Hace unos días leí un post que me revolvió el estómago, por la lectura tergiversada que el autor hacía de la escena, y por la cantidad de aplausos que éste recibía. El caso es que se trataba de dar visibilidad a la terrible desigualdad que se sigue evidenciando entre hombre y mujer sobre todo en vacaciones. Reflejaba una realidad caricaturesca de mujer pringada sudando la gota gorda y con la lengua fuera preparando maletas, vistiendo a los niños, cocinando, fregando, y sin descanso, mientras él bajaba al chiringuito y hablaba de qué merecidas eran dichas vacaciones. Y claro, la gente haciendo énfasis de qué machistas somos aún, qué malos son los hombres y qué sufridoras las mujeres.
La verdad es que cada vez siento que somos más personas las que estamos cansadas de este tipo de manipulaciones del relato, de enfoques mal planteados y de análisis mal hechos por estar basados sobre premisas falsas. Pero cuando veo la gran ovación que tienen, no puedo negar que me entra cierta desmotivación.
Cierto es que la caricatura en cuestión describe a una pareja desequilibrada donde claramente se muestra una relación insana. Y no por nada, sino porque lo que refleja no es más que a una mujer sin capacidad para ponerse en su sitio y a un hombre egoísta y sin amor. Pero la esencia de esto nada tiene que ver con el feminismo. La esencia de este tipo de situaciones están relacionadas con una falta de amor. Amor como base de una relación, noviazgo o matrimonio. El amor es enemigo del egoísmo, enemigo del individualismo, enemigo del desequilibrio, enemigo de la injusticia. Por amor, la mujer ayuda al hombre y el hombre ayuda a la mujer. Cada cual asume lo que mejor se le da de forma natural, la mujer probablemente piensa y prepara maleta y el hombre carga y transporta, la mujer se esmera en que los niños duerman siesta y el padre los lleva a nadar una vez despiertos para liberar a la madre. Pero siempre, entre ambos, entre todo lo que cada uno hace, hay una complicidad por amor y tiene un sentido en la familia.
Es innegable que la preocupación respecto al hijo a la madre le viene dada, y va a ser muy difícil delegar esto al padre a no ser que ya lo tengan muy categorizado el problema y su solución. Pero el padre, su labor, lo que le viene dado, es el amor y preocupación por la madre. Si ella duerme mal por los niños, él ofrece ayuda para descargarla a ella.
Cuando hay amor en un matrimonio y en la familia, y es un amor puro y real (no contaminado de modernidad insana) estas cosas ocurren de forma natural.
La clave de las desigualdades, desequilibrios e injusticias es que se producen por falta de amor, porque hoy en día la sociedad no sabe amar, o no quiere. Se antepone uno mismo sobre el otro. Se respeta más el espacio propio para uno mismo que el espacio compartido real (sin pantalla de por medio), se lucha más por el reparto igualitario de tareas sin una lógica biológica detrás que por hacer las cosas como siempre se hicieron y funcionó.
Hoy en día se lucha más por el reparto igualitario de tareas sin una lógica biológica detrás que por hacer las cosas como siempre se hicieron y funcionó.
Las mujeres somos grandiosas, tenemos un poder inigualable al de ningún hombre que es esa intuición, ese saber más allá de lo que vemos, respecto a los hijos por instinto, y respecto a la vida por sabiduría ancestral. Tenemos las mujeres gran capacidad para hacer grande el matrimonio, grande la familia, grandes a nuestros hijos, si sabemos cuál es nuestro papel.
Pero estamos a por uvas. Confundidas en el para qué. Equivocadas en el con quien. Y muy perdidas en el cómo.
Para poder hablar de criar a niños sanos necesitamos primero haber construido matrimonios sanos, equilibrados, y con amor del de verdad. No el superfluo. No el interesado. No el temporal. El amor de verdad dura para siempre porque se trabaja. Porque supone un esfuerzo y sacrificios. Porque supone renuncia, y a su vez crecimiento. Porque te lleva a la verdad, y te acerca el corazón a Dios. No hablamos de enamoramientos adolescentes que se desprecian cuando a uno ya no le gusta el olor del otro. No hablamos de relaciones tóxicas que se atacan y hacen daño por sus propias heridas aún abiertas. No hablamos de separaciones con niños boomerang, que es lo más doloroso y egoísta que uno puede hacer como padre, tras habernos autoconvencido de que mejor separados que mal acompañados. Los niños necesitan de sus padres para su desarrollo, para su gestión emocional, para construir su identidad, para su seguridad y amor propio, para su salud mental de la que hoy tanto se nos llena la boca. Pero las soluciones que se contemplan por parte de nuestros queridos políticos son alrededor de medicamentos, terapias, e intervención cada vez mayor del estado sin estar haciendo frente a las verdaderas causas de este desequilibrio mental que está sufriendo nuestros niños y adolescentes.

Tenemos en nuestras manos el futuro de la sociedad, y si uno piensa con la mente limpia y clara qué atributos necesita esta generación que está naciendo hoy, no es ni tolerancia ni resiliencia como dicen quienes nos tratan de manipular, sino amor, valentía, familia, comunidad y fe, para combatir el sinsentido distópico al que nos estamos dirigiendo de forma perfectamente dirigida.




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