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El caso «Unabomber» – Último capítulo

Tras 17 años de intensa búsqueda por parte del FBI, sólo un hombre, Jack Fitgerald, supo cómo era el asesino, pero ignoraba que Ted Kacynski, escondido en una cabaña en Montana, era... "Unabomber".

Paloma Girona Hdez. por Paloma Girona Hdez.
28 octubre, 2018
en Relatos y Cuentos
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Home Arte y Cultura Relatos y Cuentos
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Capítulo I

Cuando Carrie vio a Jack, corrió a abrazarlo. El Jefe Olson, tras la cortinilla de su despacho, observaba la escena.

— ¡Jack! ¿qué haces aquí? Pero qué alegría ¿cómo están en casa?
— Bien, bien, Samantha y los niños bien. Hablé el otro día con Olson y hemos quedado. Es un paso, ya sabes que no quiere saber nada de mí... Oye, ¿habéis encontrado algo en los restos del último bombazo? ¿Carter Cacahuet, verdad? No recuerdo bien toda la información.
— Nada.Todo apunta a Unabomber, pero no se han hallado pruebas concluyentes. Ha sido él, sin duda, pero no vemos ninguna conexión para la venganza, salvo que Cacahuet había comprado unas acciones en "Satellite Line", lo más tecnológico y avanzado hoy en día. Ya sabes, Unabomber odia todo lo que implique progreso...

Nueva hipótesis

El Jefe Olson le hizo una señal a Jack. Estuvieron horas discurriendo la última hipótesis del agente Fitgerald. ¿Por qué Unabomber puso otra bomba si habían cumplido con lo pactado? La única explicación posible era que, como señalaba Jack en el perfil del terrorista, éste fuera un ermitaño, y no se enteró de la publicación de su manuscrito: «La Sociedad industrial y su futuro» en el Washington Post. Además, con esta nueva teoría Jack apuntaba algo nuevo. Otra vez rompía el círculo vicioso de una investigación sumida en el abismo.

Si todos los paquetes bomba se echaron a buzones de la Bahía de San Francisco, siempre se pensó que el terrorista vivía por la zona. Pero era la primera vez que Jack lo cuestionaba.

Unabomber
Síntesis en inglés del perfil de Unabomber y los lugares donde puso bombas.

El agente apostaba porque Unabomber, al rebelarse contra la forma de vida actual, no tendría ni coche, ni apenas medios para vivir, que no llevaría una vida normal, y que por tanto, para él, el tiempo tenía otro valor absolutamente diferente al del resto de la gente, sumida en otro ritmo de vida. Lo que finalmente indicaba que Unabomber se había desplazado en tren o autobús desde quién sabe qué otro punto del mapa americano, para enviar sus paquetes bomba.

El jefe Olson le escuchaba atentamente, con respeto.

La bibliotecaria y su hijo

Mientras Peter se peleaba con sus deberes, su madre Jessica atendía la biblioteca de Lincoln, un pequeño pueblo perdido en los bosques de Montana.

— ¡Ted! Qué bien que has llegado, no entiendo estos problemas de mates, ¿me ayudas? Suplicaba el pequeño al mugriento y tímido Ted.
— Sí, claro Pit, ¿qué se te ha atascado esta vez?
Unabomber
A Washington Post newspaper contains the Unabomber’s manifesto September 19, 1995 in USA. At the request of Attorney General Janet Reno and the F.B.I., The Post published the unedited 35,000-word manifesto of the Unabomber, Theodore J. Kaczynski, in the hope of ending his seventeen year letter bomb campaign. (Photo by Evan Agostini/Liaison)

Al acercarse al niño, algo llamó la atención de Ted. Echó un vistazo a los periódicos y se fijó en un Washington Post atrasado, donde pudo ver claramente en portada que ¡SU MANIFIESTO FUE PUBLICADO! Nervioso lo cogió y se lo puso bajo el brazo. Se sentó con Peter un buen rato y en cuanto pudo se largó. Jessica y Peter eran los únicos amigos de verdad para Ted.

— Gracias Ted, inquirió Jessica. 
— Pero ¿por qué te marchas tan pronto? Ted se dió media vuelta, la saludó con una sonrisa sin decir nada.
— ¡Ted! Te dejas del pastel de carne... Pero Ted ya no la oía, pedaleaba con todas sus fuerzas en dirección a su cabaña.

Una llamada desde París

Katherine Kacynski desayunaba desde su habitación con vistas a la Torre Eiffel. Un día sin reuniones, por fin podría disfrutar de París. Lamentaba que su marido no estuviera a su lado, pero los negocios son los negocios, se recordaba cuando le echaba de menos.

Mientras ojeaba las revistas y periódicos amontonados, le llamó la atención la portada del Washington Post, era de unas semanas atrás. Ella, como millones de americanos, seguían con ansia cualquier novedad del caso «Unabomber». Comenzó a leer el manifiesto del terrorista. A medida que avanzaba en la lectura se ponía más y más nerviosa, se puso fría, tensa, la angustia comenzó a invadirla, respiraba con dificultad. Ella ignoraba qué era el idiolecto, aquello que marcó un antes y un después en la investigación del agente Fitgerald.

— Sí, por favor, póngame una conferencia a Chicago, al 564.876.987.
— ¿David? Escucha,busca el Washington Post del 13 de marzo.
— ¿Qué te ocurre cariño, están bien?
— Sí, estoy bien, por favor, hazme caso busca ese periódico. Salgo esta noche, te llamaré desde el aeropuerto para decirte mi vuelo. Ven a buscarme. Te quiero. 

La familia Kacynski

Katherine plantó el periódico en la mesa y sacó de una caja cientos de cartas de Ted, su cuñado. Todo lleno de papeles, por el suelo, por toda la cocina. Las cartas de Ted no eran precisamente breves. David miraba perplejo a su mujer agitada, se podría decir que histérica.

No entendía a dónde quería ir a parar su mujer. Discutieron, se gritaron. Ella trataba de convencerle que quien había escrito el manifiesto y las cartas era la misma persona ¡Su hermano! David se cerró en banda, argumentaba con balbuceos, sin reconocerse a sí mismo. Simplemente ¡No-era-posible!

Pasaron unos días y decidieron ir a ver a la madre de David. Ella les escuchaba, la tristeza le invadía, pero en lo más íntimo de su alma supo que aquello que no quería oír, era la verdad. Su hijo mayor, a quien no veía desde hacía años, era un asesino.

Decidieron contactar con la unidad del FBI en San Francisco.

Jack conoce a Ted

Los acontecimientos se desarrollaron rápido. Cuando Jack y Carrie se entrevistaron con David Kacynski, todo cuadró de golpe. En silencio escuchaban el relato de David y Katherine. Con delicadeza les hacían preguntas clave para ellos, su estado mental, cómo lo describirían, si había sufrido algún tipo de trauma, etc.

UnabomberTodo encajaba. Vieron fotos de él, de la cabaña que construyeron David y Ted de jóvenes en Lincoln, Montana. Cuando Jack vio el rostro de Ted Kacynski, se quedó 5 minutos en silencio, absolutamente en otro mundo, entró en diálogo con él. Tanto tiempo Ted, tanto tiempo y por fin te tengo.

En el fondo, aún sabiendo que Ted Kacynski era un ser perverso, Jack le admiraba. Leer su manifiesto cientos de veces, sus cartas a los periódicos, provocó en el agente del FBI un respeto y una admiración enormes por «Unabomber». Incluso cambió su forma de vida, se fue haciendo rebelde, a su manera, como «Unabomber». El agente reconocía la genialidad de Ted y le daba la razón en muchos de sus postulados. Pero también veía al monstruo, al asesino irracional y aún ignoraba el porqué, qué provocó tanta maldad en un ser humano. Una mente brillante, superdotada, con una educación óptima, habiendo estudiado en una de las mejores universidades del país, y que se volviera un asesino. Eso, y sólo eso carcomía a Jack.

Una plaga de conejos

Cuando el Jefe Olson admitió que estaban ante un 99 % de certezas para capturar a «Unabomber», se dispuso un operativo. Por parejas, paulatinamente fueron llegando agentes a los bosques de Lincoln, y comenzaron a recabar información. Qué hacía Ted, cuándo salía de su cabaña, cuántas horas permanecía en ella. A dónde iba con la bicicleta. Cuándo salía a cazar. Así, en pocas semanas dominaban la rutina del hombre más buscado de América.

Recurrieron al Sheriff y al guardabosques de Lincoln. Cuando el FBI les explicó quién era Ted en realidad, no les creyeron. Para todos, Kacynski era un ser pacífico, extraño, casi infantil, «incapaz de hacer daño a nadie», decían ambos. Al final accedieron. Su misión consistía en acercarse a la cabaña de Ted para lograr que saliera, la excusa: una plaga de conejos.

Y así fue, el desconfiado Ted abrió la puerta, les saludó y por un extraño motivo se resistía a salir de la cabaña. El guardabosques le insistía para que fuera con él a revisar todas las trampas de su propiedad, porque necesitaban instalar en sus terrenos unos dosificadores programados. Al oír aquello Ted se puso irascible, se negó. Odiaba la tecnología.

Finalmente salió y rápidamente unos agentes apostados le apuntaron y obligaron a que se tirara al suelo. Incrédulo, se tumbó y fue esposado. No puso resistencia, pensaba que era un mal sueño, nadie, se repetía, nadie nunca le descubriría. Pero sí, fue descubierto y la cabaña llena de pruebas que aseguraban que Ted Kacynski era «Unabomber».

Sí, Jack y Ted se conocieron a fondo, se vieron cara a cara en el juicio. A la única persona que Ted Kacynski pidió ayuda en su vida, fue al agente Jack Fitgerald.

Hoy en día «Unabomber» permanece en una cárcel de máxima seguridad cumpliendo cadena perpetua. Mantiene correspondencia con miles de admiradores en todo el mundo…

FIN

Puedes conocer la historia completa en la Serie de Netflix: «Manhunt».

 

Source: Paloma Girona Hdez.

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