Veinticuatro millones de personas estudian español como lengua extranjera, la mayor cifra de la historia según el Instituto Cervantes (Anuario 2024). Ese caudal humano convierte a nuestra lengua en un activo estratégico que España no puede descuidar. Mientras el mundo pisa el acelerador, aquí seguimos debatiendo si poner más trabas o abrir la autopista para que miles de jóvenes crucen la puerta de entrada que ofrece la universidad española: captar talento y generar riqueza.
La ola de la demanda
Los datos del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades son clamorosos, los efectos de la baja natalidad van a ser muy duros por el descenso de alumnado español, y, sin embargo, miles de alumnos extranjeros miran a España… pueden encontrar la puerta medio cerrada por cupos, visados lentos, financiación insuficiente u otras barreras.
Sin embargo, es clave captar estudiantes, retener talento, impulsar empleo cualificado y, de paso, expandir nuestra lengua.
Hablamos más que de matrículas: es la economía real
Cada estudiante extranjero gasta de media entre 800 y 1.200 € mensuales en alojamiento, ocio y transporte, según estimaciones de EDU España. Hablamos de un impacto directo en servicios, comercio y empleo juvenil. Quien estudia aquí vuelve como turista, socio comercial o inversor. España podría liderar ese “turismo académico” -sin nombrarlo necesariamente así- si ofrece visados ágiles, becas competitivas y un marco regulatorio que no sólo no penalice sino que incentive la iniciativa pública y privada.
Barreras que sangran oportunidades
Burocracia de visados, cupos rígidos en titulaciones de alta demanda, disparidad autonómica en cuanto a las tasas y un calendario de homologaciones que se alarga mucho más de lo razonable. Todo ello desvía talento hacia otros destinos hispanófonos o anglosajones más expeditivos. Es hora de que Gobierno y CCAA entiendan que la lengua española es patrimonio (en un doble sentido) cultural y económico.
Desde mi trayectoria personal y profesional, como ex consejero de Educación de Navarra, y hoy director de Relaciones Institucionales de CampusHome, una residencia universitaria con estudiantes de 68 nacionalidades distintas, apuntaría seis pasos urgentes:
- Plan de captación con becas y campañas en los mercados que más crecen (EE.UU., Italia, Polonia, etc.).
- Visado exprés para estudiantes admitidos, con permisos de prácticas.
- Deducción fiscal a empresas que financien cátedras o residencias de estudiantes internacionales.
- Alianzas público-privadas para duplicar la oferta de grados bilingües y másteres en español.
- Acreditar el español como valor añadido en los ERASMUS+ que acogemos.
- Reglas claras, no trabas: menos burocracia, menos cortapisas, más cooperación entre ministerios, instituciones y universidades.
Si España no aprovecha su lengua -tan valiosa- como una muy potente palanca de futuro, otros -o quizás otras lenguas- ocuparán el espacio… y dejaremos pasar -quizás una vez más- “el tren de la historia”.





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