El asunto del nombramiento de la religiosa Simona Brambilla ha despertado ampollas y recelos en personas católicas como también sonoros entusiasmos. Hace meses, suponiendo que algo de esto podría ocurrir en la Curia vaticana, publiqué un apunte explicando cuál era exactamente el punto de discusión teológica en el seno de la Iglesia católica. Se resume en que dos cardenales tenían posturas contrapuestas. El cardenal Oullet decía que esos puestos emanan del bautismo y que por lo tanto, hombre o mujer podría ocupar un cargo de gobierno. Y la postura contraria era la del cardenal Rouco Varela, esos cargos son una cuestión sacramental y se antepone la necesidad de que la persona sea ordenada en el Sacramento del Orden. Discusión teológica que el Papa ha zanjado con este nombramiento.

Reacciones frente a la decisión del Papa
Estos días he leído y oído un poco de todo en relación con estos dos nombramientos, una mujer religiosa, Prefecto y un cardenal, pro-Prefecto, quien jerárquicamente queda bajo obediencia a la Prefecto. Realmente interesante y genuina esta situación vista desde una perspectiva de vida cristiana.
Extraigo algunas afirmaciones de unos y otros.
«¿Qué impide que el siguiente paso sea nombrar a la hermana Brambilla cardenal?», José Francisco Serrano Oceja (ABC).
«No estamos ante un nombramiento más que vaya haciendo justicia ante la situación de las mujeres en la Iglesia. Estamos ante un nombramiento cuya lectura nos dice que algo está cambiando de verdad. Aunque el diaconado y el sacerdocio estén pendientes», Cristina Inogés Sanz (Vida Nueva).
La teóloga Inogés, un párrafo adelante nos habla de ‘la antropología de la mujer’: «Francisco, poco a poco y sin mucho ruido, está revisando el concepto teológico de feminidad (aunque falta) y formulando una nueva antropología de la mujer (que también tiene que avanzar)».
Que yo sepa -apunto-, antropología no hay más que una, anthropologia, y derivado del griego anthrōpológos ‘que habla del ser humano’ (RAE).
«Los que han recibido la ordenación pueden gobernar, los que no la han recibido no» (Silere Non Possum).
En este punto coinciden tanto el P. Santiago Martín, quien apunta a que atendiendo a los tres munus (oficios) del sacerdote: enseñar, santificar y gobernar, el gobierno de un dicasterio sólo puede ser llevado a cabo por hombres ordenados en el sacerdocio. Vemos, pues, que se liga gobierno y autoridad exclusivamente a hombres ordenados sacerdotes.
Otros, también exponen como argumentos contrarios a la decisión del Papa, los números 274 y 129 del Código de Derecho canónico:
«274 § 1. Sólo los clérigos pueden obtener oficios para cuyo ejercicio se requiera la potestad de orden o la potestad de régimen eclesiástico».
El 129 habla del régimen jurídico:
«129 § 1. De la potestad de régimen, que existe en la Iglesia por institución divina, y que se llama también potestad de jurisdicción, son sujetos hábiles, conforme a la norma de las prescripciones del derecho, los sellados por el orden sagrado».
Mujer prefecto, ¿A qué se tiene miedo?

De todo lo que leo y oigo encuentro a un gran ausente: a Dios. Da la impresión de que Dios ni interviene en nuestras vidas, ni en la de la iglesia, que no le dejamos actuar, que al Espíritu Santo nosotros lo sacamos de paseo por Pentecostés pero luego lo archivamos, bien sujeto a las letras de los códigos y normativas eclesiales, ahí, calladito está mucho mejor. Que no se mueva nada en la iglesia.
Surgen varias preguntas de fondo ante las renuencias a aceptar ver a una mujer como Prefecto en la Curia vaticana, ¿subyace un machismo aún más anclado de lo que imaginamos? ¿Se padece una suerte de parálisis o cerrazón en aras de la Tradición que no es lo mismo que la costumbre, usos o modos? ¿Implica que la iglesia católica se ha mundanizado y caído presa de la ideología woke? Realmente, ¿a qué se tiene miedo?
Ahondamos
Porque si ahondamos, la razón de ser de los Dicasterios no es otra que ser salvaguarda para que los católicos vivan según el Evangelio y la doctrina de la Iglesia en su área de competencia. En este caso afecta a religiosos, laicos, personas consagradas y eremitas, de cualquier sexo. ¿Prefecto mujer? ¿Prefecto hombre? ¿Realmente afecta el sexo del Prefecto?
No asumir un cambio así vendría a ser algo como negar que una mujer pueda escuchar, intervenir o solucionar problemáticas concretas. Como si monjas, laicos o sacerdotes que se rebelen en justicia de Dios ante desmanes, abusos y corrupciones que se han producido y producirán dentro de la Iglesia católica, sólo pudieran expresar sus dudas, denuncias, certezas o inspiraciones de Dios a un hombre y no a una mujer. Y en el área de la vida religiosa y en algunas sociedades de vida apostólica, contamos casos de extrema gravedad por decenas en las últimas décadas.
Invito a ver el video perfil del Cardenal Joao Braz de Aviz, quien hasta ahora ha gobernado la Prefectura del Dicasterio que nos ocupa.
Con esto de los rebeldes por hacer prevalecer la justicia de Dios, me viene a la memoria la Beata Ana de Jesús, quien no pudo dirigirse a ningún Prefecto porque no existía. La Beata Ana de Jesús puso su vida en juego para frenar a un Nicolás Doria, aquel psicópata Prepósito General de la Orden de los carmelitas que hizo lo imposible por cambiar, manipular y adaptar según su visión masculina las Constituciones escritas por Santa Teresa de Jesús para que las monjas no se gobernasen a sí mismas en sus conventos, sino que fuesen gobernadas por hombres ¿nos suena de algo? Eso sí, el modo de la Beata Ana de Jesús fue al más propio estilo del genio y santidad femenina, con mucha mano izquierda, moviendo hilos aquí y allí, sin ruidos extravagantes y con mucho sufrimiento, como permanecer años sin poder recibir la Comunión en castigo a su «impertinente defensa de las Constituciones de Santa Teresa». Entonces, siglo XVI, no existía el Dicasterio para los Institutos de vida religiosa y sociedades de vida apostólica, éste fue creado en 1908 a Dios gracias.
¡No, por Dios, no, eso de poner a mujeres en puestos de gobierno en la Curia vaticana, es un peligro, una amenaza para la cristiandad! ¡¡Después vendrán las sacerdotisas!
Y yo les digo: sobre mi cadáver.
Causas, consecuencias, dejar hacer
Cristo, Alfa y Omega, concentra todo su poder y esencia de la Fe católica en la Eucaristía que nos viene por medio de cada sacerdote que actúa IN PERSONA CHRISTI CAPITIS, y eso de que lo del diaconado y el sacerdocio de mujeres está pendiente, como sugiere la teóloga Inogés, es una fantasía, lo intentarán pero no podrán. Y aquí hago una reflexión, ¿por qué las conversiones a la Iglesia ortodoxa están creciendo más que a la Iglesia católica?
Cristo dijo: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies» (Lc 10, 1-12). Lo que no dijo fue «rogad para que el dueño envíe sacerdotes porque solamente ellos podrán convertir y salvar almas en mi Nombre porque ellos y solamente ellos pueden ejercer el gobierno», la amplitud de mente de Jesucristo dejó abierto el horizonte a Su propia acción santificadora en la iglesia, como sacramento de salvación que es.
Esta iglesia nuestra parece haber olvidado la profunda y sabia enseñanza del mismo Cristo en el imponente capítulo 5 del Evangelio de San Mateo cuando dijo: «Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno» (Mt 5, 37).
El exceso de argumentación también puede ser fruto de la polarización, a mí me da en la nariz que los miedos y actitudes a la defensiva vienen de ahí. No sé, creo que no resulta tan difícil distinguir entre función de gobierno (a fin de cuentas siempre sujeto al Pontífice) y función sacramental, me da la impresión de que si dejamos salir del archivo al Espíritu Santo, las cosas son bastante, bastante más sencillas y esta simplicidad no implica ingenuidad, más bien todo lo contrario.
Dejar a Dios hacer y estar vigilantes, una cosa no quita la otra.
Artículo publicado anteriormente en conclaveinforma.top




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