“El miedo es la mayor discapacidad de todas.” – Nick Vujicic
Nick Vujicic posee el síndrome de tetraamelia y por ello nació sin sus extremidades. Su historia de vida es una paradoja, la de un hombre que sin brazos nos enseña a abrazar la vida y nos da una mano para que no olvidemos que cada uno de nosotros, con nuestras limitaciones, somos un hermoso sueño de Dios con un propósito… la de un hombre que sin piernas nos enseña a caminar al ritmo de la actitud que nace de una nueva mirada y nos recuerda que desde el alma y el corazón se dan los verdaderos pasos. Nick nos invita a todos a abrazar nuestra unicidad y dar al mundo algo que los demás no pueden porque no son nosotros, y nos dice: ¡vamos, tu actitud depende de ti!
Nick depende de alguien para que lo lleve a la mesa sobre la que da su conferencia y de esa forma abre los brazos de su prójimo para que lo ayuden. Nos hace tomar conciencia de la exquisitez implicada en poder dar un abrazo y estrechar una mano, que tantas veces no valoramos en su justa medida.
Su vida es una historia de lucha, voluntad, fe, esperanza y tanto más. Su biografía nos interpela, su resiliencia es un mensaje que hoy necesitamos especialmente frente al bombardeo de gratificaciones inmediatas que dejan en segundo plano el valor del esfuerzo que conduce a la auténtica conformidad con uno mismo y a gozar de lo más valioso.
Como si el desafío no hubiese sido ya demasiado, de niño sufrió el acoso de compañeros que se burlaban de su discapacidad, lo que lo llevó a pensar en suicidarse. Pero se aferró al amor de sus padres que le decían: “eres perfecto como eres”, y siempre lo alentaron, no para que flote sino preparándolo para la vida, para que nade. “No cambiaría nada porque puedo ayudar a los jóvenes a que no se suiciden”… “encontrar esperanza y ayudar a otros a que lo hagan es la mejor droga que he encontrado en mi vida”… “es una mentira que no eres lo suficiente, que no vales nada”, nos dice Nick, quien fundó la organización sin fines de lucro Life without limbs de la que a su vez es CEO (pues también es contador y analista financiero), para motivar e inspirar a las personas sin extremidades alrededor del mundo. Aprendió a escribir utilizando ambos dedos de “su pie izquierdo” y a usar la computadora… es un orador motivacional, conferencista, actor, productor y escritor –con seis libros en su haber-.
Con el brillo de su mirada trasmite alegría, con sus discursos, motivación y esperanza, con su sentido del humor, actitud y perspectiva y con su ejemplo nos habla directo al corazón. Verlo saltar de un trampolín o caminar sin sus piernas es un canto a la vida que nos insta a dar el salto hacia nuestra mejor versión.
Nick cuenta que cuando soñaba con tener una familia pensaba, “¿cómo, si ni siquiera podré sostener la mano de mi mujer?”, replicando: “pero cuando llegue el momento podré sostener su corazón”. Hoy está felizmente casado –realmente feliz– y con cuatro hijos, con quienes conmueve verlos jugar a la pelota y nadar… ¡qué hermoso, cuánto les entrega, cuántas lecciones de vida implícitas, qué mensaje lleno del verdadero sentido existencial! Y asimismo un comunicado a todos los padres que pudiendo correr al encuentro de sus hijos para compartir tiempo con ellos no lo hacen.

“Cuando ven a un hombre sin brazos ni piernas diciendo: “espera, ¿cuál es tu excusa?, ¿qué actitud tienes?”… “Se trata de saber quién sos y por qué estás aquí… ser lo mejor que puedes ser”, explicaba en una conferencia. Nick transformó su dolor en propósito, en agradecimiento y verlo sonreír nos roba lágrimas de emoción y admiración.
Su vida nos toca la fibra íntima, frente a distintas “carencias” que todos tenemos en diferentes órdenes –algunas que se ven y otras no–, nos invita a no quedarnos en ellas, a concentrarnos en lo que sí tenemos, a aferrarnos a la fe, a nuestros afectos y a nuestros sueños. Este testimonio no es para reprocharse o quedarse en una autoevaluación, es para inspirarnos. Y no se trata de tener una vida tan extraordinaria como la de Nick, el camino es personal así como su mensaje de inspiración, cada cual tiene su senda. Nick brilla en su unicidad así pero otro lo hace en el silencio de los logros de una batalla interior, otro acompañando con amor y alegría a su esposo enfermo, y así… cada lugar es extraordinario. No todo es hacer, en ocasiones está en la aceptación alegre de renuncias, a veces el paralítico no vivirá el milagro de caminar porque a través de esa carencia, su corazón se volverá tan atleta que algún día podrá volar e incentivar a otros a descubrir sus alas. Y lo más lindo es que no estamos solos, Dios está a nuestro lado y ese amor nos capacita y nos abraza cuando nosotros no podemos.




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