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Ahondar en la belleza de la creación

Mª José Calvo por Mª José Calvo
12 marzo, 2025
en Aprendemos
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Home Del presente al futuro Aprendemos
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¿Quién no se ha asombrado y entusiasmado al ver la belleza de un amanecer, las estrellas del firmamento, o la majestuosidad del mar?…

El estudio de la naturaleza, de la  creación,  por parte del ser humano, es de lo que se ocupa la ciencia, y algunos otros saberes. Un intento de atisbar algo de esa  belleza  indescriptible que se nos ha regalado. Puesta ahí para nosotros, para nuestro deleite y agradecimiento.

Vamos a intentar integrar un poco de saber científico y humanístico, que nos da raíces y alas, y ayuda a descubrir  el sentido en la vida.  Así, adentrarnos en la sabiduría de algún gran pensador, y también en el pensamiento de científicos de renombre.

La maravilla de la naturaleza y del mundo, ese orden y armonía sorprendentes, sólo se explica por un Creador, inteligente, con gran sabiduría; como dice G.K. Chesterton, por un «Mago», porque para él los hechos son «magia» asombrosa. Cada día.

Sin embargo,  lo que sabemos es una gota de agua comparado con lo que ignoramos:  un mar inmenso. “La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente», apuntaba Isaac Newton en el siglo XVII, aunque todavía habría muchos descubrimientos por llegar…

Chesterton y la Creación

Ese genio de los debates, G.K. Chesterton, después de pasar por épocas de su vida bastante oscuras y agnósticas, percibe que  todo es magia,  como creía cuando era niño. Desde la salida del sol, al florecer de un arbusto, el canto de los pájaros, el rugido de una cascada, el fluir serpenteante de un riachuelo…, el centelleo de las estrellas, el estar vivo y despertar cada mañana… Todo eso apunta a un «Mago» que pone orden y cuida de su creación. 

Ahondar en la belleza de la creación. Chesterton, un gran pensador.
Imagen – American Chesterton Society

Había sentido desde niño que  los hechos son en realidad milagros  de la naturaleza: algo sorprendente, cuasi mágico y de gran belleza.

Señala: “hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina». «Cada cosa tiene un sello divino, y quien lo descubre es feliz, y da gracias al Creador.» Aunque en ese momento era ateo…

De niño recuerda todo como algo maravilloso y alegre, con los cuentos de hadas y con gran asombro ante la realidad. Le abruma la solidez y belleza de cualquier cosa de la Creación. Le parece increíblemente fastuosa, y le sorprende continuamente estar vivo. Es como si fuera algo prodigioso. Pensaba que en el mundo había magia y encantamiento… Vive admirado, contempla con «mirada nueva”, como los niños.

Le gustaba «garabatear» en cualquier papel que tenía a mano. En el colegio acabó sus estudios, con muy buenos amigos, e ingresó en un centro académico prestigioso: el centro de Bellas Artes, la Slade School. En cambio, esos años fueron tristes y escépticos, con episodios depresivos, como el ambiente agnóstico y nihilista que lo rodeaba, en en contraste con su asombrosa infancia.  

No encontraba un sentido a la vida, todo era gris, oscuro, mortecino.  Necesitaba buscar sentido y respuestas…  A veces sólo tenía fuerzas para tumbarse a leer, sobre todo a Dickens.

Al curso siguiente se matricula en la Universidad de Oxford, con estudios humanísticos y de Bellas Artes. También descubre a W. Whitman, con su aire tan alegre y animante, y va tornando su estado en positivo…

En busca de ese sentido de la vida, guiado por la razón y el sentido común, y como en oleadas de recuerdos de su niñez, se dedica a reflexionar  sobre la vida y la realidad.

Quiere buscar un ideal de vida con sentido, y se «inventa» una teoría provisional básica que aporte credibilidad a todo, partiendo de sus creencias infantiles, de las que está realmente convencido: la existencia como algo increíble y maravilloso. Algo que uno no lo elige. Luego se dará cuenta de que todos esos pensamientos ya estaban “inventados”…

Y de esta percepción le surge un agradecimiento inmenso, aunque no sabía a quién agradecer, y la alegría redoblada por el sorprendente regalo de estar vivo.

Con gracia apunta: «lo sorprendente de los milagros es que ocurren».  Y mucho más tarde se convertirá.  Cree que «la vida es una novela donde los personajes pueden encontrase con su Autor».

La imaginación y la belleza nos atraen, y nos guían… En su libro Ortodoxia, en el capítulo El país de los duendes, escribe: «se busca a Dios a través de la imaginación, o se busca la verdad a través de la belleza.” Qué importante es redescubrir toda la belleza que nos envuelve y apela a nuestro corazón y a los anhelos que alberga…

Otro gran autor, relacionado con Chesterton, J.R.R. Tolkien, autor de una mitología espectacular en pleno siglo XX, percibe el mundo como resultado de un don, de un regalo, con una sobreabundancia de sentido y belleza. Algo inconmensurable y gratuito para quien sabe mirar con «ojos nuevos» que descubren y perciben esa belleza inherente, llena de alegría y de esperanza, que este gran autor despliega en mundos posibles, desde las palabras y su significado, historias y leyendas que relata poéticamente, con todo un tapiz histórico que las sustenta.

Pero tantas veces nos acostumbramos, y no vemos esa maravilla, esa armonía y «magia» del universo entero.

Por citar un ejemplo, Tolkien, refiriéndose a las estrellas, dice que hay que saber unir el saber científico al saber estético, de contemplación. Una estrella es una estrella…, pero, escribe en el poema Mitopoeia, “no ve ninguna estrella quien no las ve ante todo como hebras de plata viva que estallan de pronto para arder como flores bajo una antigua canción cuyo mismísimo eco musical desde hace tiempo persiguen.” No se puede decir de forma más hermosa. Claro que, para él, que posee una sensibilidad y finura tan grande, es fácil verlo así.

Aprendamos a mirar, a contemplar, conquistemos alma de poetas,  dejémonos sorprender por tanta belleza  que nos sale al encuentro y anhelamos.

Vamos con los científicos…

Los científicos sobre la belleza de la creación

Algunas ideas y anécdotas de grandes científicos y Premios Nobel recientes, respecto a la creación, que aportan luz en nuestro tiempo, para conocer y sacar conclusiones para nuestra propia vida, pues son muy relevantes.

  • Para empezar, el doctor  Francis Collins,  «padre» del reciente Proyecto Genoma Humano, (1990-2003).
Francis Collins, científico que ahonda en la belleza de la creación.
Francis Collins / Imagen – Wikipedia

Después de investigar mucho, y ver esa maravilla contenida en cada célula, en cada núcleo, en cada cromosoma, sostiene:

«La ciencia no es mas que la humanidad tratando de entender la grandeza del diseño de Dios.”

Él era ateo, y la ciencia le ayuda a ver más claro: se convierte en teísta al descubrir una armonía tan diminuta llena de perfección contenida en cada uno de los cromosomas del ser humano. Y tan compleja, y perfectamente perfilada para perpetuarse y autorreplicarse…  La ciencia le lleva inevitablemente a Dios.  Sabe que está ahí como agazapado, escondido…

Dirá que  la creación es el lenguaje de Dios,  «el libro de las obras de Dios”… Su firma.

Para entender un poco el  genoma,  el ser humano posee 23 pares de cromosomas, que están formados por dobles cadenas de ADN, —acido desoxirribonucléico—, formando hélices, que a su vez están compuestas por muchísimas bases de nucleótidos.

En estas hélices se encuentran los genes, integrados por la codificación de algunas de esas bases, diferentes para cada persona.

Todo esto lo investigó el doctor Collins, y secuenció toda esa información en el ser humano. Tarea trabajosa e inconmensurable.

En un libro muy interesante de este autor: «¿Cómo habla Dios? La evidencia científica de la Fe», de 2016, explica el genoma humano, que contiene millones de nucleótidos, y está escrito en códigos de 4 bases: Guanina, Citosina, Adenina, Timina, que se van combinando por pares determinadas. Algo impresionante y sobrecogedor, que ha llevado mucho tiempo y trabajo investigar, tratar de comprender, secuenciar, y transcribir.

Sin embargo, los genes no son determinantes, sino que se expresan o no según el estilo de vida de cada persona.

Todo esto apunta claramente a  un Dios sabio,  creador de toda esa maravilla y complejidad. Y que además, nos hace libres y pone en nuestras manos la responsabilidad de qué hacer con la propia vida, con nuestros talentos, con nuestro afecto y relaciones personales, con el tiempo que se nos ha dado…

  • Otro científico, Nobel de Física:  Robert Andrews Millikan,  galardonado en 1923 por investigar la carga del electrón, y el efecto foto eléctrico, aunque también estudiaba los rayos cósmicos.
Robert Andrews Millikan / Imagen – National Archives

Apunta algo que mucha gente joven cree cierto, y no lo es: esa  pugna entre ciencia y religión. 

«Los hombres que saben muy poco de ciencia y los hombres que saben muy poco de religión se pelean, y los espectadores se imaginan que hay un conflicto entre ciencia y religión, cuando el conflicto sólo es entre dos tipos diferentes de ignorancia». – Robert Andrews Millikan

Y de forma más clara nos dice: «Puedo de mi parte aseverar con toda decisión que la negación de la fe carece de toda base científica. A mi juicio jamás se encontrará una verdadera contradicción entre la fe y la ciencia».

Sostiene que no conoce ninguna persona inteligente que no crea en Dios… Es más,  no cree que se pueda ser de veras un científico cabal sin creer en Dios,  pues salta a la vista y al pensamiento en cualquier investigación que se haga a fondo.

  • En esta línea, otro gran físico, uno de los mayores de todos los tiempos:  Werner Heisenberg,  Nobel de Física en 1932, y de los primeros en mecánica cuántica, asevera algo impresionante: 

«Creo que Dios existe, y que de Él viene todo. El orden y la armonía de las partículas atómicas tienen que haber sido impuestos por alguien.” Y esto sucede en lo diminuto, y en lo inmenso.

Werner Heisenberg / Imagen – ETHeritage – ETH Zürich

Por eso nos dejó clara una idea muy relevante:  «El primer trago de la copa de las ciencias naturales te hará ateo, pero en el fondo de la copa Dios te está esperando”.

Algo que legó a la ciencia, relacionado con la física cuántica, que descubriera M. Planck, es el Principio de Indeterminación de Heisenberg. 

Viene a decir que no se puede medir simultáneamente y con precisión dos magnitudes conjugadas variables, por ejemplo la posición y la velocidad de una partícula, al mismo tiempo… Cuanto más se conoce una de ellas, menos la otra, y viceversa. El universo posee una cierta incertidumbre…

Esto es como para que veamos que  nada está predeterminado.  Todo puede variar según lo que hagamos, el estilo de vida de cada persona. Y en último término, que somos libres los seres humanos, ese regalo tan valioso que se nos ha dado. La facultad raíz que denomina el filósofo Carlos Cardona. No estamos determinados por desconocidas fuerzas ignotas, tenemos libre albedrío.

Incertidumbre y libertad se conjugan asombrosamente. En este sentido, aclaraba Tomás de Aquino que el precio de la libertad es la incertidumbre.

Más adelante, este científico tan notable señala un pensamiento importante para el sentido de la propia vida:

«Donde no quedan ideales rectores que apunten al camino, la escala de valores desaparece y con ella el significado de nuestras acciones y sufrimientos y al final sólo se extiende negación y desesperación…  La religión es por eso la base de la ética y la ética la presuposición de la vida«.

  • Vamos con otro investigador, de gran renombre, el doctor  Santiago Ramón y Cajal,  Nobel de Medicina en Fisiología en 1906, y padre de la actual neurociencia.
Santiago Ramón y Cajal / Imagen – Wikipedia

Trabajaba con su esposa Silveria Fañanás, quien le ayudaba mucho en sus estudios, dibujos y fotografías con técnicas artesanales originales…

Él investigaba el cerebro, y descubrió las neuronas como células independientes. Algo sorprendente en su tiempo, y además, el funcionamiento y fisiología celular y cerebral. Esto también asombroso, teniendo en cuenta que sólo contaba con un microscopio óptico.

Nació en el seno de una familia aragonesa.  Trabajaba mucho, muchísimo, y con entusiasmo.  «El secreto para llegar es muy sencillo; se reduce a dos palabras: trabajo y perseverancia».

Siempre con  optimismo…  Él decía: «Huyamos del pesimismo como de virus mortal: Quien espera morir, acaba  por morir; y, al contrario, quien aspira a la vida, crea vida. Seamos, pues, optimistas”.

Sabía, después de tantas horas de investigación al microscopio, y de sus trabajos,  estudio, anotaciones y dibujos detallados con precisión, que el cerebro es cambiante, y muy plástico… «Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro». 

Está en nuestras manos formar un buen cerebro… Y aún el peor dotado es susceptible…, si se cultiva, «de rendir copiosa mies”. Además nos da esperanza en cualquier caso: con alteraciones neurológicas o enfermedades, o sin ellas.

Respecto a la educación, y algo presente con sus alumnos, sostiene: “Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de neuronas cerebrales adormecidas. Es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo, e infundirles nobles y elevadas inquietudes».

Qué importante es la ilusión y la pasión  por lo que a uno le motiva…  Y no conformarse con cualquier motivo:  elevar motivaciones, que sean nobles y valiosas, que no miren tanto a uno mismo, sino que aporten a los demás. Eso da mayor plenitud personal, y como consecuencia mayor dicha.

Buscaba y fomentaba los talentos en sus alumnos… anclados en su trabajo. Porque: «el trabajo sustituye al talento; mejor dicho, crea talento», y las ideas no duran mucho, hay que hacer algo con ellas.

Es decir, ponerse a la acción. En esta línea escribe: “Si hay algo divino en nosotros es la voluntad. Con ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter, desafiamos las adversidades, reconstruimos el cerebro, y nos superamos diariamente”. Tener esto claro en el punto de mira siempre es bueno. Nos convertimos en protagonistas de nuestra vida. 

«El trabajo sustituye al talento; mejor dicho, crea talento.» – Ramón y Cajal

Respecto a su pensamiento sobre la investigación científica, y el tema que nos ocupa, algo realmente hermoso y poético:

“Y a los que dicen que la Ciencia apaga toda poesía… contéstales que tú sustituyes otra mucho más grandiosa y sublime, que es  la poesía de la verdad,  la incomparable belleza de la obra de Dios y de las leyes eternas por Él establecidas.”

«Al científico le ha sido dado desentrañar la maravillosa obra de la Creación, para rendir a lo Absoluto el culto mas grato y acepto, el de estudiar sus portentosas obras, para en ellas, conocerle, admirarle y reverenciarle…  El científico es un confidente del Creador”.

Esta idea la perciben los grandes artistas, por ejemplo entre los músicos L. van Beethoven, J. S. Bach, y también en otros campos del arte como la pintura, escultura, algunos escritores y filólogos, como el que antes mencionaba… etc.

Cajal percibe que «la hermosura es la carta de presentación de Dios», de un Dios que le gusta pasar desapercibido. Pero, quien sabe mirar lo descubre por doquier.

En otro momento, sobre la felicidad, sostiene algo con mucha trascendencia, que quizá olvidamos: que  no hay felicidad sin virtud, ni virtud sin religión…  Trabajo y virtud señalan su vida, y ese gran legado que nos ha dejado, base de multitud de aplicaciones relevantes y prácticas en la medicina actual.

Hablando sobre la  muerte…,  un tema muy presente entre los médicos, pero que se suele esquivar, o adormecer con miles de sensaciones epidérmicas, efímeras, que se esfuman:

“Es necesario pensar con frecuencia en la muerte si se quiere saber el valor de las cosas de la vida. Si la vida es causa de la muerte, y la muerte engendra la vida, miremos a ambas con el mismo amor o con la misma indiferencia.”

Y una nota de alegría y esperanza en el trabajo esforzado: «concluida la ardua labor seremos olvidados, como la semilla en el surco; pero algo nos consolará el considerar que  nuestros descendientes nos deberán parte de su dicha y que, gracias a nuestras iniciativas, el mundo resultará un poco más agradable e inteligible”.  Algo que agradecemos mucho y atesoramos.

El comienzo del universo

Muchos científicos y pensadores a lo largo de los tiempos se han preguntado: ¿el universo comienza en un determinado momento?, o es un universo estático, sin cambios, que siempre ha existido y siempre existirá…

Esta última hipótesis la barajaban muchos ateos, pues así no habría que explicar qué o quién, tan inteligente y sabio, lo creó…

Sin embargo,  la gran mayoría de grandes Premios Nobel de ciencias recientes descubren a Dios precisamente en las ciencias que investigan.  Les llevan necesariamente a un Dios Creador. Creador del universo. Vamos a investigar un poco…

En este sentido te recomiendo un libro que acaba de salir: «Nuevas evidencias científicas de la existencia de Dios”. Es un libro riguroso, a la vez que legible, de José Carlos García-Hurtado, que puede ayudar a entender esos recientes avances, y precisamente todos en la misma línea…

Así cada uno pueda sacar conclusiones para su vida, pues el alcance es enriquecedor y muy relevante. Merece la pena pensar un poco sobre ello.

* Respecto al comienzo del universo…

En él explica algunas  cosas que ya están demostradas científicamente.  Por ejemplo, hace aproximadamente 13.770 millones de años comenzó del universo. Y lo hizo mediante el llamado «Big Bang».

Este comienzo lo descubrió el investigador belga George Lemaître. Él era matemático, astrónomo y físico, y trabajaba en la Universidad de Lovaina en Bélgica. Año 1927.

Aunque el nombre de Big Bang se lo puso otro científico en plan de chiste… para desprestigiarle, porque además Lemaître era sacerdote católico. Fue  Fred Hoyle,  astrónomo, uno de los creadores del universo en estado estacionario. Es decir, algo estático, que no tenía un origen, y por tanto tampoco un final…

Fred Hoyle / Imagen – Getty Images

Pero más tarde, y ante las evidencias demostradas, Hoyle tuvo que reconocer ese hecho del momento inicial del universo. La llamada singularidad. Y eso le acerca a un Dios creador. Cambia de opinión y se hará teísta, y trabajará en esa línea.

Percibe que las leyes de física nuclear están puestas a propósito…, las constantes, parámetros y variables cosmológicas muy afinadas, y tantas otras “casualidades”, por llamarlas de algún modo, e imposibles, que convergen en la creación de nuestra galaxia, del sistema solar, y su enfriamiento, precisamente para que comience la vida en la Tierra… Es consciente de que esas leyes y parámetros se han puesto así, de esa manera muy concreta y precisa, por alguien increíblemente sabio.

Vamos al origen del universo. Parafraseando al autor del libro, en 1931 un sacerdote católico es invitado a Londres por la Sociedad británica para el avance de la Ciencia, para hablar de la relación del universo físico y la espiritualidad.

Allí expone por primera vez su idea del  «átomo primigenio»,  algo que ya había investigado los años anteriores. Y en concreto en 1927 lo publica en una Revista belga: Anales de la Sociedad científica de Bruselas. Es lo que se llamará  la Teoría del Big Bang,  y lleva a la ciencia a considerar la necesidad de un Creador.

En esos años del descubrimiento de Lemaître, en otros campos algún científico “tumba” el programa del más «famoso» matemático, prácticamente demostrando  la necesidad de Dios en las matemáticas.  Será Kurt Gödel.

Así como  el desarrollo de la Cosmología,  que confirma la Segunda ley de la Termodinámica, y se estudia la entropía, relacionada con el azar de un sistema.

Sin embargo, los investigadores ven que el universo es muy regular y ordenado, algo asombroso e inesperado, porque lo lógico hubiera sido que fuera caótico, y además se colapsara por la gravedad. Y contra todo pronóstico, se expande…      

Estos  descubrimientos,  y otros muchos, harán hacerse añicos el ateísmo cientificista materialista imperante. Y ese prejuicio sobre el «choque» de la ciencia con otros conocimientos y creencias más humanísticas o espirituales…      

Todo lleva a lo mismo: a la existencia de un Dios creador. Y se está demostrando en todos los ámbitos del saber.

Por ejemplo, en la astronomía.  Robert Jastrow,  científico estadounidense posterior, dice que los astrónomos se han puesto ellos mismos en un callejón sin salida, pues demuestran que el mundo empezó abruptamente en un acto de creación del que se pueden encontrar trazas en cada estrella, en cada planeta, en cada ser viviente… (Es la «radiación cósmica”, que ya previó Lemaître).

Y todo ello pasó como producto de fuerzas que no tienen esperanza en descubrir; que hay lo que se llamarían fuerzas sobrenaturales “trabajando”. Esto es ahora un hecho científico comprobado.

R. Jastrow, astrónomo, Nobel de Física en 1978, fue profesor de la Universidad de Columbia, y dirigió el Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA. Formó parte del comité de exploración en el proyecto Apollo, que llegó a la Luna.

Robert Jastrow / Imagen – Wikipedia

Este investigador dice que ….»la cadena de acontecimientos que llevaron hasta el hombre comenzó de repente y bruscamente, en  un momento definido en el tiempo,  en un fogonazo de luz y energía…»

Él era agnóstico, y ante esos descubrimientos impresionantes se convierte en teísta. Manifiestala necesidad científica de un Creador.

Es más, una cita suya especialmente simpática, que refleja un poco su trayectoria vital:

«Para el científico que ha vivido por su fe en el poder de la razón, el final del relato es como una pesadilla. Él ha escalado las montañas de la ignorancia; está a punto de vencer el pico más encumbrado; al momento de arrastrase con esfuerzo sobre la última roca lo saluda un grupo de teólogos que llevan siglos allí sentados”.

Todo el universo «sale» de ese momento creacional del Big Bang, como ya refiere Lemaître en el año 1927.  Lo cual apunta a un Creador, pues  no puede haber una «causa» sin un «causante».  Pero en ese momento había muchos prejuicios… No fue escuchado, ni era popular precisamente.

Bastantes años más tarde, en 1965, se descubre la “radiación cósmica de fondo” 2v de esa explosión original. Lo cual induce a pensar efectivamente, en la certeza del Big Bang… La descubren  A. Penzias y R. Wilson cuando estaban tratando de resolver un problema de comunicación vía satélite. Perciben esa radiación que se originó con el Big Bang.

Y además se comprueban todos los hallazgos en los años posteriores por diversos satélites, en concreto el satélite soviético  Relikt-1,  que mide y confirma el Big Bang en 1983, luego el  Explorer 66 o COBE,  americano, y el  Explorer 80 o WMAP,  que viaja en el tiempo hacia atrás…, y hasta confirma la edad del universo y su composición… etc. Más tarde, el satélite  Planck  de la Agencia Espacial Europea, corrobora de nuevo los descubrimientos.

Con todo ello queda confirmado, sin lugar a dudas, el origen del universo mediante el Big Bang. Todavía hay «rastros» de aquella magna explosión constatados por doquier.

Y lo que se crea en esa explosión inicial es toda la materia del universo, con el espacio y el tiempo, que son otras dimensiones de la creación, como investigará A. Einstein.

De esos datos científicos se deduce que  lo que creó el universo, o mejor, Quien lo creó, no es material, ni está sujeto al tiempo o al espacio.  Está «fuera», o por así decirlo, «por encima» de todo ello.   

Y, como decía, se descubre que esa materia inicial se expande. Es decir, las distancias entre las galaxias se incrementan de forma progresiva. Es lo que traduce la ley de Hubble, en 1929, que luego se llamará de Hubble-Lemaître, pues ambos lo estudiaron, cada uno por su cuenta. Y viene a decir que todas las galaxias se alejan, y cuanto más lejos están, mas rápido lo hacen.

Esto lo vio Lemaître en 1927, y publicó en la revista de Bruselas. Pero luego…, su articulo fue manipulado al ser traducido al ingles: alguien cortó párrafos clave. Se publica en la revista Nature en 1931 y en Popular Science en el 1932 de ese modo cercenado. Así que los científicos no lo leyeron correctamente.

Mucho más tarde se encontrará una entrevista con G. Lemaître, de 1964, en la que el propio científico decía que  la expansión del universo no fue admitida porque hacía necesaria la idea de una creación.  Por eso la teoría del Big Bang quedó relegada hasta que saltaron nuevas evidencias que confirmaron su pensamiento.

Antes de morir este gran astrónomo,  Lemaître,  año 1965, es cuando se descubre la radiación de fondo que comentaba, con lo cual supo con alegría que se confirmaba lo que él postulara muchos años antes.

Ahondar en la belleza de la Creación
George Lemaîtr / Imagen – European Space Agency

Respecto a la ley de Hubble-Lemaitre, Jastrow afirmará que es “uno de los grandes descubrimientos de la ciencia, y es uno de los mayores apoyos de la historia científica del Génesis».     

«La ley de Hubble-Lemaitre es uno de los grandes descubrimientos de la ciencia, y es uno de los mayores apoyos de la historia científica del Génesis». – Jastrow

Resumiendo, el universo no es infinito: tiene un principio, un espacio y límites estudiados, un tiempo, así como una cantidad de materia, ya tasada. Y se expande.        

Un dato curioso: sólo el 4,6% es materia visible…, la energía oscura comprende el 72,4 %, aproximadamente, y la materia oscura el 23%. Y se ha visto que esa expansión es debida a la energía oscura, que lo acelera.

Los “agujeros negros” serán estudiados por  S. Hawkins y R. Penrose,  así como la singularidad, donde las leyes físicas no se pueden aplicar.

Continuará…


Mª José Calvo

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Mª José Calvo

Médico de familia por la Universidad de Navarra. Orientadora familiar y de pareja por IPAO y a través del ICE de la Universidad de Navarra. Escritora habitual en la revista Hacer Familia, en temas de pareja, y ciencia educativa. Autora de http://optimistaseducando.blogspot.com/

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