Hoy me levanto y me encuentro la sorpresa de la mesa de la cocina preparada para el desayuno, con mis tazas especiales, todo precioso, y un jarrón con flores en medio. A pesar de acostarse tarde la noche de antes, mi hija dejó preparado porque sabe que suelo ser la primera que se levanta y que el desayuno es mi momento del día. Ha sido un gran regalo, uno de esos regalos que son detalles que alegran la vista y el corazón, porque además sé muy bien lo que cuesta cuando alguien está cansado, porque duerme poco, porque tiene un bebé, será por eso que tuvo ese detalle.
Llevo más de dos semanas recibiendo correos de diferentes marcas avisando de las ofertas del día de la madre. Es cierto que los regalos son un signo de agradecimiento por el cariño recibido, sirven para agasajar, sin embargo, será porque ahora tenemos la publicidad a la mano, en el móvil, correos y redes, la saturación es terrible, la frivolidad mayor, y el sentido …menor. No es lo mismo una comitiva familiar, como hacía mi padre cuando éramos pequeños, para ir a comprar el regalo a mamá, que hacerlo al toque de un click sentado en el sofá. No se comparte la intención, no se involucra a los hijos de la misma forma, y menos se les educa. Porque el valor, y aunque sea una frase echa, no es el regalo, sino el detalle de haber dedicado tiempo a pensar o buscar algo que le guste a la persona a la que va dirigida ese regalo, por sencillo o insignificante que sea.
La madre Teresa decía que “la madre era el corazón del hogar”, y en el hogar es donde crecemos las personas, donde aprendemos a comportarnos, donde nos educan, donde nos exigen, donde nos retan, nos ponen límites, donde aprendemos a compartir, recibimos valores, donde nos quieren por ser lo que somos simplemente. Donde aprendemos a amar. La familia, con todas y a pesar de nuestras imperfecciones, es la escuela de amor, y como decía ella también, “la falta de amor es la mayor pobreza”. Por ello las sociedades en las que no hay vida, no hay amor y, por mucho PIB que tengan, son las más pobres.
Hablar del regalo de ser madre es dar gracias por tener la posibilidad de ejercer la maternidad, sea biológica o no, sea por la sangre o aquella maternidad que se ejerce en el servicio a los demás, en la ayuda o acompañamiento a otros. Y ante un regalo, se dan las gracias, es dar gracias por tener la posibilidad de acoger, de dar sin medida, de ser el paño de lágrimas, la que resuelve los entuertos, el despertador del hijo que no se despierta, y la que siempre está cuando te necesitan, pero esto no significa que se realice sin esfuerzo, sin sacrificio, y sin esperar nada a cambio. Porque toda entrega conlleva una renuncia o una elección, como prefiero llamarlo. Siempre que elegimos va en detrimento de otra opción, pero ello no significa que sea malo. La maternidad no es una renuncia, es ganar más de lo que se da, aunque no siempre haya correspondencia porque ,como decía la madre Teresa, “darle a alguien todo tu amor nunca es garantía de que él también te amará; pero no esperes que te amen, solo espera que el amor crezca en el corazón de la otra persona. Y si no crece, sé feliz porque creció en el tuyo”. Y el amor se puede dar a muchos y de distintas formas también.
«El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio». Madre Teresa de Calcuta
No creo que celebrar mayo como el mes de la Virgen, junto a la maternidad, sea una simple coincidencia. La Virgen María es la madre ejemplar, nuestra madre, nuestro baño de lágrimas, la que está siempre abierta a nuestras súplicas, a escuchar nuestros problemas, nuestra intercesora. Humilde y siempre presente.
Cuando era pequeña el mes de mayo era el mes de las flores, era el mes dedicado a “la Madre de Dios”. En el colegio el día empezaba cantando a la Virgen y en casa, mi padre montaba un humilde altar que adornábamos con flores que robábamos de los jardines vecinos y, todas las noches, después de la oración en familia, rezábamos la Salve o Bendita sea tu pureza y curiosamente era mi padre el que iniciaba el canto a María. Todas las noches también, le daba un beso antes de acostarse, a pesar de la mirada celosa de mi madre, y lo hizo siempre, hasta el día que murió.
La maternidad es apertura a la vida, es entrega, es espera, es dar, es cuidar, es acompañar, es educar, y por poder hacer todas esas cosas y más, es un regalo. La madre Teresa de Calcuta decía que “había más alegría en dar que en recibir”, pues eso es una madre. Así que ser madre es, por ser esa oportunidad permanente de dar, de diferentes formas y maternidades pero siempre abierta a los demás, una alegría, y por ello un regalo que nos hizo la naturaleza, o mejor dicho, el Creador.
El regalo comienza tanto con la nueva vida que se recibe, se espera y se acompaña, para toda la vida, porque el hijo no se separa nunca del corazón de una madre, como con la oportunidad de acompañar, cuidar y amar a otros, dándoles lo mejor de nosotras. Porque el solo hecho de amar, ya es un regalo.
Pilar Castañón




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