Hace poco escribí sobre qué valores o virtudes pueden mejorar el ejercicio de una profesión, lo que me llevó a preguntarme cuál es la virtud más connatural del ser humano o el valor que el ser humano debería ejercer, de forma natural, a diestro y siniestro. Al rato, me convencí de que esa virtud, dada nuestra condición de seres dependientes y necesitados de los demás, no podía ser otra que la gratitud.
Gratitud viene de la palabra latina gratus que significa placentero, agradecido, y su raíz proviene de gratia que significa gracia o favor y hacía referencia a la honra o alabanza que se debía a otro. Como decía Cicerón: “la gratitud no es la virtud más importante, pero es la madre de todas las virtudes”. Para los romanos la gratitud se identificaba con la pietas. Sin embargo, la comprensión de la gratitud como un valor importante, ligado a la devoción, el respeto y la obligación moral, tiene sus raíces en la tradición griega y en su visión de la vida en comunidad y en relación con lo divino.
El diccionario de la RAE define la gratitud como: “el sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera. Es una emoción que se traduce en el aprecio por lo recibido y el deseo de retribuir”. El agradecimiento tiene su origen en el reconocimiento y la valoración de las cosas buenas que tenemos en nuestra vida, ya sean grandes o pequeñas, de ello depende nuestra felicidad. Además, nos llena de paz y alegría, ayudándonos a apreciar lo que realmente importa.
La gratitud, en realidad, puede considerarse tanto una cualidad natural, como una habilidad que se puede cultivar. Como seres humanos, tenemos la capacidad innata de sentir agradecimiento, especialmente ante momentos de bienestar o satisfacción. Aunque, también es cierto que esa capacidad puede desarrollarse o, en algunos casos, quedar más latente. La práctica consciente, la reflexión y la atención plena nos ayudarán a fortalecer esa cualidad y a hacerla parte integral de nuestra forma de ser. Así que, aunque la gratitud puede ser natural en nosotros, también es algo que podemos potenciar y cultivar para vivir de manera más plena y positiva.
Todos los valores humanos que poseemos crecen a medida que los ejercitamos y que la gratitud se puede vivir en cualquier lugar y en cualquier momento.
Para no desperdiciar esta magnifica oportunidad de crecimiento personal basta recordar que todos los valores humanos que poseemos crecen a medida que los ejercitamos y que la gratitud se puede vivir en cualquier lugar y en cualquier momento. Por ejemplo, al despertarnos, podemos agradecer el nuevo día; al compartir con otros una actividad, podemos agradecer su compañía; al contemplar un hermoso atardecer, podemos dar gracias por haber disfrutado de su belleza; (…). Podría resultar beneficioso llevar un “diario de gratitud”, donde anotar las cosas por las que dar gracias cada día, que nos ayudaría a tener una actitud de agradecimiento constante.
Sin embargo, parece que el hombre moderno se siente menos agradecido o le resulta difícil mostrarse agradecido por varias razones. La primera de ellas, podría ser, el constante bombardeo de información, metas y expectativas que le hacen fijarse en lo que le falta o en lo que quiere conseguir, en lugar de valorar lo que ya posee. Otra razón, el acelerado ritmo de la vida y las presiones diarias que le impiden apreciar las pequeñas cosas y los momentos susceptibles de gratitud. Además, en un mundo interconectado donde las comparaciones están a la orden del día, puede ser más difícil sentirse satisfecho o agradecido por lo que uno tiene, ya que siempre parece que hay algo mejor o más interesante en otro lugar.

Al hombre moderno para ser agradecido le sería útil recordar, con humildad, que no todo en la vida es mérito propio, sino que muchas cosas le son dadas. La época estival, en la que podemos estar más en contacto con la naturaleza, familia y amigos, puede ser un buen momento para darnos cuenta de todo lo que se nos regala: la propia vida, el aire que respiramos, el sol y las estrellas, el mar, la comida y sobre todo el cariño de nuestros seres queridos. Jesús García, escritor y periodista, afirmaba que el hombre podría definirse como un ser capaz de agradecer.
Además, las tareas de cada día pueden llegar a pesar porque, con frecuencia, son consideradas como un deber pesado: debo ir a trabajar, debo ir a hacer la compra, (…), en lugar de verlas como un verdadero poder o un privilegio, puedo ir a trabajar, puedo ir a comprar, (…). De esta manera de enfocar nuestras tareas surgirá, de forma espontanea, el agradecimiento. Lo cierto es que ante nuestra realidad podemos ser gradecidos o creer que todo nos es debido, porque somos la “repera”, nos sentimos dios.
Mi deseo es que nunca nos cansemos de dar gracias por lo grande y lo pequeño de nuestra vida incluso en medio de las desafíos del mundo moderno.
Realmente, el hombre moderno piensa con facilidad que es autosuficiente y merecedor de su vida, de sus éxitos y de todo cuanto le rodea, olvidando cuánto de lo que tiene, como la vida misma, es un regalo que no puede dar por sentado. Se cree que solo él va construyendo su vida sin la ayuda de Dios, ni de otras personas, parece como si la vida se la hubiese dado él, e incluso, todo lo demás porque se lo ha currado. Reconocer esa dependencia y agradecer lo que recibimos puede ayudarnos a ser más conscientes de nuestra vulnerabilidad y de la importancia de la gratitud.
Quizá un genetista vería con buenos ojos el afirmar que el agradecimiento es una cualidad que está en el ADN de todos los seres humanos, de todas la épocas y de todas las culturas. La gratitud esta inscrita en nuestra propia naturaleza ya que presupone el convencimiento de que, desde que nacemos hasta que morimos dependemos de otros, no somos islas, dar gracias nos conecta tanto con el pasado como con el futuro, por aquello que hagamos hoy y que otros podrán agradecer y de lo que no nos enteraremos. El agradecimiento arranca de lo más profundo del corazón del ser humano y es un indicador de la nobleza de corazón que nos hace mejores personas, por eso, dar gracias no es un mero formalismo social. Muchos damos gracias a Dios, a nuestros padres, maestros y a todos los que con pequeños detalles nos hacen cada día la vida más fácil. En definitiva, el agradecimiento es una demostración de que nos sentimos queridos, apreciados o tratados dignamente.
Ayuda mucho sentirnos agradecidos, porque nos motiva a seguir haciendo lo que toca, y lo que no toca, por los demás. Aunque, a veces, es necesario hacerle saber a los demás cuánto nos gustaría que se nos reconociese lo que hacemos para no sentirnos menospreciados. Robert Spaemann, filosofo alemán, decía: “lo racional es la forma de vida regida por la benevolencia” y una de las formas suprema de la benevolencia es el agradecimiento.
Todos hemos oído y repetido el refrán popular: “Es de bien nacidos ser agradecidos”, pero el agradecimiento no se produce en modo automático hay que prestar atención para apreciar el favor recibido, y corresponder a él de alguna manera. El ser agradecidos mejora nuestro bienestar, fortalece nuestras relaciones y nos ayuda a ver el lado bueno de las cosas, incluso en momentos difíciles.
Para terminar, vale la pena considerar que la gratitud y la felicidad están intrínsecamente relacionadas, ya que la gratitud alimenta la felicidad y ésta nos motiva a seguir siendo agradecidos. Un buen filosofo decía que la felicidad radica en dar gracias, porque esta acción nos proporciona optimismo, esperanza y nos saca del ensimismamiento personal o de la tristeza. Cuando se practica la gratitud, uno se da cuenta de las cosas buenas, por pequeñas que sean, y esto le genera satisfacción y paz interior. Sin duda, el agradecimiento nos ayuda a fijarnos en lo positivo, a su vez, aumenta nuestra felicidad al disfrutar más del presente y reducir los sentimientos de insatisfacción. Cabe recordar a Chesterton, quien afirmaba: “(…) la gratitud es la felicidad duplicada por la admiración”. La receta para ser felices es clara, dar gracias por todo y no ser necios de creer que todo lo merecemos o lo podemos exigir. Mi deseo es que nunca nos cansemos de dar gracias por lo grande y lo pequeño de nuestra vida incluso en medio de las desafíos del mundo moderno.
Gracias por haber llegado hasta aquí.




¿Qué te pareció este artículo? Deja tu opinión: