La autora
María Caballero Wangüemert es Catedrática de Literatura Hispanoamericana y sobre esta disciplina ha escrito más de ochenta artículos y publicado varios libros. El tema de la mujer ha sido también una constante en su vida profesional. Ha escrito Femenino plural. La mujer en la literatura, Mujeres de cine. 360º alrededor de la cámara, Las trampas de la emancipación. Coordinó el número «¿Hay mujeres más allá del feminismo?» de la prestigiosa revista Arbor, que es la revista de Ciencia, Pensamiento y Cultura editada por el CSIC. Y ahora nos presenta el libro ¿Qué es el feminismo?, primorosamente editado por la editorial sevillana Senderos, texto que forma parte de la interesante colección «Qué es», dirigida por Juan Arana, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
¿Qué es el feminismo?
La obra no defrauda nuestras expectativas, pues es un compendio muy bien realizado de todo lo que es preciso conocer en la actualidad sobre el feminismo: tenemos recogida toda la historia de este movimiento en favor de la igualdad entre los sexos; se nos informa muy precisamente sobre las distintas «olas» que lo han constituido; contamos con un análisis crítico de las derivas del feminismo plural; se nos ofrece una muy sensata respuesta a la pregunta «¿qué es ser mujer en el siglo XXI?»; se nos regala un conmovedor testimonio sobre la mujer mayor, para el que la autora hace un ejercicio muy valeroso de sinceridad personal; se nos proponen varios caminos para mejorar la sociedad con acento femenino y, finalmente, se nos proporcionan unos apéndices en los que se comenta una bien escogida y variada bibliografía con la que cualquier lector interesado puede seguir avanzando en el estudio de estas cuestiones.
¿Qué es lo que nos dice esta obra sobre el feminismo? Tres cosas fundamentales: que es esencialmente positivo y necesario; que ha enriquecido al mundo, al hacerlo más justo y equilibrado; y que en su origen no fue una ideología, sino el reclamo de un derecho.
Decía Wolfgang Goethe que “toda palabra expresada suscita el sentido contrario”. Esto implica que siempre decimos más de lo que literalmente decimos, que en todo espacio de habla se abre el espacio de lo callado, de lo no dicho, como también sostuvo el filósofo Ludwig Wittgenstein. Tengámoslo en cuenta porque siempre que se habla de la mujer se habla también del hombre, aunque no lleguemos siquiera a mencionarlo. Goethe igualmente sentencia: “quien filosofa no está de acuerdo con las ideas de su tiempo”. Y, en efecto, la filosofía es siempre pensamiento crítico. Criticar es examinar, «cribar» las ideas establecidas, y María Caballero filosofa, y muy bien en este libro.
A este respecto, podríamos preguntarnos, ¿de qué parte estaría su filosofía, de la tradición o del progreso? De ninguna de las dos, o de ambas. Y no por indefinición o falta de atrevimiento de la autora, todo lo contrario, sino porque el progreso, al menos en filosofía, es un continuo y renovado lazo con el origen, como ahora veremos.
¿Qué es lo que nos dice esta obra sobre el feminismo? Tres cosas fundamentales: que es esencialmente positivo y necesario; que ha enriquecido al mundo, al hacerlo más justo y equilibrado; y que en su origen no fue una ideología, sino el reclamo de un derecho.

A propósito de ideologías, no sería honesto en la actualidad pasar de puntillas por la polémica generada en torno a la que se denomina «ideología de género«, porque se halla estrechamente vinculada con una de las olas del feminismo, con la última. María Caballero, desde luego, no lo hace, sino que entra directamente al trapo. Afirma que distinguir entre los aspectos biológicos y culturales de la sexualidad (sexo/género) tiene su sentido, pero que ciertas derivaciones han convertido esto en una ideología radical. Y lo explica.
Las olas del feminismo
La primera ola del feminismo fue la del sufragismo, la de la reivindicación del derecho al voto de la mujer y del libre acceso a su formación. Es el feminismo de la corresponsabilidad, que no pretendía ocupar el puesto (supuesto) del hombre sino ocupar por entero el puesto que corresponde a la mujer por justicia y por capacidad, lo que permitiría alcanzar una unión más consistente del género humano (que nosotros creemos es el género verdadero).
La segunda ola, la que arranca con Simone de Beauvoir, lo cambia todo. Es la que da a luz el feminismo «constructivista», el que se ha vuelto hegemónico en nuestros días y que tanto conviene conocer para poderlo valorar adecuadamente. “La mujer”, dice de Beauvoir, “no nace, se hace”. La mujer es, por tanto, una construcción cultural.
Esto hunde sus raíces en la negación existencialista de la naturaleza humana, en la que ahora no podemos entrar. El existencialismo es una filosofía muy interesante, pero también muy discutible, sobre todo en este aspecto. Como alma del feminismo de la segunda ola, induce tres consecuencias muy importantes: la denuncia de la maternidad como cárcel femenina, el rechazo del amor romántico como opio de la mujer y, por supuesto, la separación de sexo y reproducción.
Ninguna persona sensata puede negar que el sexo y la reproducción no son la misma cosa, pero tampoco es sensato negar la estrecha relación que existe entre la reproducción y el sexo. Sin embargo es precisamente lo que se ha hecho. Sobre todo a partir del auge de la cuarta ola del feminismo, hegemónica en nuestros días.
Una tercera ola compite con esta. Pertenecen a ella las feministas que se lamentan del «borrado» de la mujer, del que acusan a la cuarta. Creemos que intentan hacer progresar de nuevo al feminismo uniéndolo a sus orígenes, reivindicando una igualdad en la diferencia, pero nos tememos que la cuarta ola hace mucho más ruido, aunque tenga menos razones.
Pongamos un ejemplo que sirva para caracterizar esta cuarta ola, la del feminismo queer. Se combate la heterosexualidad como algo que viene dado, como una norma mediante la que la naturaleza determina la supervivencia de las especies sexuadas. Si viene dada y determinada entonces no somos libres, por tanto, para serlo, tenemos que emanciparnos de esa norma. La emancipación, en sentido moderno, dice María Caballero, es lucha contra lo dado. En este contexto, la transexualidad (como el transhumanismo) es muy bien acogida. Y esto plantea un problema lógico: la propuesta de modificar, con medios médicos y psicoterapéuticos, una orientación homosexual afronta una violenta oposición, pero si se trata de modificar la heterosexualidad, con esos mismos medios, la cosa es muy diferente. Y no es lógico. No es lógico que la gente que siempre quiere lo mismo no tenga igual derecho que quienes quieren cambiarlo todo.
Construyendo algo que no es feminismo
Para el feminismo queer tanto el género como el sexo son construcciones determinadas por el poder. Un poder social abstracto, impersonal, algo misterioso, tal vez algo fantasioso, en la estela de Foucault. Si la lógica es binaria (verdadero o falso)… pues se acaba con la lógica. Todo rasgo biológico sería arbitrario e irrelevante, y se utilizaría por motivos políticos. Lo que tenemos es un continuum inestable. Muchos géneros, uno casi para cada deseo o estado de ánimo.
Entonces, después de todo esto, ¿qué es ser mujer hoy? Si quieren ustedes averiguarlo pueden hacer dos cosas: leer el libro de María Caballero o atender a la respuesta que dio la más conocida representante en España de esta cuarta ola del feminismo. Preguntada por qué es ser mujer, esta fue su respuesta: «Ser mujer es tener una posición de desigualdad en la sociedad frente a los hombres… desde luego mucho más que tener determinadas características biológicas o femeninas, por excelencia, que nadie sabe listar… porque hay muchas mujeres que no cumplen con esas características, con una o con varias…»
Inmediatamente, esta mujer se autoexcluyó de su propia definición, porque su posición en el establishment político es bien alta, bien remunerada y situada por encima de la inmensa mayoría de los hombres de nuestra sociedad.
Caballero, M. (2026) ¿Qué es el feminismo? Sevilla: Senderos
Luis Fernández Navarro




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