La amabilidad resulta contagiosa: “Las acciones amables no acaban en ellas mismas: unas llevan a otras. El buen ejemplo cunde”, dice. Tanto en el hogar como en los ambientes cercanos o en el trabajo, “la gente que reciba tu amabilidad, si ya era amable antes, aprende a serlo todavía más, y si no lo era, aprende de ti a serlo”.
Son algunas frases de un libro que te aconsejo leer. Se trata de “El poder oculto de la amabilidad (Rialp, 2014), de Lawrence G. Lovasik.

Muy alejada de la hipocresía o la debilidad, la amabilidad va de la mano de la cortesía, la empatía y el carácter firme. Cuando nos cuesta ser amables es porque nuestro egoísmo nos hace pensar que no “todo el mundo se merece nuestra amabilidad”, incluso puede que descuidemos a los que más queremos y seamos educados con quienes menos nos importan.
Según Lovasik, la mayoría de las veces basta un esfuerzo muy pequeño para conseguir efectos potentes y duraderos: “Las personas no suelen fijarse en tu esfuerzo por hacer algo por ellas. Solo perciben tu amabilidad. Lo que importa no es tanto lo que haces, sino cómo lo haces. Una acción amable dura mucho tiempo. Es difícil que los años logren enterrar la dulzura de un gesto amable”, afirma en su obra.
Lovasik nos anima a todos, y especialmente a los padres, a “inscribirnos” en “el club de la amabilidad”, que tiene seis reglas muy sencillas:
Tres Debes
- Hablarle amablemente a alguien al menos una vez al día.
- Pensar algo amable de alguien al menos una vez al día.
- Tener un gesto amable con alguien al menos una vez al día.
Y Tres No debes:
- Hablar mal de nadie.
- Hablar mal a nadie.
- Portarte mal con nadie.
¿Y cuando patinamos en nuestro intento? También hemos de ser amables e indulgentes con nosotros mismos, recuerda Lovasik. Y da tres consejos para enmendar la situación (y a nosotros mismos):
- Haz un breve acto de contrición, como «Perdón, Señor».
- En caso necesario, discúlpate.
- Di una breve oración por la persona con la que has sido antipático.
Probablemente, nuestro autor buscara un título con gancho, que recordara los manuales de autoayuda que han inundado el mundo. Esos libros que perseguían ganar amigos, influir en la gente o manejar discursos convincentes, no iban descaminados en muchos de sus métodos y consejos. Pero su diferencia con la obra de Lovasik reside, sin duda, en la finalidad perseguida. Los libros que buscan influir serán adecuados para hombres y mujeres de mundo, supuestos triunfadores con todos a sus pies. Por el contrario, «El poder oculto de la amabilidad» toma como modelo a un Cristo amable, afable, comprensivo y optimista. El cristiano que es así, es alegre.
«La amabilidad es uno de los mejores regalos de Dios al Mundo», dice Lovasik, seamos instrumentos de dicho regalo y en nuestra cotidianidad seamos amables y sonrientes con los que nos rodean “aunque creamos que no se lo merecen”. Sin saberlo estamos santificando nuestro día a día y lo que es mas importante, contagiando dicha Santidad a nuestro Mundo que muchas veces se encuentra sumido en la oscuridad.
Fuentes: Alfa y Omega y Parroquia de san Juan de la Cruz




¿Qué te pareció este artículo? Deja tu opinión: