Anoche recibimos una terrible noticia. Algo que nos podía haber pasado a muchos de los que pasamos a menudo por el tramo de vía que no resistió más la presión a la que llevaba años sometiendo, a pesar de los avisos de técnicos y maquinistas.
Por desgracia las negligencias se pagan, y esto ha traído la muerte de muchas personas inocentes, y muchos más heridos. Mucho dolor difícil de consolar porque las vidas no se indemnizan, se pierden.
Solo Dios puede curar y sanar tanto dolor y dar esperanza a las esperanzas perdidas.
El problema es que dejar pasar las cosas, los problemillas, las cosas desajustadas sin arreglar tiene consecuencias, la mayoría de las veces muy tristes para los demás, y aunque la responsabilidad es grande, muy grande, los responsables suelen eludirla porque llevamos muchos años sin pedirlas. Lo acontecido es el reflejo de un gobierno que no hace sus funciones, más bien todo lo contrario, se despista en otros quehaceres, y de un pueblo que vive medio dormido, que no se levanta ante lo que pasa cada día y ve las noticias como si pasara en otro sitio. Mucha crítica, pero poca acción. Muchas redes y poca calle. Hace falta valentía para hacer que esto cambie, y hace falta que cambie.
Pero hay también otro tipo de accidentes terribles, las tasas de suicidio y pérdida de esperanza nos piden hacer una reflexión seria y urgente sobre lo que está pasando, y vemos cómo la búsqueda de la verdad, ¡es ya una realidad! La necesidad de un cambio ha pasado de ser un grito silencioso y a veces no tan silencioso, aun canto al cielo y unas manos alzadas al Señor. Porque, al igual que hay que cuidar las vías del tren, hay que cuidar el corazón de la sociedad, hacer revisiones y volver al tratamiento que funciona: la fe. Relajarse no vale, hemos visto lo que pasa. Las ideologías no pueden satisfacer nunca el afán de plenitud del ser humano.
¡Debemos ponernos las pilas!
Pues resulta que el año nuevo empezó con esa búsqueda. No sirven las soluciones baratas de arreglos que son solo un parche, al corazón, al igual que a la vía del tren, no se le puede poner un parche. No sirven las soluciones de gobernantes corruptos, tampoco las que nos venden las ideologías ni las recetas de las redes, ni las de ChatGtp o la famosa IA, como tampoco las de medios vendidos al mejor postor, solo valen las del corazón humano que late buscando respuestas, buscando la VERDAD.
Este dolor al que nos unimos nos recuerda que las cosas que merecen la pena en la vida no se compran, no se venden tampoco ni se pactan, el amor de nuestros seres queridos no tiene precio.
Si noviembre nos trajo el lanzamiento del sorprendente disco de Rosalía, enero nos ha traído, en menos de una semana, tres asombrosos encuentros. Ante un escenario 360º, más de 12.000 jóvenes en su mayoría, acudieron el pasado día 10 al estreno del disco “TÚ” de Hakuna, alabando a Dios, si alabando al Rey de Reyes y Dios del universo, Creador de esa naturaleza y energías a las que tantos idolatran. Dos días después se celebró otro momento al que tuve la suerte de asistir: vivir un maravilloso encuentro con el Señor, y al que “llamaron” a todo aquel que quisiera alabar y adorar a Dios un lunes cualquiera, porque para alabar al único Rey no hay que esperar a un día especial, todos son especiales. Fuimos LLAMADOS 2033 a evangelizar al mundo entero, como mandó el Señor a sus discípulos, con más fuerza y alegría, desde ese momento que inició el pistoletazo de salida hasta el año 2033, celebración del 2.000 aniversario de la Resurrección del Señor y la venida del Espíritu Santo, que se renueva desde entonces en todos los que le siguen. Conmemoramos aniversarios, y el más importante de la historia hay que celebrarlo por todo lo alto, haciendo lo que Él nos pidió ¿No es emocionante?
Y siguiendo el orden cronológico, este pasado sábado tuvo lugar otro encuentro inspirador: El DESPERTAR, algo que hace mucha falta para poder tomar conciencia de lo que está pasando en el mundo, de lo que está destruyendo nuestra sociedad, nuestros valores occidentales y de todo lo que ayuda a mejorar a la humanidad y que nosotros mismos estamos enterrando por estar aletargados y dormidos.
Esperemos que el entusiasmo y alegría vividos sirvan para ponernos en marcha y trabajar, por un mundo mejor, siendo mejores cada uno de nosotros y amando más a los demás, solo así haremos una sociedad mejor.
El triste accidente nos recuerda que la vida es efímera y que no sabemos ni el día ni la hora. Un día unos amigos van a un partido de fútbol, una familia a ver El rey león, a disfrutar de su regalo de reyes, unas hermanas de viaje de fin de semana, vidas rotas, muchas, ilusiones apagadas y amores perdidos. De repente todo desaparece, y como dice San Juan de la Cruz, al final de la vida, nos examinarán en el amor.
Este dolor al que nos unimos nos recuerda que las cosas que merecen la pena en la vida no se compran, no se venden tampoco ni se pactan, el amor de nuestros seres queridos no tiene precio, que perdemos la paz por cosas sin importancia y que todo termina un día. Si no queremos pecar de omisión, deberíamos ponernos en marcha para cambiar un poco este loco mundo en que vivimos.




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