«San José llenaba su hogar de fe y de sencillez, de confianza en Dios y cariño», afirma Raúl Mir, autor de El evangelio secreto de José de Nazaret.
Hoy celebramos San José y el Día del padre. Ambas celebraciones sirven para recordarnos modelos siempre de actualidad por su necesidad. El ejemplo de un gran padre, de valorar la paternidad y el papel del padre en la vida de los hijos, que completa y complementa a la labor de la madre, y juntos ayudan a conformar la persona adulta que será el hijo y. Por otro lado, el del modelo de santidad en la sencillez de una vida sin ruido sin postureo, sin un santo protector.
San José es el ejemplo de ayuda, entrega y cuidado en la sencillez de la humildad, en silencio y sin notoriedad, de hecho, sale poco en los evangelios. No sabemos cuánto vivió, o cuando murió, solo sabemos que le fue entregado el cuidado del hijo de Dios, y él lo aceptó. La última vez que se habla de él en los evangelios fue cuando, habiendo viajado a Jerusalén para ir al templo, y al no encontrar a Jesús en la caravana, José y María vuelven a por él. Cuando le encuentran, María le recrimina que su padre y ella le buscaban angustiados, pero habla María, él no busca protagonismo, sus palabras nunca aparecen en el evangelio, sin embargo su misión si sale de los labios de María: tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Ni María ni José, entendieron la respuesta de Jesús.
El ejemplo de San José demuestra que la santidad también se construye en lo cotidiano, en el trabajo, en la familia y en la fidelidad a la propia misión.
En un mundo marcado por la visibilidad como es el actual, en el que solo vale lo que se ve, San José nos da una lección de lo que es verdaderamente importante, sin ningún tipo de protagonismo sustentó la historia más grande jamás contada: no habló en voz alta, pero su vida fue palabra. El justo, el carpintero de Nazaret, el hombre silencioso que caminó sin hacerse notar, toma en el libro la palabra con hondura y humildad. A pesar de su silencio, actuó siempre ante las vicisitudes y realizó la tarea encomendada.
Raúl Mir trata de mostrar cómo era la vida de san José y de la Sagrada Familia. En la casa de Nazaret, san José probablemente llevaba una vida marcada por el trabajo diario, como carpintero, buscando con esfuerzo el sustento para su familia. Era un hombre responsable que cuidaba y protegía a María y educaba con dedicación al Niño Jesús, enseñándole el valor del trabajo, la oración y el respeto a los demás.

También me imagino a un san José que llenaba su hogar de fe y de sencillez, donde la oración, la confianza en Dios y el cariño formaban parte de su vida cotidiana. Seguramente fue un padre cercano, paciente y silencioso, que enseñaba más con su ejemplo que con muchas palabras. Por eso el hogar de Nazaret debió de ser un lugar de trabajo humilde, amor filial y familiar, de una profunda confianza en el Padre, de discreción y fidelidad.
Para el autor hay algo muy bonito a imitar como es el amor y en el cuidado de la familia, siguiendo su ejemplo al proteger y acompañar a María y educar con cariño a Jesús. San José es el custodio del misterio que es Jesús. Pero cada uno de los hijos y cada una de las esposas también es un misterio. Al final, cuando una familia cristiana tiene a Cristo en el centro, el padre de familia, como san José, es muchas veces el unificador para que haya precisamente un gran amor en el cuidado de la familia.
La novela está narrada en primera persona, como si fuese él quien revela su propia memoria espiritual. El autor decidió utilizar esta voz íntima y directa para articular la historia y que le permitiera expresar lo que quizás no hubiera sido posible desde una narración tradicional. Su intención es acercar al lector al corazón de José, no solo a su figura histórica, porque en los Evangelios aparece como un personaje silencioso, casi invisible. Raúl Mir intuye un espacio interior que utiliza literariamente, imaginando su conciencia, sus dudas, su fe y su humanidad.
El secreto del que habla el autor no es el silencio de no hablar, es de otra naturaleza, es un secreto interior, espiritual. Raúl Mir , en sus propias palabras, escribe aquello que no aparece escrito en los Evangelios pero que sin embargo pudo habitar en el corazón de José. Los Evangelios nos cuentan hechos esenciales de la vida de Jesús, pero dejan muchos espacios en silencio. Es en esos espacios donde la dimensión humana tiene una mayor fuerza y la dimensión contemplativa de los personajes te permite su ahondamiento espiritual. En el caso de José de Nazaret, ese silencio aún es más profundo porque los textos apenas registran palabras suyas. Que San José no hable en los evangelios no significa que no tuviera un mundo interior lleno de preguntas, de temores, de intuiciones y de actos de fe. El evangelio secreto es por tanto una forma literaria de explorar este espacio invisible, la experiencia íntima de un hombre que se vio envuelto en un misterio que superaba toda comprensión.
No es un evangelio que se escriba con hechos extraordinarios, sino con pensamientos, emociones, decisiones silenciosas y gestos cotidianos, que es lo que supuso la vida de san José. Raúl Mir
El libro de nos invita a contemplar su vida desde dentro, como si fuera él mismo quien recuerda su historia: sus dudas, su fe sin condiciones, su amor por María, su asombro ante Jesús. Palabras tejidas con sencillez y profundidad que nos permiten adentrarnos en los gozos y renuncias de quien eligió obedecer aun sin comprender del todo, de quien supo custodiar sin poseer. Una obra que no solo rescata el perfil espiritual del esposo de María y padre virginal de Jesús, sino que lo presenta como un compañero en los caminos de la vida. Porque su fe sigue iluminando nuestros miedos, sus silencios siguen hablándonos y su obediencia nos recuerda que solo quien se da del todo puede encontrase verdaderamente.





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