El ruido de las atletas femeninas –amateurs o profesionales– ha tenido efecto ¡por fin!
Un grupo de expertos del Comité Olímpico Internacional (COI) está trabajando para lograr un consenso en la participación exclusiva de mujeres en competiciones deportivas de su sexo.
Debería ser obvio que quién puede participar en competencias de mujeres son solo las mujeres. Sin embargo, la locura trans ha traído muchas noticias de competiciones deportivas en las que las mujeres de verdad salían perjudicadas.
Fueron noticia, por ejemplo, las victorias de la nadadora Lía Thomas en campeonatos universitarios de EE.UU.; las de la velocista italiana Valentina Petrillo, con dos récords en torneos paralímpicos de su país, y la de la pesista neozelandesa Laurel Hubbard, que se llevó el oro en los Juegos Pacíficos de Samoa, en 2019. Las tres victorias fueron para mujeres transexuales, es decir, hombres biológicos.

“Debemos proteger a las mujeres y la categoría femenina en el deporte”
En un principio pudieron competir en categorías femeninas porque las federaciones –nacionales o internacionales– de cada deporte les permitieron hacerlo, pese a las numerosas quejas de atletas femeninas que se vieron superadas en las competiciones por mujeres trans: individuos varones que comenzaron una transición hormonal o quirúrgica para adecuar su apariencia a la percepción de su propia sexualidad.
Con su Consenso de 2015, el COI había autorizado primeramente la participación de mujeres trans sin que tuvieran que demostrar haberse sometido a “reasignación” quirúrgica y solo si registraban niveles de testosterona en sangre por debajo de los 10 nanomoles por litro (nmol/L); un verdadero sinsentido, toda vez que las trans suelen estar entre los 7,7 y los 29,4 nmol/L, mientras que las mujeres biológicas no superan los 3 nmol/L. Como hubo quejas, el organismo deportivo optó por dejar el asunto en manos de las federaciones de cada disciplina, lo que dio pie a normas contradictorias según el deporte de que se tratara.
Esto es lo que quiere corregir la nueva presidencia del COI, ahora en manos de la exnadadora y medallista zimbabuense Kirsty Coventry, quien hizo de esto un estandarte en su candidatura para el puesto. Sobre los debates actuales en el organismo internacional, la nueva presidenta afirma que “los miembros han dejado muy claro que debemos proteger la categoría femenina, ante todo para garantizar la equidad. Debemos hacerlo con un enfoque científico y con la participación de las federaciones internacionales, que ya han trabajado mucho en este ámbito”.
¿Significará esto que alguien deberá devolver su medalla olímpica? No parece, al menos por ahora. “No vamos a hacer nada retrospectivamente» –advierte Coventry–. «Miraremos hacia el futuro”.
Para atletas ¿“asignadas como mujeres”?
Actualmente, en EE.UU. el lobby trans está experimentando, por presión de la Administración o de la justicia, algunos reveses.
En virtud de la orden ejecutiva Keeping Men Out of Women’s Sports (Mantengan a los hombres fuera del deporte femenino), firmada por el presidente americano en febrero pasado, el Gobierno advertía que podía “retirar todos los fondos destinados a programas educativos que priven a mujeres y niñas de oportunidades deportivas justas”, oponiéndose a la participación masculina “en el deporte femenino en general, como una cuestión de seguridad, equidad, dignidad y verdad”.
La medida está surtiendo efecto de forma que la Asociación Nacional Atlética (NCAA), entidad que regula el deporte universitario estadounidense, decidió reformular su política de participación deportiva para dejar abierta la categoría masculina “a todos los estudiantes-atletas elegibles”, y para restringir la categoría femenina “a estudiantes-atletas asignadas como mujeres al nacer” (o sin raros barroquismos: a mujeres).
La persistencia en el enrevesado lenguaje de género ha sido lo que ha traído esta situación. La extenista Kim Jones, cofundadora del Independent Council on Women’s Sports (ICONS), dice a Aceprensa que la nueva política, “tal como está redactada, define a la mujer como una identidad que los hombres pueden adoptar y permite que estos compitan en equipos femeninos si tienen un registro de nacimiento que indique ‘mujer’. Los registros de nacimiento son modificables en 44 estados de EE. UU. y en muchos países del mundo”.
“Para proteger la categoría femenina –añade–, la NCAA necesitaría realizar pruebas de sexo. Esto no es difícil: se obtiene con un simple hisopado bucal y con una visita de seguimiento a un especialista clínico en el improbable caso de un resultado inesperado”.
El poder de Don Dinero
Otra consecuencia de la orden ejecutiva de la Casa Blanca es que una institución como la Universidad de Pensilvania (Penn) ha llegado a un acuerdo con la Administración Trump y ha anunciado que no volverán a incluirse varones en las competiciones de mujeres.
Un caso muy sonado de su anterior política de participación deportiva fue, años atrás, el de la mencionada Lia Thomas. Ahora la universidad ha acordado retirarle los títulos y récords obtenidos al medirse contra nadadoras femeninas, y correr la lista para reconocerles a estas los logros de los que se vieron despojadas al ser relegadas en el medallero o quedar fuera de este por la irrupción de un hombre de casi dos metros en la piscina, por mucho que haya comenzado su “transición hormonal” en 2019.

Hay que decir, no obstante, que la rectificación hecha en el registro de marcas de natación de la universidad no es clara del todo puesto que enuncia en una nota al pie que, “compitiendo bajo las reglas en vigor en ese momento, Lia Thomas estableció récords en los 100, 200 y 500 metros libres durante la temporada 2021-22”, en lugar de obviar totalmente ese dato, con el convencimiento de que no fueron récords limpios. De no hacer algunas modificaciones de política, el centro de estudios se arriesgaba a perder fondos federales (175 millones de dólares) que el Gobierno ya autorizó a transferirle.
“El anuncio de Penn es un paso en la dirección correcta, pero sin embargo los premios de Thomas no han sido retirados, ni han ofrecido una disculpa sincera a las atletas a las que se perjudicó; simplemente escribieron que las reglas han cambiado. Se niegan a asumir la responsabilidad legal y siguen argumentando que no hicieron nada malo en los tribunales contra las mujeres que los han demandado”.
¿Cuál es la solución?
Es necesario que haya una contundente sentencia del Tribunal Supremo en el tema. Linda Blade, exmiembro de la NCAA y expresidenta de la Federación de Atletismo de la provincia canadiense de Alberta, dice que “dado que cada nuevo presidente de EE.UU. puede firmar una orden ejecutiva que revierte el significado de las leyes promulgadas por el presidente anterior, la única manera segura de solucionar este problema de forma permanente es que el Supremo se pronuncie sobre la legalidad de la participación de hombres y niños en el deporte femenino. Se espera que el Tribunal decida de una vez por todas que el sexo es real y material, tanto bajo el Título IX como bajo la Cláusula de Igual Protección de la XIV Enmienda”.
Sería una eventual sentencia que favorezca a los estados que permiten la participación en un equipo u otro únicamente según el sexo biológico (27 de los 50 lo han decidido así), en un caso que el Supremo examinará en otoño. Se trata de la demanda de dos menores de edad con disforia de género, uno en Idaho y otro en West Virginia, ambos bajo terapia hormonal para la “reasignación” de sexo, que han ido contra las respectivas restricciones implementadas por sus estados. Según argumentan, esas leyes violan su derecho constitucional a gozar de igual protección que el resto de sus conciudadanos.
El fallo se espera para el verano de 2026, pero si otras decisiones de la Corte sirven de brújula –como la convalidación que dio en junio a la ley de Tennessee que prohíbe los tratamientos de “reasignación” a menores– todo indica que la primacía del sexo biológico como criterio para la participación en una u otra categoría quedará escrita en piedra.
Convendría, por supuesto, que, más allá de las fronteras estadounidenses, también terminara cincelándolas el COI. “Creo –dice Blade– que la única manera de garantizar un deporte seguro y justo para las atletas femeninas es que el COI establezca una política universal sobre la elegibilidad de los deportistas, en la que solo las atletas femeninas tengan derecho a participar en deportes femeninos. Además, debe garantizar pruebas de verificación de sexo para todas, mediante el método de hisopado bucal, y reasignar todas las medallas olímpicas ganadas por hombres a sus legítimas ganadoras”.

“Es crucial –añade por su parte Jones para finalizar– que el COI proteja la categoría femenina en todos los deportes, y que devuelva los récords y los premios a las mujeres que lo merecen. El deporte une a las naciones a pesar de las grandes diferencias culturales, políticas y de creencias, y es fundamental que las mujeres y las niñas de todo el mundo reciban un trato justo y respetuoso en el escenario del deporte olímpico.”
Fuente: Aceprensa




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