente no me gusta mostrar los casos particulares para evitar el morbo, pero esta vez hacían falta porque, como decía Liliana, no son un número, son personas con nombre y apellidos, son familias rotas, son vidas. El testimonio que han dado y siguen dando las personas que lo han vivido nos ha dado una lección estos días, y creo que tampoco quedará reducido o concluido con el emocionante funeral que tuvo lugar ayer en Huelva.
Ante unas 4.000 personas que estuvieron presencialmente y miles más por televisión y redes, nos dieron una lección de como se crece en la adversidad y como se afrontan, con dignidad y entereza, las vicisitudes de la vida. Que las vidas sesgadas son vidas, no son números, son sueños, proyectos, amores, y que siempre seguirán en las mentes de sus familias, quienes tienen derecho a saber por qué pasó, y luchar para que su muerte no haya sido en balde. Muertes que tengan el sentido de destapar tanta irresponsabilidad y maldad.
Los familiares de los fallecidos, supervivientes del accidente y demás personas allí congregadas, mostraron la verdadera España, tierra de María, como dijo Liliana, unidos en «la fe» que nos mantiene firmes, con la esperanza de aquel que nos entregó ayer, como todos los días, su cuerpo y sangre para que nos salvemos, para que seamos mejores y nos amemos más unos a otros. Porque detrás de ese mensaje, solo hay “el querer ser mejor de todos y cada uno de nosotros”. Solo eso es seguir a Jesús…Y ¿quién no puede querer eso o que otros no lo quieran? ¿quién no aspira al bien? ¿Quién no desea en su interior la satisfacción de amar y ser amado de verdad?
El aplauso a los reyes a su entrada y el mensaje de la elegida celebración, han sido el recordatorio, para Felipe VI y su esposa, de lo que el pueblo espera de un rey de España.
La valentía que han demostrado al hablar así, y que en otra época nos hizo una nación fuerte para echar a otros, la fortaleza que nos animó a descubrir nuevos lugares y evangelizar con la Palabra de Dios, el anhelo del corazón que animó a otros a financiar expediciones o adentrarse en mares desconocidos dejando sus vidas y familias para dar a conocer la Palabra de Jesús, «el Amor, el Camino y la Vida» a los habitantes de lugares lejanos, todo eso, fue recordado ayer en una pequeña ciudad de España, a todos los españoles, a los Reyes de España y a todos los gobernantes y, en un mundo inmediato e intercomunicado, al mundo entero.

El aplauso a los reyes a su entrada y el mensaje de la elegida celebración, han sido el recordatorio, para Felipe VI y su esposa, de lo que el pueblo espera de un rey de España: fe, tradición y entrega, algo que nos hizo grandes hace siglos y a lo que se ha ido renunciando poco a poco.
Renunciar a lo nuestro por una falsa cordialidad es renunciar a lo que somos como nación, porque solo se puede construir a partir de lo auténtico y verdadero. Una casa fuerte se construye sobre cimientos fuertes, y nosotros los teníamos. Sin embargo, las ideologías y el “buenismo” son cambiantes, sin cimientos ni más dirección que la del viento que sopla, sujetas a modas que, además, no unen, sino desunen, no construyen, sino que demuelen, no fortalecen al hombre, sino que lo destruyen. Debemos recuperar sin miedo los valores que nos identifican y desterrar ese aguachirri que nos cae, que no significa nada y se cuela por las rendijas de intereses económicos y de poder.
Renunciar a lo nuestro por una falsa cordialidad es renunciar a la verdad de España porque solo se puede construir a partir de lo auténtico y de la verdad.
Debemos tener valentía para defender lo nuestro, la verdad, y la justicia, como nos recordó ayer también el obispo de Huelva, porque la justicia es necesaria, es fundamental para la buena convivencia. Nos recordó, como ya hizo con el ejemplo en su día Juan Pablo II, que la misericordia no exime de justicia, y que la verdad hay que buscarla siempre.
"El que no se enoja cuando hay causa justa para enojarse es inmoral. Porque el enojo busca el bien de la justicia. Y si puedes vivir en medio de la injusticia sin enojo, eres inmoral además de injusto." Santo Tomás de Aquino
Es triste que nos asombremos de las frases que ayer se dijeron y que tanto tiempo llevábamos sin oír, porque son dignas de verdaderos líderes, no pronunciadas nunca por ninguno de los políticos que tenemos en España. Es triste que tenga que pasar esto para que se oigan en los medios, en todos los medios de comunicación, y no solo en los que suelen defender estos valores. Ojalá sigan expandiéndose, como las ondas en el agua, todos los brotes que vemos y que, algún dia, recojamos sus frutos para poder cambiar hacia un mundo con sentido.
Gracias por vuestro amor, por vuestras palabras y por compartirlo con toda España…porque gracias a personas como vosotros ¡hay esperanza!
Pilar Castañón




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