La juventud suele ser una etapa en que se carece de una visión de largo plazo, los jóvenes se encandilan fácilmente con los hechizos de la inmediatez y el uso de las pantallas acentúa dicha tendencia. Entonces no se dan cuenta que sus ídolos son de barro, que obtener un “like” o “ser cool” nada tiene que ver con los desafíos reales de la vida y que una aceptación que los enemiste consigo mismos no vale la pena.
Frente a esta realidad, el rol de los padres es crucial, es preciso que se interioricen en relación a lo que están expuestos sus hijos a partir de una “alfabetización digital” y así, tratando de no ser percibidos como “del siglo pasado”, hablarles sin tapujos sobre los peligros existentes e invitarlos al diálogo. Es alarmante la falta de conexión entre padres e hijos por ello es fundamental que los progenitores no dejen de aconsejarlos, sin apabullarse por su falta de entendimiento del mundo digital tan natural para ellos y, al mismo tiempo, contar con la autoridad propia que confiere la experiencia de vida y las enseñanzas esenciales que palpitan en el corazón humano.
Hace poco escuché una exposición sobre la “Protección y conciencia digital para la infancia” llevada a cabo por un especialista en la materia, el Sr Ricardo Mercado, que me aportó conceptos interesantes. Sintetizó el papel fundamental de los padres en una contundente frase: “el antivirus más potente es un padre presente”, refiriéndose no a la mera presencia física sino a escucharlos, prestarles atención, validar sus emociones…para que no busquen compensación emocional donde no les conviene. Asimismo, sugirió que tomen como signos de alarma cuando sus hijos prefieran estar frente a la pantalla que con los amigos o adopten conductas evasivas y agresivas. Se refirió también a una realidad desgarrante: hay niños que se suicidan por el ciberbullyng acechante que sufren; aterra la naturalización de la violencia que se ampara en el “no dar la cara”, incitando a la disociación. Mercado explicó que las recompensas inmediatas de las pantallas por la liberación constante de dopamina, los va tornando intolerantes a la frustración y la necesidad continua de cosas nuevas puede hacer germinar en ellos la agresividad. La falta de empatía, autocontrol, dispersión, impulsividad son unas de las tantas consecuencias que están a la vista en las nuevas generaciones, de ahí la necesidad de fomentarles el contacto con la naturaleza, el arte, entre otros. Habló de herramientas de control parental de las pantallas, no a modo de persecución sino desde una protección amorosa y la necesidad de que sus hijos entiendan que la IA puede resultar una herramienta útil pero sin pensamiento crítico no. Explicó que el cerebro termina de desarrollarse aproximadamente a los 21 años y que no en vano los propios magnates tecnológicos no permiten el uso de las pantallas a sus hijos hasta alrededor de los 15 años.
El cerebro termina de desarrollarse aproximadamente a los 21 años y no en vano los propios magnates tecnológicos no permiten el uso de las pantallas a sus hijos hasta alrededor de los 15 años.
En el libro “Siete virtudes olvidadas”, el Padre Alfredo Sáenz nos instruye en relación a la Eutrapelia: “la virtud que rige los momentos de esparcimiento” y que Santo Tomás tomó de Aristóteles, ampliando sus explicaciones y confiriéndole un sentido cristiano. La niñez y adolescencia son etapas en que se busca con ahínco la diversión, la misma constituye un área preponderante en sus vidas, de ahí la importancia de educar en dicha virtud. Además, hoy se hayan expuestos a una industria del entretenimiento sin escrúpulos que propone nuevos modos de “jugar” que atentan contra su dignidad, y a un mundo digital que acentúa modos de relacionarse superfluos y belicosos.
En redes sociales se presentan retos muy peligrosos tales como esconderse por varios días de sus familias, devenir en auto dañarse con gran naturalidad (por ejemplo: tomar cantidades excesivas de un antialérgico en pos de experimentar alucinaciones) e incluso uno que induce al suicidio.

En un videojuego -rubro de mayor facturación a nivel mundial comparado con cualquier otro producto- puede infiltrarse un adulto perverso. Ciertamente, en los colegios se dan charlas formativas al respecto pero no es suficiente, la presencia de los padres en el día a día es fundamental para que respiren el calor de hogar que los afianza.
“Divertirse”, “pertenecer” y “ser aceptado” puede, pues, costar tan caro como una adicción, como perder la cordura, la integridad y hasta la vida, pero la buena noticia es que, a pesar de las distancias generacionales que acentúa la tecnología, los padres cuentan con vastas herramientas para proteger el sano desarrollo de sus niños y adolescentes.




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