El otro día tuve la fortuna de vivir «EL DESPERTAR» en Vistalegre. Pertenecer a una, dos o tres generaciones por delante a la mayoría del público que acudió provocó en mí recuerdos, soy de las últimas generaciones de la EGB.
De joven tuve la suerte, por ejemplo, de escuchar al gran Jérôme Lejeune y gracias a aquella memorable conferencia se me quedó grabada la imagen que aquel hombre católico, humanista, médico e investigador expuso para hacernos entender la gravedad del aborto, los peligros de la incipiente investigación genética y en general su grito desesperado en favor de la vida humana de principio a fin, eran los años 90. Recuerdo nítidamente a Lejeune: «en una botella de cristal de este tamaño (su mano) caben dos millones de seres humanos», y a partir de esa imagen expuso sus ideas. En realidad la cosa fue más cruda porque usó el término campo de concentración, la botella de cristal venía a ser un campo de concentración de seres humanos en los laboratorios donde manipulan embriones. Y varias escenas más vinieron a mi memoria, en el sentido de caer en la cuenta de que EL DESPERTAR era lo que desde siempre muchas personas de bien han intentado. Sembrar con la esperanza de generar un nuevo campo social lo suficientemente grande como para poder dar la vuelta a la decadencia actual.
El momento del silencio
Todo comenzó con el momento del silencio y para el silencio. Lograron que todo un auditorio de más de 6000 personas en un segundo quedara en silencio, atentos, un ambiente de respeto y expectación, con la mirada fija en el escenario por donde apareció un humilde monje, Jacques Philippe, para hablarnos del silencio, de su importancia, de su necesidad y de cómo lograrlo en nuestra vida. Un monje, que siendo consciente de que no se trataba de una charla espiritual sino humanizadora, propuso ideas que demuestran que el monje, quizá más que nadie, comprende al hombre y al mundo actual. Philippe apuntó: «Huimos del silencio por miedo al silencio»; «El silencio nos pone en actitud de receptividad, de escucha. El hombre se realiza por aquello que es y por aquello que recibe […] Hay una crisis de la relación humana, el silencio es lo que posibilita la comunión, la comunidad, la conversación. El silencio permite que acoja y encuentre al otro»; «El ruido interno en nosotros, practicar el silencio exterior y el reto es lograr el silencio interior, ponerlo en práctica. El silencio nos ayuda a contactar con nosotros mismos, con lo profundo del corazón, escuchar a esa voz interior, ahí es el lugar de la Revelación».

Unos siembran, otros cosechan
Así que EL DESPERTAR, y nunca mejor dicho, despertó en mí la esperanza de que todos esos jóvenes tuvieran, en algún momento de las charlas, el impacto que en su día provocó en mí la botella de cristal de Lejeune. Porque esa imagen, y muchas otras conferencias más, ayudaron a conformar no sólo mis ideas, sino los principios que me han acompañado a lo largo de la vida ¡Pero! Y este es el punto, el quehacer ha sido mío, los conferenciantes sembraron en mí destellos de la verdad, del conocimiento propio, de ponerme frente a la realidad con las problemáticas del momento y las posibles soluciones, lograron abrirnos la mente. Pero el querer formarme más, querer aprender a pensar, a razonar, a discutir, a escuchar y sobre todo a respetar ha sido mi quehacer. Y sobre todo y por encima de todo a buscar y encontrar la verdad. Esa es la tarea que tienen por delante los miles de jóvenes que acudieron a Vistalegre.
Verdad, teológica y metafísica, que quizá ha sido de las ideas o reflexiones que más eché en falta en los ponentes. Apuntaron a verdades evidentes de la parte decadente de la realidad social que vivimos, desde luego, Juan Manuel de Prada lo hizo y de forma nítida: «Han conseguido que nos peleemos unas generaciones con otras, han conseguido enfrentar a los sexos, sacarnos de casa y presentarnos como empoderados. Todo es una engañifa, quieren convertirnos en átomos, San Agustín decía que el alma humana busca la estabilidad, la solidez. Y los tiranos quieren que nuestra alma no encuentre asiento. Vivimos bajo un régimen económico que nos quieren convertir en saltimbanquis».
De igual modo, el filósofo francés Fabrice Hadjadj (meritorio su discurso en español dado que aún no domina el idioma), en relación con el ámbito laboral, el mundo del trabajo dejó perlas magníficas: «Somos los únicos seres vivos que nos cuestionamos el trabajo […] El trabajador que pregunta a su jefe ¿para qué? No es un revolucionario sólo es un hombre. Toda colaboración ha de convertirse en conversación. Es preciso señalar que la cuestión de la dignidad del trabajo no es la cuestión de su comodidad, el Evangelio nos habla de “llevar su cruz” puede ser un trabajo muy digno, incluso esconder la suprema dignidad “el que no toma su cruz no es digno de Mí”, el máximo confort puede encajar muy bien con el estado del cerdo cebado».
Así que la idea de EL DESPERTAR, si su objetivo es sembrar es buena, es necesaria y debe crecer. Si la idea es despertar a la acción, no lo tengo tan claro, pero lo cierto es y así lo pudimos oír al comienzo, las buenas acciones que cambian el mundo surgen de las buenas ideas.
¿Lograron sus objetivos? Quizá sí, quizá no, porque no depende de ellos sino de la capacidad de atención, apertura vital, escucha y deseo de crecer como persona que tuviera cada uno de los espectadores y compromiso social para cambiar a mejor, organizados, la parte decadente de la realidad social que vivimos. Resulta evidente que las personas que acudieron ya demuestran altas dosis de haberse sacudido del letargo, de una predisposición a sacudirse, por ejemplo, de cosas como las vividas durante la pandemia, donde de forma patente asistimos al esperpento colectivo al ver a millones de personas obedientes a lo que se decía sin cuestionarse absolutamente nada. Y así, como pregunta este artículo EL DESPERTAR, ¿de qué y hacia dónde?
Pensar, comunidad, vínculos, familia, amor a España, bien común
Los jóvenes organizadores de los años 90 eran tan intrépidos como los de la organización It’s time to think (mejor en español: Hora de pensar o Tiempo para pensar, por aquello de la belleza de nuestra lengua). Chavales con ideales, ilusión, arrojo, llamando a puertas para obtener patrocinio, liándose la manta a la cabeza y movilizar a cientos de voluntarios. Estos chicos lo hicieron de una forma amable, amena, agradable, con una puesta en escena muy trabajada, muy pensada, con pedagogía, realmente profesionales. Cuándo meter sonido y ¡qué tipo de sonido!, cómo y de qué forma introducir a los invitados, ahora toca vídeo, momento expansión, la música.

Pero la parte estructural, siendo importante, no era lo esencial en EL DESPERTAR, lo esencial para ellos era transmitir que sí es posible en la España de hoy lograr que la gente se mire cara a cara, se escuche, disienta, discuta y se exprese libremente, es decir lo opuesto a la polarización, ese extraño efecto que ha logrado encapsular mentes impidiendo no sólo que piensen por sí mismas sino que hayan dejado de ser libres porque quien no piensa, no razona, solamente engulle sin filtrar con criterios lo que oye o lee, deja de ser libre.
EL DESPERTAR ha reforzado las verdades humanas que caen por su propio peso y que generación tras generación el ser humano (creado a imagen y semejanza de Dios) ha ido transmitiendo a lo largo la historia. Esas verdades humanas son de las que hablaron los Soto Ivars, De Prada, Jano García, Ana Iris Simón, Fabrice Hadjadj, José Ballesteros y resto de invitados, de dónde soy, qué hago aquí, la importancia de la familia, somos comunidad, es indispensable generar vínculos, la importancia de la razón y de querer y aprender a pensar, la afirmación de la existencia de Dios sin renegar ni despreciar al no creyente, evocar la raíz común al «español» que no es otra que la vivencia y cultura cristiana. Se habló de la propiedad privada, de la dignidad laboral, de la precariedad, de resistencia antropológica. Ufff, muchos temas, muchas ideas, quizá demasiadas. En ese sentido, me pregunto si quizá no se pecara inocentemente de exceso de ambición, si Gracián dijo aquello de «Lo bueno, si breve, dos veces bueno», en el caso de EL DESPERTAR, hubiese sido mejor menos contenido, o mejor dicho, menos pero buena ideas pero con mayor carga de profundidad, que es precisamente lo que las personas más necesitamos, porque como afirmaba Philippe, huimos del silencio, de igual modo, se huye de profundizar y echar mano del pensamiento, que para eso se nos ha dado esta preciosa capacidad.
También es cierto que entre los ponentes se coló algún orador extraño, me veo generosa al llamarle orador, porque alguien que grita, emite frases cortas, afirmaciones contradictorias y yendo de un lado a otro del escenario, no es un orador, qué es, no lo sé pero no un orador. Un tipo que se explaya y grita e incluso dice irracionalidades y cosas fuera de lugar. Porque alguien que te dice que los funcionarios no deberían existir, nos habla de anarquía, por ejemplo. Y dudo mucho que la organización quisiera sembrar ese tipo de ideas en el auditorio. Pero bueno, el auditorio es libre, como debe ser, de acoger, rechazar, asimilar o despreciar cualquier cosa que allí se dijera, porque de eso se trata EL DESPERTAR, de libertad.
En definitiva, mi enhorabuena a estos jóvenes que intuyen el hacia dónde pero que han de lograr el gran reto que no es otro que lograr reunir verdaderamente a los discrepantes y unirnos por causas comunes. Algo así como la gran idea de Benedicto XVI, intrépido y audaz donde los hubo, cuando lanzó el Atrio de los gentiles y que lamentablemente pocos recogieron el testigo, porque ese y no otro, es el despertar que nuestra sociedad necesita.
¡Ánimo muchachos!
Paloma Girona




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