Los cineastas, Jean-Pierre y Luc Dardenne, filman cómo la vida se abre paso, incluso en condiciones de extrema dificultad. Su película ‘Recién nacidas’ aborda la maternidad precoz, la fragilidad, el cuidado y la responsabilidad por el Otro, a través de las historias de cinco adolescentes que conviven en un centro de acogida y luchan por construir una vida mejor para ellas y para sus hijos. Su enfoque va a contracorriente de la cultura contemporánea, al defender que la dignidad humana se garantiza cuando cada vida tiene una oportunidad real de desarrollarse.
La dignidad humana se garantiza cuando cada vida tiene una oportunidad real de desarrollarse.
Jessica (Barbette Verbeek) está a punto de dar a luz y siente la necesidad de conocer a su madre biológica para comprender las razones que la llevaron a entregarla en adopción nada más nacer. Al descubrir que Morgane (India Hair) también fue madre adolescente, Jessica reconoce en ella un reflejo de su propia historia: maternidades en soledad, marcadas por paternidades no asumidas y por la vergüenza social asociada a ser madres solteras. Este reconocimiento genera un vínculo inesperado entre pasado y presente. Aunque Jessica desea hacerse cargo de su hija, Alba, la inminencia del parto despierta en ella el temor de no poder sostener esa responsabilidad por sí misma.
Perla (Lucie Laruelle) es madre de Noé. Ha dado a luz hace escasas semanas con la esperanza de formar una familia junto a su novio, Robin (Gunter Duret). Ahora, este se niega a continuar la relación y tampoco quiere asumir la responsabilidad de ser padre. De origen africano, Perla carga con el peso del alcoholismo de su madre ausente y con el temor de reproducir ese mismo patrón en su propia vida. Para ella, criar a un hijo sin la presencia del padre equivale a una familia incompleta, una herida en su idea de pertenencia y estabilidad afectiva. Su mirada se vuelve hacia su hermana Angèle (Joely Mbundo) que representa el modelo de vida que desearía alcanzar: una mujer con esposo, dos hijos y un pequeño negocio, símbolo de equilibrio y legitimidad social.
Julie (Elsa Houben) y Dylan (Jef Jacobs) son exdrogadictos y padres de Mía, una niña de pocos meses. Aunque intenta reconstruir su vida y ha comenzado unas prácticas como peluquera, Julie vive con el temor constante a una recaída, un miedo que pronto se confirma. Marcada por los abusos sufridos en la infancia a manos de su padrastro, Julie lucha por sostener una nueva identidad, libre del dolor y de la dependencia de las drogas. Dylan, ya rehabilitado, se convierte en su principal apoyo. Desea casarse con ella y criar juntos a su hija, en un intento por dar a la pequeña Mía el hogar estable y afectivo que ambos nunca tuvieron.
Ariane (Janaina Halloy) es madre de Lily con apenas quince años y ha decidido confiarla a una familia adoptiva. No quiere que su hija repita el ciclo de extrema pobreza ni exponerla a la violencia doméstica que ella misma ha sufrido, circunstancias que llevaron a los servicios sociales a apartarla del núcleo familiar antes del nacimiento de Lily. Su decisión está guiada por un deseo profundo de ofrecer a su hija una vida más estable y amorosa. Ariane aspira a continuar sus estudios —ha superado las pruebas de acceso al bachillerato— y sueña con un futuro en el que pueda ser enfermera o piloto de avión. A diferencia de su madre (Christelle Cornill), la adolescente cuida de su hija con una ternura y responsabilidad ejemplares, convencida de que confiar a su hija no es abandonarla, sino la forma más alta de amor, al permitirle tener una familia y las oportunidades que a ella le fueron negadas.
Naima (Samia Hilmi) tiene una presencia breve, pero decisiva en la película, Su historia adquiere una gran carga simbólica. No siente vergüenza por ser madre soltera y se encuentra a punto de cumplir su sueño de trabajar como azafata de tren. Su familia de origen musulmán que, en un primer momento, la rechazó por su embarazo, ha terminado por aceptarla, permitiéndole reconstruir los lazos rotos. Además, la joven ha logrado la estabilidad suficiente para alquilar un pequeño apartamento y comenzar una nueva etapa junto a su hija. A los ojos de sus compañeras, su historia encarna una posibilidad de esperanza: la evidencia de que, incluso en contextos de vulnerabilidad, es posible que se abran caminos y oportunidades reales de desarrollar proyectos auténticos de vida.
La casa maternal, como territorio ético
La casa maternal en la que conviven las madres adolescentes constituye un territorio ético donde lo humano se aferra al calor y a la lucha acompañada para construir una vida mejor para ellas y para sus hijos. En este lugar, se les enseña a cuidar, a responsabilizarse de sus bebés y también de ellas mismas, sin miradas condescendientes ni juicios. A través de los sencillos gestos cotidianos —alimentar, arrullar, asear, sostener o empujar el carrito del bebé— las jóvenes madres aprenden que el cuidado es una forma de atención y reconocimiento ético que va transformando la interioridad personal hasta lograr la mejor versión de uno mismo. Los pequeños hábitos se transforman en actos fundacionales de responsabilidad y compromiso en los que se forja el vínculo con el hijo y se responde a un llamado moral que parte del reconocimiento de la fragilidad de la vida humana y de la interdependencia que la sostiene, frente a una noción de autonomía individualista o condicionada por la conveniencia y el interés propio.
Los actos sencillos muestran que la maternidad no puede reducirse a un hecho biológico, sino que implica asumir la vida del Otro como propia y reconocer la dignidad intrínseca de las personas en todas las etapas vitales, incluso en contextos de determinismo económico y social. La película sugiere que asumir la maternidad y cuidar de la vida, incluso en circunstancias complejas constituye una forma de resistencia a la deshumanización y a la cultura de la muerte contemporánea.
Jean-Pierre y Luc Dardenne ofrecen una visión luminosa de la maternidad precoz y de la protección de la vida vulnerable. Al mostrar cómo las madres adolescentes asumen sus responsabilidades y transforman la existencia, la película propone una lectura que va a contracorriente de la cultura contemporánea. El film subraya que la ética del cuidado y la responsabilidad afectiva son esenciales para reconocer la dignidad humana y garantizar que cada vida tenga un valor incuestionable y una oportunidad real de poder desarrollarse cuando no es interrumpida. El arte sin artificios promueve una naturalidad que desarma la ideología y las lógicas sociales. Además, cuando el mundo se vuelve un lugar difícil para sostener la esperanza es cuando más necesitamos creer que el bien puede triunfar y participar de la alegría de que se imponga la esperanza y la humanidad. Esto es lo que logra el cine de los hermanos Dardenne, sin discursos, sin deformar a las personas ni los sentimientos, sino desde una fe inquebrantable en el ser humano.
“¿Por qué seguir filmando, si no es con la esperanza de que las películas puedan despertar el amor al prójimo en aquellos y aquellas que las miran? Nos gustaría que la nuestra se vea como un cara a cara con los espectadores y que se puedan abrir a la fragilidad de estas jóvenes madres y de sus hijos. Esto les permitirá experimentar un nuevo nacimiento, una verdadera emoción de ternura que conmueva y ablande la dureza de los corazones”, señalaba Luc Dardenne, en una entrevista personal, publicada en la revista Scio[1].
Los carritos de los bebés —empujados por las madres y por Dylan que es el único padre que se hace cargo de su hijo—, adquieren un protagonismo que no sirve a su función utilitaria reconocida, sino porque son portadores de sentidos y significados penetrantes de libertad creadora. Las madres aprenden a sostener una vida vulnerable, a acompañarla, y a entrar en relación con ella en un contexto, en ocasiones, de conflicto con una nueva realidad que les cuesta asumir. De alguna manera, los carritos se vuelven mediadores éticos que coadyuvan al aprendizaje del cuidado, la responsabilidad y el afecto.
Valoración bioética
La película es profundamente inspiradora. Pero esto es algo que solo se puede comprender al verla. El título en la versión española de Recién nacidas ya remite simultáneamente a las nuevas vidas que llegan al mundo y a las madres jóvenes cuya existencia se transforma radicalmente a partir de la maternidad, otorgándoles, en muchos sentidos, una segunda oportunidad para replantearse su vida y sus vínculos. Este doble sentido establece de inmediato un marco bioético en el que la película invita a reflexionar sobre la vulnerabilidad, la responsabilidad y la dignidad en contextos de maternidad precoz y precariedad social.
La fragilidad de las jóvenes madres y las condiciones materiales adversas no pueden, sin embargo, convertirse en justificación para la desprotección o la eliminación de una vida humana. Esta, incluso en la vulnerabilidad de su origen, merece ser reconocida y acompañada. Desde una perspectiva bioética, esto exige articular una doble mirada: por un lado, la afirmación incondicional del valor de la vida; por otro, el compromiso activo con la justicia social que permita hacerla sostenible. No se trata de contraponer ética y política, sino de reconocer que la defensa de la vida solo es plena cuando se garantiza el acceso a los recursos, apoyos y estructuras que posibilitan su desarrollo digno[2]. En este sentido, la responsabilidad ética se extiende también al ámbito de las instituciones. Corresponde a las políticas públicas arbitrar los medios que acompañen el nacimiento y el reconocimiento de la vida, ofreciendo a las madres e hijos las condiciones necesarias para desplegar sus proyectos vitales en libertad y dignidad. Únicamente una economía moral, centrada en el uso justo y responsable de los bienes comunes y no en indicadores macroeconómicos abstractos, puede responder al perjuicio y al sufrimiento que recae en los vulnerables y restituir la dignidad allí donde el sistema los invisibiliza y los deja al margen[3]. En este espacio, la cámara de los Dardenne se constituye en una aliada.
Ficha técnica
Título original: Jeunes mères
Año: 2025
Directores: Jean-Pierre y Luc Dardenne
País: Bélgica
Duración: 105 min.
[1] Aygües, A. (2025). “El cine es una catarsis de todo lo que aniquila nuestra humanidad” (Entrevista con Luc Dardenne). Scio. Revista de filosofía, nº 28, septiembre de 2025.
[2] Cortina, A. (). Aporofobia, el rechazo al pobre. Paidós.
[3] Sanmartín, J. (2015). Bancarrota moral. Sello. También en la obra de Sen, A. (2020). Sobre ética y economía. Alianza.




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