Elizabeth Hobbs Keckley nació en febrero de 1818, desafiando los estereotipos de la mujer afroamericana de su época. Fue costurera, activista y escritora, y llegó a convertirse en modista personal y confidente de Mary Todd Lincoln. Su legado quedó plasmado en su autobiografía.
Nació esclava de Armistead Burwell, quien además era su padre biológico. Burwell permitió que su madre casarse con un esclavo de otra propiedad, un hombre alfabetizado que ejerció como esposo y padre hasta que su dueño decidió cambiar de lugar de residencia, aunque mantuvo con ellas una valiosa correspondencia. A pesar de ser la hija del dueño de la propiedad -o quizás precisamente por ello- Elizabeth sufrió un trato brutal: violaciones, azotes hasta sangrar y constantes abusos por parte de la familia Burwell y de un amigo cercano a esta. Sin embargo, su vida dio un giro cuando se convirtió en costurera, ya que resultaba económicamente rentable que confeccionara ropa para otros.
En noviembre de 1855 logró comprar su libertad y la de su hijo en St. Louis, Misuri. En 1860 se trasladó a Washington D.C., donde fundó un negocio de confección de vestidos que llegó a emplear a 20 mujeres. Su fama era tal que su clientela incluía a esposas de políticos de alto rango, como Varina Davis, esposa de Jefferson Davis, y Mary Anna Custis Lee, esposa de Robert E. Lee.
A lo largo de su vida, obtuvo 27 patentes.

La infancia adulta de Keckley
Tras la Guerra Civil estadounidense, Keckley publicó en 1868 su autobiografía, Behind the Scenes: Or, Thirty Years a Slave and Four Years in the White House (Entre bastidores: o treinta años como esclava y cuatro años en la Casa Blanca). La obra combinaba su testimonio sobre la esclavitud con un retrato íntimo de la familia Lincoln, en especial de Mary Todd.
Elizabeth (o Keckley, según algunas fuentes) nació Dinwiddie, Virginia, al sur de Petersburg. Fue la única hija de su madre Agnes, apodada «Aggy», una esclava doméstica de piel clara cuyos antepasados blancos pertenecían a la clase de los plantadores, que había aprendido a leer y escribir pese a ser ilegal. De su madre Elizabeth heredó la habilidad para la costura, confeccionando prendas para los doce miembros de la familia Burwell y los setenta esclavizados de la plantación. Hasta la muerte de Aggy, Elizabeth desconocía que su verdadero padre era Armistead Burwell.
Desde los cuatro años trabajó en la casa de los Burwell, principalmente cuidando a la pequeña Elizabeth Margaret. Los Burwell tenían cuatro hijos menores de 10 años, y a Keckley le asignaron el cuidado del bebé. Era castigada severamente ante cualquier error; en una ocasión, accidentalmente inclinó demasiado la cuna, y fue brutalmente golpeada por Mary Burwell. Con el tiempo, comenzó a colaborar con su madre en la confección de ropa.
A los 14 años, fue enviada «en préstamo generoso» a vivir con Robert, el hijo mayor de los Burwell, y su esposa Margaret Anna Robertson, en Chesterfield, Virginia. Allí fue la única sirvienta de la casa. Margaret, que mostraba desprecio hacia ella -ya fuera por sus rasgos o por su parentesco con Robert-, le hizo la vida insoportable durante cuatro años. La familia se mudó después a Hillsborough, Carolina del Norte, donde Robert era ministro y dirigía la Escuela Burwell para niñas.
El odio de Margaret llevó a que pidiera a un vecino someter el «orgullo obstinado» de Elizabeth. Este la llamó a su habitación una vez y le ordenó que se desnudara para poder golpearla, pero ella se negó, diciendo que ya era mayor de edad y que «no me azotarás a menos que demuestres ser más fuerte que yo. Nadie tiene derecho a azotarme salvo mi propio amo, y nadie lo hará si yo puedo evitarlo». El maltratador le ató las manos y la golpeó, y luego la envió de vuelta con su amo con la espalda cubierta de marcas sangrantes, acto que repitió a la semana siguiente en otro intento de “domarla”, y a la semana siguiente otra vez, ya que ella reprimía sus lágrimas y sus gritos. En esta última ocasión, el hombre cambió de opinión, y como ella misma cuenta en sus memorias, «rompió a llorar y declaró que sería un pecado» seguir golpeándola. Le pidió perdón y le dijo que no volvería a pegarle, promesa que cumplió.
A los 18 años, Keckley fue entregada al prominente Alexander M. Kirkland, quien la violó durante cuatro años. De esos abusos nació su hijo George, a quien llamó así en honor a su padrastro, al que nunca olvidó.
El aprendizaje forzoso
De regreso a Virginia, sirvió a su medio hermana Ann Burwell Garland, y a su esposo Hugh A. Garland, con quienes se mudó a St. Louise. Allí demostró su talento para el cuidado de los niños y habilidades para la costura, llegando a sostener con su trabajo a los 17 miembros de la familia Garland. Casi 12 años de vida y trabajo en St. Louis le dieron a Keckley la oportunidad de mezclarse con su numerosa población negra libre. Allí también conoció a mujeres de la comunidad blanca, a las que más tarde recurrió como modista independiente.
Elizabeth camino hacia la libertad
Fue en St. Louise donde Elizabeth conoció a James Keckley, el hombre que más tarde sería su esposo. Sin embargo, se negó a contraer matrimonio mientras ella y su hijo George siguieran siendo esclavos, pues no quería teaer al mundo otro hijo condenado desde su nacimiento a la servidumbre. Cin esa determinación, acudió a su amo, Hugh A- Garland, para pedirle la liberación de ambos, pero él se negó rotundamente. Elizabeth no desistió: durante dos largos años insistió y negoció, hasta que Garland aceptó concederles la libertad a cambio de 1.200 dólares, una suma enorme para la época (equivalente a unos 40.500 dólares en 2024). Fue su esposa, Anne Garland, quien formalizó el acuerdo por escrito en 1855.
La posibilidad de alcanzar la libertad hubiera sido imposible de no ser por Elizabeth «Lizzie» Lr Bourgeois, una de sus mecenas y protectoras, quien organizó entre sus amistades una colecta para prestarle el dinero necesario. Gracias a ese gesto solidario, Elizabeth pudo comprar su libertad y la de su hijo el 15 de noviembre de 1855. Los documentos de manumisión revelan que, aunque ella había querido esperar a casarse una vez emancipada, para esa fecha ya figuraba unida en matrimonio con James Kecklye.
Elizabeth permaneció en St. Louis hasta saldar completamente la deuda contraída con sus benefactores, pero una vez cumplido ese compromiso, decidió dejar atrás tanto la ciudad como a su marido. James, que se presentaba falsamente como un hombre libre, había obtenido el permiso legal para casarse con ella el mismo 15 de noviembre de 1855. El matrimonio duró ocho años, marcados por el desencanto: Elizabeth descubrió pronto que James no solo seguía siendo esclavo, sino que tampoco era un compañero solidario. Dependía de ella económicamente, la trataba con dureza y llegó a ejercer abusos contra su persona. Cansada de esa relación dañina, se distanció de él, y la unión terminó de manera definitiva con la muerte de James, víctima de sus excesos.
El inicio de una carrera profesional independiente
En 1860, Elizabeth matriculó a su hijo George Kirkland en la recién fundada Universidad Wilberforce, en Ohio, un logro notable para una mujer que había nacido esclava. Ese mismo año se trasladó a Baltimore, donde permaneció seis semanas con la intención de enseñar a jóvenes «mujeres de color» su método para cortar y ajustar vestidos. Sin embargo, pronto comprendió que la enseñanza no le proporcionaría los ingresos suficientes para sostenerse a sí misma y a su hijo.
Con la mirada puesta en Washington D.C., donde pensaba establecerse como costurera, se encontró con un obstáculo legal: las personas negras libres necesitaban una licencia especial para residir en la ciudad más allá de 10 o 30 días, un trámite que no podía permitirse. La solución llegó gracias a una de sus clientas, miembro de la familia del general John Mason de Virginia, quien intervio directamente ante el alcalde James G. Berret para solicitar la licencia en su nombre. No solo obtuvo la autorización de forma gratuita, sino que también la avaló como mujer libre, requisito indispensable para permanecer en la capital.
Una vez instalada en Washington, Elizabeth comenzó a construir poco a poco una sólida cartera de clientas. El gran impulso llegó cuando confeccionó un vestido de seda para Mary Anna Custis Lee, esposa del general Robert E. Lee, que fue lucido en una cena con el príncipe de Gales, futuro Eduardo VII. El éxito del diseño fue tan rotundo que las alabanzas hacia Mary Anna multiplicaron la fama de Keckley, y su taller experimentó un crecimiento acelerado. Pronto empleaba a veinte costureras, capaces de producir vestidos que solían requerir entre dos y tres semanas de trabajo. Mientras sus ayudantes se encargaban de gran parte de la confección, Elizabeth se concentraba en lo que era su sello distintivo: el drapeado de las telas y el ajuste perfecto de las prendas al cuerpo de cada clienta.

El prestigioso Instituto Smithsonian afirma que «era conocida como la modista de Washington D. C.», destacando que sus creaciones se distinguían por un ajuste extraordinario. Aunque sus vestidos eran considerados costosos, a menudo obtenía mayores ganancias a través de la comisión por la venta de las telas que por la confección misma de las prendas.
La esposa de Stephen A. Douglas, Adele Cutts Douglas, era una de sus clientas. Más tarde, Elizabeth se convirtió en la costurera favorita de Varina Davis, la esposa del entonces senador Jefferson Davis, quien discutía con su marido las perspectivas de guerra en su presencia. Confeccionaba ropa para Davis y sus hijos y ella le presentó a Margaret McLean, de Maryland, hija del general Edwin Vose Sumner.
La joven McLean, impresionada por la reputación de Elizabeth, insistió en presentarla al presidente recién electo, Abraham Lincoln, y a su esposa Mary Todd. Aunque al principio Keckley se mostró reacia debido a la premura de los encargos, finalmente accedió, contrató a más costureras para cumplir con el trabajo de McLean y obtuvo como recompensa una cita concertada con la primera dama, que tendría lugar la semana siguiente. Ese encuentro cambiaría el rumbo de su vida.
Elizabeth Hobbs Keckley y Mary Todd Lincoln
El encuentro entre Elizabeth Keckley y Mary Todd Lincoln se produjo en 1861, al poco tiempo de que Abraham Lincoln asumiera la presidencia. La primera dama, consciente de la relevancia social y política de su nueva posición, buscaba una modista capaz de crear vestidos a la altura de la vida en la Casa Blanca. Fue Margaret McLean quien recomendó a Keckley, quien ya gozaba de una sólida reputación en Washington gracias a la calidad de sus diseños.

La relación comenzó de manera estrictamente profesional: Elizabeth diseñaba y confeccionaba trajes elegantes, con un ajuste impecable, que realzaban la figura de Mary Todd y la hacían destacar en recepciones y actos oficiales. Sin embargo, muy pronto la dinámica entre ambas trascendió la costura. Mary, de carácter intenso y frecuentemente presa de crisis emocionales, encontró en Elizabeth no solo a una modista, sino a una confidente discreta, paciente y leal.
Hay pocos ejemplos conservados de la obra de Keckley, en parte porque la gente utilizaba materiales de vestidos existentes para crear otros nuevos, y también porque no había etiquetas ni otros medios para identificar de forma definitiva las prendas como creadas por ella. Hay un vestido de terciopelo morado que Lincoln llevó en la segunda toma de posesión de su marido que se conserva en el Museo Nacional de Historia Americana del Instituto Smithsonian. El Museo de Historia de Chicago tiene un vestido de día verde y blanco a cuadros con capa. Es posible que Keckley confeccionara un vestido de seda negro con motivos de fresas para las fiestas de las fresas; se encuentra en la Biblioteca y Museo Presidencial Abraham Lincoln en Illinois.
En 1861, Lincoln acudió al estudio fotográfico de Mathew Brady en Washington, donde se hizo fotografiar con un vestido con hombros descubiertos confeccionado por Elizabeth.
Keckley, que era elegante y tenía un porte regio, se convirtió en la mejor amiga de Lincoln. A menudo visitaba la residencia de los Lincoln y en 1862 ya asistía a las conversaciones privadas de la familia. De vez en cuando, le pedían que ayudara a que el presidente tuviera un aspecto presentable arreglándole su rebelde cabello. «Lo quería por su amabilidad hacia mí», escribió, ya que la trataba como «a los blancos de la casa».
En abril de 1862, el Distrito de Columbia emancipó a las personas esclavizadas. Aunque ella había comprado su libertad mucho antes en San Luis, apareció en un artículo periodístico sindicado sobre personas anteriormente esclavizadas que habían tenido éxito en sus vidas. Como hubo una afluencia de personas que anteriormente habían sido esclavas a Washington, fundó la Asociación de Damas para la Liberación y Ayuda a los Soldados con el fin de ayudar a estas personas hasta que pudieran establecerse por sí mismas. Los Lincoln la ayudaron y visitaron los campamentos.
Tenía un carácter tranquilizador y ayudó a Lincoln a superar los momentos de agitación y dolor. Keckley, que perdió a su hijo durante una batalla de la Guerra Civil en agosto de 1861, fue una fuente de fortaleza y consuelo para Lincoln tras la muerte de Willie a causa de la fiebre tifoidea en febrero de 1862 y tras el asesinato de su marido el presidente Lincoln.
Ella adquirió el vestido que Mary Lincoln llevó en la segunda toma de posesión, la capa y el sombrero manchados de sangre de la noche del asesinato, así como algunos objetos personales del presidente. Keckley acompañó a Lincoln y a sus hijos a Illinois tras el asesinato.
A finales de septiembre de 1867, Lincoln estaba profundamente endeudada y trató de vender sus joyas y ropa para recaudar dinero y Elizabeth la ayudó a deshacerse de los artículos de valor acompañándola a Nueva York para encontrar un agente que se encargara de las ventas. Aunque Mary Lincoln utilizó un alias, la iniciativa para recaudar fondos se hizo pública lo que hizo que fuera duramente criticada por vender ropa y otros artículos relacionados con la presidencia de su marido. Esto hizo que al final, la empresa fue un fracaso, ya que gastaron más dinero del que ganaron.
Elizabeth Keckley donó sus recuerdos de Lincoln a la Universidad Wilberforce para que los vendieran con el fin de recaudar fondos para la reconstrucción tras un incendio en 1865, siendo esto algo que molestó a la antigua primera dama.
Entre bastidores, o Treinta años como esclava y cuatro años en la Casa Blanca (1868)
En 1868, Elizabeth Keckley publicó Behind the Scenes, donde contaba su historia como esclava y ofrecía una visión de la vida de los Lincoln. En sus memorias describía su propio ascenso desde la esclavitud hasta convertirse en una mujer de negocios de clase media que empleaba personal para ayudarla a completar sus proyectos. Se situaba a sí misma en la clase media educada y mestiza de la comunidad negra. Hacía hincapié en su capacidad para superar las dificultades y en el desarrollo de su sentido empresarial. Aunque reconocía las brutalidades de la esclavitud y el abuso sexual que condujo al nacimiento de su hijo George, dedicó poco tiempo a esos acontecimientos. Básicamente, «veló» su propio pasado, pero, utilizando capítulos alternos, contrastó su vida con la de Mary Todd Lincoln y «desveló» a la antigua primera dama, al señalar sus deudas. Escribió sobre los Lincoln con un estilo casi hagiográfico para el presidente, pero con una mirada fría y analítica para Mary Lincoln. Fue escrito en una época en la que el público no tenía un gran conocimiento de la vida de los Lincoln, y arrojó, quizás demasiada luz, especialmente sobre Mary Todd Lincoln.

El libro describía a Lincoln como «una esposa y madre cariñosa y una primera dama ambiciosa, decidida y leal, al tiempo que revelaba que era temperamental, llena de miedos y ansiedades, egocéntrica y, a menudo, autocompasiva». El editor incluyó en el libro cartas de Mary Lincoln a la autora del libro, lo que hizo que fuera duramente criticada por violar la privacidad de Mary Lincoln.
Al escribir el libro, su intención era mejorar la reputación de Lincoln y explicar qué llevó al escándalo de la ropa vieja de Lincoln en 1867. También esperaba que los ingresos del libro proporcionaran algún apoyo financiero a Lincoln. Los anuncios calificaban el libro como un «rayo literario» y la editorial, Carleton & Company, se sumó a la campaña declarando que se trataba de una «gran revelación sensacional».
En una época en la que la clase media blanca se esforzaba por mantener una «conducta refinada», Keckley desveló y reveló a una mujer blanca con el propio título de su libro, mostrando lo que ocurría entre bastidores y revelando «información privada y doméstica que afectaba, principalmente, a las mujeres blancas». Escribir sobre Lincoln, hizo que su obra se viera como que había sobrepasado la ley del tacto, así como las normas aceptadas de la supremacía blanca. Su relación con Lincoln era ambigua, ya que se basaba tanto en su trabajo como empleada como en la amistad que desarrollaron, lo que no se ajustaba a las normas de la elegancia y la separación social de las razas. La gente sentía que Keckley, una afroamericana y antigua esclava, había transgredido los límites que la clase media intentaba mantener entre la vida pública y la privada.
La publicación del libro provocó una reacción inmediata. Los historiadores consideran que la autora perdió su amistad con Lincoln, mientras que ella misma sostenía que eso no arruinó su amistad y que las mujeres continuaron manteniendo correspondencia. Sin embargo, la publicación hizo que perdiera muchas clientas para su taller de costura. Robert Lincoln convenció al editor para que detuviera la producción del libro, ya que consideraba que era una vergüenza para su familia, no volviéndose publicar el libro hasta principios del siglo XX, y aunque al principio se leía para tener información sobre los Lincoln, actualmente es más apreciado por la narración de la vida de la autora desde niña y mujer esclava.
Keckley en sus últimos años
Siguió intentando ganarse la vida modestamente hasta aproximadamente 1890. En 1892, le ofrecieron un puesto de profesora en la Universidad de Wilberforce como jefa del Departamento de Costura y Artes Domésticas y se mudó a Ohio, reailizando una exposición al año siguiente realizó en la Feria Mundial de Chicago, en representación de Wilberforce, cargo del que tuvo que dimitir un año más tarde debido a un leve derrame cerebral.
En mayo de 1907, Elizabeth Keckley falleció como residente del Hogar Nacional, situado en Euclid St. NW, en Washington D.
Es una pena que hoy en día se conserven pocos vestidos de ElizaBeth Keckley, y esto es debido a que su trabajo es anterior al uso generalizado de las etiquetas, las prendas solo pueden atribuírsele gracias al conocimiento de quienes las llevaron y sus descendientes. Entre las prendas que se cree que fueron creadas por Keckley se encuentran el vestido Strawberry Dress de Lincoln y un vestido a rayas de 1863 que fue modificado, posiblemente a finales de la década de 1860. Tenía una sensibilidad especial para los detalles y sus diseños mostraban una elegancia refinada. Como señala la historiadora de la moda Elizabeth Way, «al observar los detalles de las pocas prendas que se conservan de Keckley, hay un aspecto que queda claro: ella apreciaba las líneas limpias y los diseños sin pretensiones». En un vestido de terciopelo morado de 1861-62 con corpiños de día y de noche diseñado para Mary Lincoln, un ribete blanco recorre cuidadosamente la parte trasera del corpiño hasta la cola fluida. El uso que hace Keckley de ribetes contrastantes en un vestido a cuadros de 1862 le confería una geometría llamativa que parece claramente moderna en comparación con la moda recargada de la década de 1860. El uso de formas más atrevidas y simplificadas no era característico de la época victoriana, pero con el tiempo comenzó a tipificar la moda estadounidense. El trabajo de Keckley fue pionero en el desarrollo de la distinción de los diseñadores estadounidenses respecto a sus homólogos europeos. A pesar de los retos a los que se enfrentó en su vida, Elizabeth Keckley influyó en la cultura visual de la década de 1860 y en la historia más amplia de la moda estadounidense




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