La miniserie «Adolescencia» ha generado todo tipo de opiniones entre el público. Se lanzan mensajes importantes a los padres que pueden hacer surgir dudas y miedos sobre si lo que se hace es suficiente.
Muchas familias y educadores han tenido la curiosidad de saber más de la miniserie «Adolescencia», bien viéndola o informándose sobre ella en artículos o clips de vídeos en Internet. Como toque de atención a padres y profesores, no ha dejado indiferente a la mayoría y ha servido para agitar algunas conciencias. Para quien no la haya visto y tenga interés, Netflix la ofrece en cuatro episodios.
Sin intención de hacer spoiler, pero por datos públicos, la trama gira en torno a Jamie, un joven inglés de 13 años y su familia. Jamie ha matado a una de sus compañeras del instituto y su vida y la de quienes le rodean cambia para siempre.
Es importante cómo incorporamos, como responsables de nuestros hijos, la información que se comparte, la cual puede llevarnos a pensar en si se nos escapa algo a la hora de educar a nuestros hijos en el siglo XXI. Otras cuestiones esenciales que pueden aparecer: ¿Damos a nuestros hijos los recursos o herramientas suficientes para que sepan gestionar y afrontar lo que sienten y lo que les sucede? ¿Hay falta de límites por parte de los educadores? ¿Despreocupación de los padres? ¿Qué hay de la sobreexposición digital? La serie trata de todo esto. A continuación, los expertos nos dicen qué piensan.
No hemos de olvidar las graves cifras correspondientes a los problemas de salud mental en los adolescentes. A partir de datos de la Organización Mundial para la Salud (OMS), 2024, conocemos que: Uno de cada siete jóvenes de edades comprendidas entre los 10 y los 19 años sufre algún tipo de trastorno mental, en su mayoría: ansiedad, depresión o trastornos de comportamiento).
Estar cuando lo necesiten
Para Alejandro Schujman, psicólogo especialista en familias y escritor, la serie no trata de un niño psicópata asesino de 13 años, sino que habla de la soledad de los chicos y de la impotencia y resignación de los adultos que miran como si no se pudiese hacer nada.
“La resignación es el suicidio de lo cotidiano. Los adultos hemos naturalizado muchos disparates que tienen que ver con situaciones de gran riesgo para los jóvenes (consumo de alcohol, sustancias psicoactivas, apuestas online, exceso de pantallas…)”, afirma.
Para Schujman, la clave es construir redes de padres e implantar límites. “Los cambios respecto al grupo de amigos, en las notas, el aspecto físico, entre otros, son señales de alerta y los adultos frente a la duda de lo que pasa, han de pedir ayuda”, destaca.
Según el profesional, el mundo digital lleva a que el sentido de pertenencia sea más cruel. “Los canales de hostigamiento son más sutiles que hace años o décadas atrás, por eso los progenitores tenemos que acompañarlos y trabajar para regular el uso de la tecnología desde el educar y el mantener el amor propio, que es la clave de los vínculos sanos”, resalta.
Expresa que no hay que tener siempre en mente el control y estar “cerca para cuidarlos y lejos para no asfixiarlos”.
Por su parte, David Bueno i Torrens, doctor en biología, profesor y escritor, subraya que es útil ver la serie con los hijos debido a que se generarán momentos para hablar y percibir cómo sienten lo que les sucede a los chicos protagonistas, no para adoctrinarles e imponer, sino escuchándolos y comentar lo que sea preciso.
Aconseja a los padres y madres disfrutar de ese rol con sus hijos y opina que en casa todos los miembros deberían sentirse a gusto, debería rebajarse el estrés y compartir, aunque algunas veces cada uno esté en su habitación.
“Frecuentemente pasa que estamos tan atareados que les decimos “ahora no”, “estoy ocupado” o “no me molestes” y eso va mutilando sus ganas de contarnos y no nos ven accesibles cuando nos puedan necesitar”, indica.
¿Suficiente preparación para el mundo digital?
Las familias pueden creer que el móvil es un divertimento para sus hijos, sin tener en cuenta que se trata de un arma de doble filo y con seguridad los jóvenes no alcanzan a gestionar todo lo que ven, escuchan y leen, ni los adultos están preparados para todo lo que se va sumando al mundo digital, códigos, argot…, donde se puede estar produciendo acoso.
Gemma Morera, pediatra y neumóloga infantil, fundadora del Centro Médico Gemma Morera, revela que el que los niños y adolescentes crezcan inmersos en los dispositivos digitales impacta en su forma de aprender, pensar y de comportarse, esto es, en su salud física y mental.
Como explica, el uso excesivo de los medios digitales y pantallas puede provocar, entre otros:
- Problemas de visión: Fatiga visual, visión borrosa, ojo seco, dolores de cabeza y aumento del riesgo de desarrollar miopía.
- Trastornos del sueño: Los que pasan más tiempo en las redes sociales o que duermen con los dispositivos móviles en sus habitaciones tiene efectos negativos en el crecimiento, aprendizaje y comportamiento.
- Obesidad: Los jóvenes que ven más de 5 horas de televisión al día tienen 5 veces más probabilidades de tener sobrepeso que los adolescentes que la ven de 0 a 2 horas.
- Pérdida de habilidades sociales al no interactuar con familiares y amigos y estar con dispositivos móviles y otras pantallas.
- Retraso en el aprendizaje y en el rendimiento escolar.
- Problemas de conducta por el contenido violento en la televisión y las pantallas, ya sea porque los asusta o confunde o porque intentan imitar.
- Trastornos emocionales; ansiedad, depresión y baja autoestima.
- Acoso cibernético y sexteo (la práctica de enviar imágenes desnudas o semidesnudas, así como mensajes de texto explícitos) usando un teléfono inteligente, tableta, videojuego o cámara digital. Cerca de 19 % de los jóvenes ha enviado una foto sexual a otra persona. Los adolescentes deben saber que una vez que el contenido se envía/comparte con otros, puede no haber forma de borrarlo o eliminarlo completamente. Otro riesgo es que los delincuentes sexuales pueden estar usando las redes de contacto, los salones de chats, los correos electrónicos y los videojuegos en línea para contactar y explotar a los niños.
Poca comunicación entre padres e hijos
Al discurso que se da en la serie de que el hombre logra todo sin derramar una lágrima, el “hecho y derecho” que se le inculca a Jamie a través de su padre, se le suma el reclamo incel o célibe involuntario (involuntary celibate, en inglés). Se trata de hombres frustrados que dicen querer tener relaciones románticas y sexuales con mujeres, pero aseguran que los rechazan. Esto unido al torbellino emocional que vive por la pubertad, con miedos, inseguridades… que sabemos que suceden en esa etapa, es un cóctel brutal.
Sergio Laiz, psicólogo sanitario especializado en infancia, adolescencia y familia, señala que no tener conversaciones con los hijos sobre emociones, sobre la vulnerabilidad, el fracaso o el dolor puede afectarlos seriamente.
“Vivimos en un tiempo donde imperan los discursos de “si quieres puedes”, o “nada es imposible”, donde cuesta envejecer, donde se tapona y parchea lo que no anda y es importante como padres ser ejemplos de incompletud, manifestando una posición no omnipotente para nuestros hijos”, recalca.
Apunta que debe existir un apego seguro entre en las familias para que los chicos busquen respuestas o arropo en los amigos. “Quedarse estancado en solventarle la vida a nuestros hijos es seguir viviendo la vida a través de tu hijo y eso es hacerlos pagar por algo que es impagable al encontrarse en el pasado”, relata.
Laiz identifica el concepto “incel” como una frustración radical por no poder tener todo en un mundo capitalista donde lo único que no se puede comprar es el amor y donde -como añade- la fachada es lo más importante.
“La insoldable decisión del ser, un aforismo de Jacques Lacan, psiquiatra, filósofo y psicoanalista, que viene a decir (en este caso de la serie) que el sujeto no es plenamente víctima de los significantes familiares, sino que es protagonista de sus elecciones en la vida. La crianza no es determinante, sí condicionante”, refiere.
¿Qué necesitamos?
Posiblemente, en ocasiones, nos quedemos cortos como profesores y padres dándonos golpes de pecho con que “las cosas van bien así” y evitando ese esfuerzo necesario que resulta un desgaste más en el día a día de prisas y responsabilidades.
“No hay ni recursos humanos ni burocráticos suficientes en los colegios para hacer frente al acoso escolar y a los problemas de conducta entre los jóvenes, a la violencia…”, considera Mirian Galán, maestra de Educación Infantil, autora de Educar sin horarios (Ed. Plataforma, 2025).
Para ella, tener ratios desproporcionadas en el aula hace que la educación no sea lo personalizada que los profesores quisieran “Los docentes tienen la información, pero no las herramientas. Hacen falta más mediadores, coach educativos y leyes más gruesas para estos casos”, confirma.
Galán expresa que para ella la educación no depende del centro sino del factor humano, del profesorado y sus implicaciones. “Pienso que según el nivel educativo en el que esté el menor y el maestro, así será el apoyo hacia el alumnado y la familia. Como maestra me gustaría ver mejor relación profesor- familia- colegio. No quiero creer que mis compañeros miren hacia los que tienen más posibilidades, me parecería triste, aunque sé que no todo son arcoíris y esos casos realmente existen”, sostiene.
La pregunta con la que terminaría sería: ¿Conocemos de verdad a nuestros chicos y hacemos por conocerlos o meramente los oímos en un afán de no sentir culpa? Para mí, esta serie es un trabajo que enseña y mucho a los que criamos y educamos, el caso es saber asimilarlo e integrarlo y que no nos dure la intención los minutos que dura una publicidad.








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