Si bien los datos hablan de un retroceso generalizado en el rendimiento a nivel global, el alumnado español cae por debajo del promedio de los países desarrollados en lectura, matemáticas y ciencias.
El pasado día 8 de septiembre se publicaron los datos del Informe PISA (Programme for International Student Assessment) correspondientes al año 2025, con los resultados en tres asignaturas troncales: comprensión lectora, matemáticas y ciencias. Este informe de la OCDE se publica cada tres años y evalúa el rendimiento académico de los alumnos de 15 años en 90 países.
Si bien los datos hablan de un retroceso generalizado en el rendimiento a nivel global, el alumnado español cae por debajo del promedio de los países desarrollados en lectura, matemáticas y ciencias.
- Matemáticas: 457 puntos, con una caída de 16 puntos respecto a 2022.
- Lectura: 451 puntos, que supone descenso de 23 puntos frente a 2022.
- Ciencias: 477 puntos, representa una bajada de 8 puntos en comparación con 2022
El informe incluye esta ocasión un nuevo enfoque centrado en el aprendizaje digital. A pesar de que el 86% de los centros educativos aplican normas restrictivas al uso de teléfonos móviles (frente a la mitad en la OCDE), los estudiantes en España usan herramientas de IA generativa para tareas escolares por encima de la media internacional.
El informe destaca también la alta tasa de alumnado inmigrante en España (20,3%) y unos porcentajes de repetición escolar superiores a los promedios de la Unión Europea y la OCDE.
Esta caída en picado no es homogénea en toda España. La Comunidad de Madrid lidera los resultados a nivel nacional en varias competencias, seguida por Castilla y León. En el lado opuesto, las regiones españolas con las puntuaciones más bajas son Melilla, Ceuta y la Comunidad Valenciana, seguidas de cerca por el País Vasco y Andalucía. Cabe destacar que Cataluña no aparece en el ranking oficial de este informe porque la OCDE excluyó sus datos debido a fallos de representatividad en las muestras.
Comparativa: PISA 2015 frente a la actualidad
Pero esto no ha sido siempre así. Hace justo 10 años, en la edición de PISA 2015, España alcanzó los mejores resultados de toda su serie histórica y logró por primera vez superar o igualar el promedio de los países de la OCDE. España ocupaba entonces una posición intermedia-alta a nivel mundial, situándose en torno al puesto 24 de entre los más de 70 países participantes de ese momento. Este año, España cae al puesto 32, con un aprobado muy ajustado en todas las materias.
El cambio en las puntuaciones muestra un declive ininterrumpido en la última década.
| Competencia | España hace 10 años (PISA 2015) | España hoy (PISA 2025) | Evolución en 10 años |
| 📖 Lectura | 496 puntos (Por encima de la OCDE) | 451 puntos(Mínimo histórico) | 📉 Bajó 45 puntos (El equivalente a perder más de dos cursos escolares). |
| 🧪 Ciencias | 493 puntos (Igual a la media OCDE) | 477 puntos(Puesto 32) | 📉 Bajó 16 puntos. |
| 🧮Matemáticas | 486 puntos (Récord nacional histórico) | 457 puntos | 📉 Bajó 29 puntos. |
Qué ha pasado en estos 10 años?
La OCDE y el Ministerio de Educación vinculan el desplome actual a una combinación de factores. Por un lado, los efectos del confinamiento por la pandemia, que aún pasa factura. Otro factor importante es la pérdida de concentración de los alumnos por el abuso de pantallas táctiles. Por último, la implantación de nuevos enfoques curriculares dejan en un segundo plano las competencias clásicas.
A nivel legislativo, hemos tenido en España dos leyes importantes. En 2013 se aprobó la
LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa), llamada Ley Wert por el Ministro de Educación que la presentó.
Esta ley buscaba potenciar la cultura del esfuerzo, la evaluación mediante pruebas nacionales al final de cada etapa y dar mayor autonomía a los centros escolares.
En 2020 se aprobó la última Ley, vigente hasta hoy, la LOMLOE (Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica de Educación) o Ley Celaá. Modifica la LOE para apostar por la equidad, la inclusión, el enfoque competencial del aprendizaje y la eliminación de las pruebas finales o reválidas. Parece claro que ninguna de las dos han contribuido a mejorar el rendimiento escolar; más bien lo contrario.
Todos estos factores han influido sin duda en la tendencia a la baja de los resultados académicos. Pero a mi juicio, hay otros factores subjetivos que lo explican, difíciles de medir y cuantificar, pero evidentes, como el declive de la cultura del esfuerzo, la intolerancia al sufrimiento y la primacía del sentimiento en el aprendizaje intelectual.
La cultura del esfuerzo y el sacrificio para conseguir objetivos deja de tener sentido cuando se puntúa al alza para contentar a todos, cuando el vago puede obtener casi el mismo resultado que es que trabaja duro.
Por otro lado, tenemos adolescentes que huyen del sufrimiento, que no saben esperar, es la cultura de la inmediatez. Los padres tenemos una gran responsabilidad tratando de protegerles, evitándoles todo riesgo y mancharse, a hacerse daño, a sacrificarse por algo que merece la pena. Así, les hemos hecho flojos e hipersensibles, intolerantes a todo lo que les disgusta.
Respecto al sentimentalismo, se ha hecho ley el nefasto precepto de “si no me apetece, no es bueno para mí». Obviamente en la educación ni en ningún ámbito debemos separar cabeza y corazón, pero cuando se da prioridad al sentimiento, más o menos voluble, a la autoestima o falta de ella, se menoscabar el trabajo de la cabeza, esto es, la memoria, el razonamiento lógico y la asociación de ideas. Podemos afirmar que es justamente lo contrario: más sentimentalismo, menos cabeza; cuanto más sensibles, menos capaces intelectualmente.
En definitiva, lejos de educar el carácter y la lucha por los ideales más nobles, nos encontramos con adolescentes volubles, con baja autoestima, hipersensibles a cualquier crítica e incapaces de afrontar cualquier sufrimiento. Y con este panorama, mejorar el rendimiento escolar se me antoja bastante complicado, pero no imposible.




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