Se suele decir que las comparaciones son odiosas, pero cuando escuche ayer las palabras de León a los jóvenes, desde el primer saludo, me pareció estar escuchando a Juan Pablo II. El ánimo con el que empezó mostraba el entusiasmo de un alma joven, y el tono y seguridad en sus palabras, mostraban la fuerza de alguien que tiene al Señor, que sabe que le acompaña y no duda ni da vueltas a lo que va a decir, lo hace de forma directa y en paz porque…ha conocido la verdad de Dios. A eso animó a los jóvenes, a buscar la verdad.
Después de la bienvenida algunos jóvenes procedentes de diferentes parroquias de Madrid, fueron haciendo preguntas al Papa. Las primeras fueron para conocer un poquito más al Papa, pero a la persona que llega a ser Papa.
Al ser agustino, todos sabemos que San Agustín tuvo que ser importante para él, le preguntaron por cuales fueron los referentes espirituales además de él en lso años de su juventud que le influyeran en su vocación, por los recuerdos de sus años de misión en Perú y sus sentimientos al ser elegido Papa.
Sobre sus referentes, León XIV mencionó a San Juan Cristótomo –“me han impresionado especialmente sus catequesis, que unen el amor por la verdad y la rectitud de vida”–. Con su vida de fondo, el Papa alzó la voz para decirle a los jóvenes: “No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia
Fue un “no tengáis miedo” fuerte y claro, para animar a la vocación religiosa que resonaba como hace tiempo no se escuchaba.
Además, citó a dos santos españoles: el agustino Santo Tomás de Villanueva –“su ardiente caridad me ha alentado en los momentos de prueba”– y Santo Toribio de Mogrovejo –“un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo”.
Sobre su etapa en Perú, el Santo Padre, respondiendo a la pregunta de uno de los jóvenes, recordó “el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza”. ¡Dijo que fue, el “encuentro con las heridas y las alegrías del pueblo” lo que le hicieron crecer en su propia fe y en el seguimiento de Jesús. “Yo era transformado por el Evangelio, experimentando que la palabra del Señor lleva paz donde hay conflicto y se convierte, para todos, en fuente de reconciliación y de justicia”.
“Dios conoce bien vuestra voz” León XIV
En un segundo bloque de preguntas fue más profundo, los jóvenes quería saber cómo discernir la voz de Dios entre tantas voces, y cómo acompañar a quienes viven un proceso de descubrimiento de la belleza de la fe.
El Santo Padre respondió con tres consejos. Por un lado, puso en valor el silencio. “Para conocer la voz de Dios puede ayudarnos, ante todo, el silencio, que favorece la atención y el recogimiento”. En este sentido, ha afirmado que “en el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece”, y destacó la importancia de “buscar la verdad”, porque, “Dios es Verdad”.
En segundo lugar, llamó a los jóvenes a confiar en Dios. “Tened la certeza de que Dios conoce bien vuestra voz: Él os escucha y os responderá”. A esta confianza, León XIV le añadió la seguridad de que “la oración es una voz libre justamente porque no habla para rendir cuentas” sino que “cuando nosotros nos convertimos en oración, el Señor nos responde con su Verbo”.
El tercero de los consejos fue un llamamiento a la humildad. “Recordad que ninguno de nosotros nació siendo maestro y que, ante el Señor, somos siempre discípulos”. Una humildad que mueva a compartir el propio camino espiritual, “dando testimonio de él con coherencia de vida: la voluntad de seguir a Jesús os renovará constantemente”.
“Os invito –continuó– a actuar como pastores, educadores y amigos. Si rezáis con amor, los jóvenes apreciarán la importancia de la oración. Si ardéis en la fe, transmitiréis su fuego vivo. Buscad todos en vuestros corazones este fuego del amor de Dios, pues ahí está la presencia de Jesús y la presencia de Jesús se percibe incluso en los momentos de nuestras caídas, porque Jesús no nos abandona”.
“¡Somos libres en Cristo!” León XIV
El último bloque de preguntas estuvo centrado en la vida de fe comprometida , en cómo pueden vivir como cristianos comprometidos con la sociedad y sobre cuál es la misión concreta que el Santo Padre les pide. Durante el acto, el Santo Padre afirmó a los jóvenes recién casados o a poco de casarse: “No tengáis miedo al matrimonio ni a formar familias”.
Respondiendo a las preguntas, el Papa dijo: “Los discípulos de Jesús son siempre contemporáneos, pero nunca prisioneros del tiempo que pasa. ¡Somos libres en Cristo!”.
Tras afirmar que el sentido de la Historia culmina en la comunión con Dios, el Papa le ha recordado a los jóvenes que están llamados “a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos”.
“Viéndoos, queridos jóvenes, llenos de este entusiasmo motivado por la fe, me ilusiona pensar en la capacidad que tenéis de testimoniar a Cristo en el mundo, incluida la realidad digital”. En cuanto a la misión, ante la indiferencia, el conformismo, la violencia de la guerra y la mentira, el Papa le has encomendado que sean los propios jóvenes la “chispa de una humanidad nueva”.
“La misión que os confío es precisamente ésta: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella, como el pan de cada día. Personas que desean una vida honesta y recta”. Y ha animado a que tengan a los apóstoles y a los primeros cristianos como referentes. “Siguiendo su ejemplo, sed misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo”.
Tras terminar el diálogo, el Santo Padre firmó la Cruz de los jóvenes, elaborada para la ocasión y con unas dimensiones aproximadas de 4 metros de altura por 2,5 metros de ancho, y elaborada para la ocasión, que compartía escenario con una imagen de la Virgen de la Almudena.
Hace años yo también cantaba “esta es la juventud del Papa” a otro vicario de Cristo que no animaba a no tener miedo, quizás por eso también me vino a la mente otro grande.
El silencio que reino la adoración, el respeto y la cara que reflejaba los corazones de muchos de los que estaban allí, es el mejor y más claro testimonio de lo que se vivió anoche.




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