Creemos y se nos suele vender que es crucial leer a los bebés de menos de un año, pero antes de esto conviene conocer algunas características de esa etapa vital para ver a qué reaccionan y cuál es el modo acertado de estimularlos
Cuando miramos la habitación de nuestro bebé y vemos cuentos apilados de sólo imágenes, para descubrir texturas, de letras e ilustraciones y juguetes musicales de todas las formas y tamaños, podemos sentirnos satisfechos por tener a nuestro hijo entretenido y estimulado, pero, ¿es preciso o recomendable hacerlo antes del año o año y medio? A continuación, algunos profesionales nos proporcionan información al respecto.

Con música alta, muchos sonidos o ruidos, colores e imágenes, nuestro bebé puede encontrarse hiperestimulado y desconocerlo. Con tan poco tiempo de vida previsiblemente reciba más información de la que consiga procesar, ni sonidos o imágenes, lo que le llevará a sentirse agobiado e inquieto.
Piaget, en el periodo sensoriomotor, en la etapa de los 0-2 años de la Teoría del desarrollo cognitivo de los niños, explica en los subestadios que al principio el bebé responde de un modo automático a ciertos reflejos y, después, fija más la atención en lo que hacen sus manos o dedos más que en lo que tiene en ellas (juguete, muñeco…). Poco a poco va mostrando más interés en cierto objeto que manipule y tienen lugar acciones “casi-intencionales”; las intencionales llegan entre los 8 y los 12 meses.
Los bebés sin tanto, agudizan su ingenio
Por todo esto, rodear al niño con infinidad de cacharros no le ayuda, le aturde. Resultará más productivo ofrecerle con calma y consciencia una cosa, pudiendo él mismo focalizar la mirada o sostenerlo en sus manos. Conviene, asimismo, permitir el juego libre y no dirigirlo, para que pueda hacer por sí mismo, favorecer la creatividad y que aproveche esos momentos.
Se dio un experimento, Der spielzeugfreie Kindergarten (La guardería sin juguetes), en una guardería de München (Alemania) llevado a cabo por dos funcionarios de salud pública, Elke Schubert y Rainer Strick. Este consistía en guardar todos los accesorios de los niños durante tres meses, tanto juguetes como lápices, bloques, libros… Tan sólo permanecían las mesas, sillas y unas mantas, pudiendo los pequeños hacer por sí mismos.
Se supo que el primer día se miraban con aprensión y aburrimiento frente a esa aula vacía. El segundo, jugaban con sillas y mantas, haciendo guaridas… y ya jugando más entre sí y riéndose.
Una educadora afirmó que cuando entendieron la nueva situación inventaron juegos, aprendían y socializaban.
Uno de los niños afirmó: “Me gusta no tener juguetes porque así puedo usar mi imaginación”.
Con papeles antes, hacían un garabato y lo tiraban. Cuando les devolvieron un papel, pintaban por todas partes hasta no dejar ni un espacio en blanco.
Esto define, que el exceso de juguetes agobia e impide la concentración y el aprovechamiento útil de las actividades.
Leer para un correcto desarrollo del lenguaje
Según la American Academy of Pediatrics, la lectura de libros para bebés entre padres y madres e hijos es beneficiosa desde el primer día. Lucía Vila Sarandeses, psicopedagoga, está de acuerdo con que cada niño va a reaccionar de diferente modo a algunas historias dependiendo de su edad. “Hasta los dos años el bebé no entiende del todo lo que estamos diciendo, pero comprende información a través de nuestras expresiones faciales o tono de voz. Estudios científicos han demostrado que, cuantas más palabras escuche en esa etapa, más fácil le resultará aprender a leer cuando llegue el momento”, apunta la profesional.
Además, revela, como madre de tres hijos, que la lectura y la estimulación sensorial desde el nacimiento del bebé, son fundamentales para su correcto desarrollo tanto a nivel físico como psicológico y del lenguaje. “Si no hablamos a nuestros hijos y no jugamos con ellos tendrán una pobre estimulación cognitiva que derivará en dificultades que afectarán al desarrollo del aprendizaje y el posterior rendimiento escolar”, confirma.

Para fortalecer los vínculos durante los primeros meses de vida del bebé, la lectura y el juego se convierten en momentos de contacto e intimidad. “El tiempo de lectura puede actuar como relajante y preparatorio para la hora del descanso, creando así unos hábitos y unas rutinas que favorezcan el sueño y que, posteriormente, sean implementados cuando los bebés crezcan”, expone.
Historias cantadas
Mirian Galán Marqués, maestra de Educación Infantil, galardonada en 2022 como una de las mejores maestras del mundo, autora de «Felices en la Escuela» (RBA, 2024), publicará el próximo 7 de noviembre, dentro de su colección «Historias con miga», su novela «Campeonas y la liga de los coles» (Brief Editorial).
La educadora expresa que ella utiliza en el aula de bebés, preciosos cuentos cantados. “Este año, estoy en un aula de 0-1 años y en las asambleas les cuento «Luna» de la editorial Kalandraka o los de la editorial Combel, también cantados”, dice.
Para ella, esta supone una forma de estimularlos en la lectura o en el valor de los libros porque ven físicamente el cuento. “Los niños atienden al adulto porque por su corta edad no siguen la historia ni prestan atención, pero sí les gusta la imagen y la canción”, destaca.

Que las familias pueden leer y cantar a los bebés incluso cuando aún están en la barriga, es una decisión totalmente recomendable para Nerea Riveiro, pedagoga infantojuvenil. Tal y como subraya, fortalece mucho el vínculo de apego con las figuras de referencia, además de estimular a nivel de lenguaje y a nivel auditivo.
A los bebés, amor y presencia ante todo
Asegura que los bebés en sus primeros meses de vida y en lo que sigue, por descontado, necesitan a sus referentes y mucho amor. No obstante, aclara que estar presentes no tiene únicamente relación con el status físico, “sino de consciencia”. “Nuestros hijos necesitan que juguemos con ellos, que les hablemos, les expliquemos cosas, les contemos cuentos, les cantemos, les demos cariño…”, refiere.
Por otro lado, Riveiro resalta lo positivo de hacer tummy time o “tiempo boca abajo” para el favorecimiento del desarrollo psicomotriz. Se trata de colocar al bebé despierto boca abajo, bajo supervisión, en una superficie lisa durante un tiempo. “Esto fortalece los músculos del cuerpo (espalda, cuello, abdomen)”, asevera.

“Lo ideal para los bebés es mucho tiempo con los papás, muchos cariños, música y tiempo de calidad en familia”, – Nerea Riveiro




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