Leo en el portal de noticias Infobae el pasado 30 de Julio el siguiente titular: “La primera persona que vivirá ciento cincuenta años ya nació”, aseguró David Sinclair, genetista de Harvard y experto en longevidad.
El artículo nos informa que Sinclair busca alcanzar un medicamento de bajo costo antes de 2035: “Imagina que en diez años simplemente te tomas una píldora tres veces por semana durante un mes y rejuveneces”, aseguró. La nota finaliza diciendo: “La discusión alcanza niveles sociales y filosóficos. ¿Qué implicaría una vida de 120, 130 o 150 años? Los sistemas de salud y jubilación podrían verse desbordados y el acceso desigual a tratamientos avanzados produndizaría la brecha social. Sinclair insiste en que el objetivo de la longevidad debe ser garantizar años, adicionales de salud física y mental no sólo prolongar la vida de manera cronológica.”
El planteo final resulta muy pobre pues no atiende a la cuestión de fondo: ¿es conveniente este experimento, cuál es su fin? ¿tiene en cuenta la integralidad del ser humano y su auténtica dignidad? ¿no nos llevará a deshumanizarnos más?
La creciente postura actual sobre el envejecimiento tendiente a concebirlo cual enfermedad resta herramientas para aceptarlo como una etapa de la vida que tiene muchas riquezas. Vivimos en el espejismo de rechazar el sufrimiento inevitable de la vida por otros innecesarios por nosotros generados. Cuánto afán por prolongar la necedad de creernos lo que no somos -dueños de la vida y la muerte- en un mundo caracterizado por una desorientación atroz en el que existen niños y jóvenes que se suicidan por los extravíos de la sociedad. Creer que la exquisitez de nuestro diseño recibido puede ser descifrado en su totalidad y manipulado según nuestro antojo es perder visión, endiosar la ciencia, que como creación del hombre es limitada. En diferentes ámbitos, muchas veces deseamos lo que no nos conviene y nos aferramos a la superficialidad porque no queremos aceptar las cosas como son. Tenemos una tendencia a la rebeldía, a cuestionarnos lo dado, lo queremos cambiar, pero no indagamos con el mismo ahínco en el por qué y para qué de nuestra naturaleza como es.
Cuánto afán por prolongar la necedad de creernos lo que no somos -dueños de la vida y la muerte- en un mundo caracterizado por una desorientación atroz en el que existen niños y jóvenes que se suicidan por los extravíos de la sociedad.
Podemos pensar: “sólo es un loco suelto, una extravagancia utópica en un mundo en que el hambre y tanto más son una urgencia a resolver y que no hay por qué ser alarmista”. Pero la realidad es que contamos con el antecedente de la ideología de género que a pesar de su nivel de absurdez y frente a temas imperiosos que atender, igual cundió alrededor del mundo.
Es notorio cómo vienen ablandando el terreno con temas aparentemente lejanos para ir naturalizándolos. Lo impensado, como por ejemplo un robot humanoide, superó en su velocidad a los frenos y planteos de la bioética y hoy no sólo ya contamos con “Sophia” cual embajador de la ONU sino que “Por primera vez en la historia un robot humanoide que opera con IA es admitido en la universidad”. Este artículo del pasado 4 de Agosto publicado en el portal de noticias Infobae, nos habla de un robot con aspecto completamente humano que mide 1,75 metros, pesa 30 kilos, puede caminar de manera continua durante seis horas, generar más de 100 expresiones faciales sutiles y modificar tanto su altura como su apariencia para imitar desde figuras históricas hasta personajes de anime. Además, integra cámaras en los ojos y logra interactuar con la audiencia en tiempo real y su “cerebro” de inteligencia artificial le permite procesar información sin descanso. El robot denominado Xueba 01 cursará estudios avanzados en artes escénicas junto a “alumnos humanos” en la Academia de Teatro de Shanghái, “la incorporación de un estudiante no humano obligará a la comunidad académica a repensar qué implica el aprendizaje, la creación artística y la interacción entre especies distintas en ámbitos tradicionalmente reservados a las personas”.
Este robot participará en clases y ensayos, e interactuará con estudiantes en un proceso que la mentora define como “un intercambio estético entre especies”, con lo cual se categoriza al mismo dentro de una especie viviente y no sólo eso, nos hablan de “construir el mundo espiritual del robot”, adjudicándole una característica que no tiene. Asimismo el propio robot expresa sus expectativas de hacerse amigos. Así como pueden convencer a un joven de ser bisexual, podrán convencerlo de que un robot puede ser su mejor amigo.
Ya de por sí un “robot humanoide” lleva implícito una clara intencionalidad transhumanista, buscan acercar los robots al ser humano pero mostrando a este último como un diseño limitado, equivocado, que el robot viene a mejorar.
Si vemos todas estas realidades: ideología de género, aborto, eutanasia, trashumanismo y más, resulta evidente que todas llevan a la desintegración del ser humano, de la familia, de la fe, buscan cuestionar la identidad misma del ser humano porque atacándola podrán barrer fácilmente con lo demás. Y el epicentro de estas corrientes se mueve desde el ámbito cultural, con una educación que se viene deteriorando hace muchos años porque no enseña, no nutre la dignidad del ser humano y el sentido crítico sino que ideologiza y arrebaña.





¿Qué te pareció este artículo? Deja tu opinión: