Hoy el mundo celebra las vidas que nacen, viven y mueren con un cromosoma de más en el par 21.
Este cromosoma no es un cromosoma cualquiera ya que les da una forma de ser especial, les quita algo pero les da mucho más, a ellos y a los que los rodean, porque nadie ha dicho que la felicidad no se pueda encontrar en la dificultad. Hoy que tanto se habla de la felicidad, este día debería servir para reconocerla en las vidas diferentes, en el amor, en la sencillez, en la entrega y en la valentía de defender las vidas que se quieren desechar.
Lo triste de esto es que, gracias al aborto, cada vez son menos las personas con esta peculiaridad a pesar de que Naciones Unidas reconociera la celebración de esta jornada apenas hace 15 años. Hay países, como Islandia, que incluso celebran que ya no nazcan niños con este síndrome como si fuera un éxito médico cuando la verdadera razón de ello es que, simplemente, no se les deja nacer. En España, el 95% de los niños con diagnóstico Down son abortados y la forma en que se da este diagnóstico influye mucho en esta cifra.
Si buscamos este día en la web de Naciones Unidas podremos leer un texto muy acertado, pero la realidad dista mucho de ello:
El síndrome de Down siempre ha formado parte de la condición humana, existe en todas las regiones del mundo y habitualmente tiene efectos variables en los estilos de aprendizaje, las características físicas o la salud. El acceso adecuado a la atención de la salud, a los programas de intervención temprana y a la enseñanza inclusiva, así como la investigación adecuada, son vitales para el crecimiento y el desarrollo de la persona. En diciembre de 2011, la Asamblea General designó el 21 de marzo Día Mundial del Síndrome de Down. Con esta celebración, la ONU quiere generar una mayor conciencia pública sobre la cuestión y recordar la dignidad inherente, la valía y las valiosas contribuciones de las personas con discapacidad intelectual como promotores del bienestar y de la diversidad de sus comunidades. Asimismo, quiere resaltar la importancia de su autonomía e independencia individual, en particular la libertad de tomar sus propias decisiones.
La frase que habla de dignidad inherente la he subrayado yo, no está así en el texto original, pero me parece la parte más importante, y está muy bien que lo describan así. La pena es que suena un poco falso por la ausencia de coherencia entre este enunciado con lo que se promueve realmente en el día a día desde Naciones unidas y desde la mayoría de los gobiernos de esta parte del mundo llamado desarrollado.

El recurso habitual al aborto dice todo lo contrario, hablan de dignidad mientras imponen el aborto como derecho humano en las Constituciones europeas, de forma que son muchos años ya, en que cada vez que hay un diagnóstico de este tipo, se produce un tsunami en las consultas médicas y los padres que sí reconocen esa dignidad intrínseca en sus hijos, tiene que luchar, literalmente, contra un sistema que les empuja y dirige a deshacerse de la vida de su hijo, antes de que nazca, convirtiéndose en verdaderos guerreros, y lograr que su hijo nazca con vida es toda una cruzada.
Si recordar que la dignidad inherente de estas personas, como la de todos, es algo sobre lo que hay que generar una mayor conciencia, deberían empezar por denunciar el atropello desde las instituciones y gobiernos que usan el diagnóstico de Síndrome Down para acabar con vidas humanas. La actual legislación española (Ley Orgánica 2/2010, aunque reformada posteriormente) permite la interrupción voluntaria del embarazo. Específicamente, permite abortar hasta la semana 22 en casos de riesgo de graves anomalías en el feto, como son los diagnósticos de síndrome de Down. Pero con 22 semanas de gestación hay varios casos de bebés que han salido adelante como el caso de Melany, aunque no fuera síndrome Down, que demuestran la viabilidad fuera del vientre materno.

Definir este síndrome, como otros muchos, que afecta a una discapacidad intelectual de origen genético es considerado como una anomalía grave para el feto, que no afecta en ningún momento a su capacidad de vivir, pero sin embargo es suficiente para incitar a eliminar su vida ya que se considera una carga, además de inútil. Aunque hoy por hoy hay muchas vidas que no son dignas de ser vividas, sino prevalecería el articulo 15 de la Constitución, algunas valen todavía menos que otras.
Hace unos años murió, con 58 como una anomalía grave para el feto años, el cuñado de una amiga. En Jaén, donde vivía, era una persona muy querida por su sonrisa y cariño a todo el mundo. El día de su funeral no se cabía en la iglesia por la cantidad de gente que vino a rendir homenaje a su sonrisa, y es que su inocencia de niños parece durar toda la vida.
Dan su corazón sin condiciones y son niños aún siendo grandes ¿Por qué ese empeño en eliminar vidas humanas?
Celebremos la vida, y ojalá veamos cada vez más personas con este Síndrome por la calle porque será señal de que efectivamente se ha tomado conciencia del valor de estas personas, de su verdadera dignidad intrínseca, la que hace que defendamos sus vidas en lugar de eliminarlas.




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