El Museo Thyssen presenta la obra de Anna Weyant (Calgary, 1995). Comisariada por Guillermo Solana, en estrecha colaboración con la artista, se trata de su primera exposición monográfica en un museo, e incluye una veintena de pinturas seleccionadas entre su obra más reciente. El museo, en su intención de destacar a pintoras, no solo se esfuerza por destacar a artistas que ya han ocupado espacio en las paredes de las instituciones culturales más conocidas del mundo, sino también por acercar al público el trabajo inédito de otras que están marcando el pulso del arte contemporáneo, como Weyant.
Las obras de Weyant destaca por una densidad estética que despliega una gran riqueza de referencias artísticas que abarcan desde el Barroco hasta las vanguardias del arte de la primera mitad del siglo XX, periodos bien representados en el Thyssen. Estas obras dialogan con la selección de cuadros de la colección permanente que se exponen junto a ellas.
Conocida por sus pinturas protagonizadas por jóvenes mujeres, Weyant capta un mundo suspendido entre lo onírico y lo cotidiano, en un estilo figurativo bien moldeado por la tradición artística. Su enigmática iconografía remite tanto a la cultura popular estadounidense contemporánea como a movimientos de la modernidad de entreguerras como el surrealismo.

Sus personajes habitan escenarios que recuerdan cuentos de hadas o casas de muñecas, cargados de una atmósfera expectante. Esta misma sensación se extiende a sus naturalezas muertas, donde objetos frágiles —como globos a medio inflar, lazos deshechos o flores marchitas— parecen mantenerse en un delicado equilibrio previo al colapso. Una oportunidad única para descubrir el imaginario inquietante y poético de una de las voces más singulares del arte actual.
En 2022 se convirtió en el fichaje más joven de la megagalería Gagosian y desde entonces su proyección y su presencia en el mundo del arte no ha parado de crecer.
Sus pinturas representan la complejidad de la adolescencia femenina, “una época muy dramática, traumática y cómica a la vez”, según Guillermo Solana, director artístico del Museo Nacional Thyssen Bornemisza y comisario de la muestra. Las jóvenes mujeres que protagonizan los trabajos de la artista canadiense captan ese tránsito entre la infancia y la adultez, explorando su vulnerabilidad.
Las obras de Weyant destaca por una densidad estética que se despliegan una gran riqueza de referencias artísticas que abarcan desde el Barroco hasta las vanguardias del arte de la primera mitad del siglo XX.
Así se aprecia en las 26 obras autógrafas presentes en el recorrido, que se acompaña de cinco cuadros procedentes de la colección permanente del museo madrileño. Estos últimos han sido seleccionados por la propia Weyant, para crear conexiones tanto visuales como conceptuales con su trabajo.
El primero de ellos es La partida de naipes (1948-1950) de Balthus, que se encuentra al comienzo de la exposición. La obra del francés, especialmente cuando aparecen chicas jóvenes, contiene un sutil erotismo, aunque siempre predomina su perspectiva masculina. La pintora utiliza precisamente esos elementos de «mirada masculina» como contrapunto a su trabajo, que parece una contestación.
El concierto (hacia 1630-1635), de Mattia Preti, por ejemplo, muestra influencias que van más allá de la pintura holandesa, como el caravaggismo, que se hace evidente en los intensos claroscuros de la artista.
También la ilusión creada en La llave de los campos (La Clef des champs) de Magritte nos adentra en el surrealismo y la atmósfera enigmática visible en las obras de la joven pintora. Porque Weyant, al igual que el autor belga, «siempre incluye algo siniestro e inquietante», según el comisario.

Esta y otras de sus naturalezas muertas resultan extraordinarias, aunque sean mucho menos populares y cotizadas. Se pueden interpretar como “regalos envenenados que encierran una amenaza”, pues están llenas de elementos extraños y objetos que se muestran al borde del colapso.
Otro elemento inquietante tiene que ver con la cuestión del doppelgänger (doble en alemán) y se aprecia ya desde el inicio de la muestra gracias al cuadro A Disaster, Such A Catastrophe(2022), donde se desdobla la imagen de una figura. El contraste entre el personaje público y la vida privada de la artista es representado a través de este concepto, donde la figura realista se yuxtapone a la de dibujos animados. Esta dialéctica de los dobles también está presente en otras pinturas.
Finalmente, las obras de Weyant conversan con un par de retratos de la colección Thyssen. Del pintor Piazzetta, se puede ver el Retrato de una joven de perfil con una máscara en la mano derecha (hacia 1720- 1730), que conecta con el tema de la temporalidad. También esta expuesto el Retrato del Dr. Haustein (1928), un lienzo de Christian Schad.
Según Solana, Weyant fusiona una «mirada feminista» con humor negro, y a pesar de que es rigurosamente contemporánea, tiene las «cualidades de una maestra angitua».
Su producción abarca tanto retratos como bodegones, a menudo titulados con nombres de canciones o referencias pop, que funcionan como pistas de sus obras, añadiendo capas de significado y aportando un toque humorístico.
Weyant se ha convertido en una de las voces más referentes del arte figurativo actual. Eso es debido a que sus obras son accesibles para todo tipo de público, pero también captar la atención de gente más conocedora del arte.
La exposición estará hasta el día 12 de octubre 2025 ¡Todavía puedes verla!




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