“Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguro” (Lc 11,21)
Llevamos tiempo esperando, y no digo confiando porque está visto que aquí no pasa nada. Llevamos tiempo viendo pasar cosas, muchas cosas, y tristes.
Ya hace años pasamos el COVID con muchas muertes, el consuelo era que afectó a todo el mundo, pero no pasó nada más, ni se tomaron medidas, ni supimos la causa, a pesar de las caceroladas. La guerra de Ucrania, en la que se volcó la población para sacar de aquel entorno a miles de ciudadanos ucranianos, especialmente mujeres y niños, tampoco es motivo ya de noticia, aunque continúen matándose entre ellos. Llevamos años de un goteo de acontecimientos, de leyes manipuladas y coladas por la puerta de atrás que se saltan y pisotean a leyes de rango superior, en Europa, en el mundo, y en nuestra querida España. Esa donde hemos nacido y crecido, de la que estábamos orgullosos cuando éramos niños y todavía había libros que hablaban de lo que fue nuestra nación en la historia y su contribución a tantas cosas buenas, una de ellas, al reconocimiento de la dignidad intrínseca de las personas allá por mitad del siglo XIV, de todas las personas pertenecientes al género humano, mientras los países que parecen ser modelo de «algo», iban haciendo esclavos por donde pasaban.
Las injustas detenciones de Ferraz…también se quedaron en el silencio. El invierno de la DANA dio pie al invierno del descarrilamiento y choque de trenes que, a pesar de la indignación popular, y de las maravillosas palabras de los familiares de las personas que murieron en el accidente en su funeral, no han traído ningún cambio, ni han modificado ni un ápice la dirección a la que llevan a esta “mi querida España”. La guerra entre Irán e Israel preocupó por los posibles problemas de abastecimiento energético, pero llegado el verano, ¡a disfrutarlo mientras haya gasolina!
Este verano los días pasan sucediéndose en acontecimientos, si cabe con más intensidad. Empezó con el terremoto de Venezuela, seguido de la terrible muerte de tanta naturaleza sin que los ecologistas digan ni una palabra, quizás porque saben quienes han sido los culpables, o causantes, de muchos de estos incendios al dejar crecer sin control lo que era responsabilidad del hombre, como custodio de la Creación. El destrozo de hogares humanos también es una triste realidad, campo y las casas son el hogar del hombre.
Y ahora la invasión de Ceuta y Melilla, de España, por miles de jóvenes marroquís, en un acto organizado como ponen de manifiesto, además de cómo se han desarrollado los acontecimientos, tantas grabaciones y testimonios. La intención final y maquiavélica de toda esta invasión no la sabemos, y mucho me temo, que nos quedaremos sin saberla, como pasa con todo, a pesar de las múltiples teorías, porque entre manipulación de palabras y pensamientos, incluso de los sentimientos, todo se van quedando hasta ahora, en agua de borrajas.
La indignación de la población española es grande, y la mía también, muy muy grande. Y me niego a creer que la población votante del PSOE esté tan ciega que le de igual que, mientras en Ceuta están sufriendo la invasión de Marruecos abriendo nuestras fronteras a delincuentes, animados por un apolítica de puertas abiertas al invasor, ese señor. que es nuestro presidente, hable de su música del verano en las redes. Él prefiere no decir nada de cómo ha actuado nuestro país vecino, e incluso darle las gracias por su colaboración, y no es tan sencillo como poner la otra mejilla, porque de eso este señor no sabe nada de nada.
¿Piensa que sus votantes van a ver con normalidad lo que está pasando gracias a su estelar aparición en internet? ¿es eso lo que debe hacer un presidente del gobierno? De esta forma, D. Pedro nos invita a pensar el bajo coeficiente intelectual de sus seguidores, o su ausente rasero moral, o se aprovecha de ello. Pero al resto, además de darnos mucha vergüenza como país, nos sube la tensión solo al escuchar que alguien mencione su nombre. Ha conseguido que le abucheen en todos los puntos de nuestra geografía.
Cambiando de tercio, y tratando de buscar soluciones, me venía a la cabeza en estos momentos la capacidad de resistencia de los numantinos, y ahora de los ceutís. La virtud de la fortaleza.
Incluso la IA nos recuerda el poder de la fortaleza como virtud moral y cardinal que da firmeza y constancia para buscar el bien, resistir el miedo y vencer las dificultades, y cuyas características principales son:
- Firmeza: Ayuda a mantener la voluntad fija en hacer el bien a pesar de los problemas.
- Control del miedo: nSirve para enfrentar el temor, la ansiedad y la duda sin quedar paralizado.
- Resistencia y ataque: Implica tanto resistir el mal como actuar con valor para cambiar situaciones injustas.
También la IA nos dice que es importante para vencer el mal, ya que permite decir «no» a las tentaciones y a las cosas malas del entorno, y ayuda a perseverar, porque ayuda a ser constantes para terminar las metas buenas que se empiezan, incluso con sacrificio personal.
España necesita la virtud de la fortaleza para mantenerse y no seguir cayendo en el buenismo absurdo de lenguaje y acciones cuyo pecado es el de no ayudar a mejorar nada, sino contribuir a que cada vez esté todo peor. Con tanto buenismo tan solo caemos en el pecado de omisión y nos convertimos en colaboradores silenciosos del desastre.
¡A ponerse las pilas!
Pilar Castañón




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