El uso de la luz para reflejar los colores en todo su esplendor, el realismo de composiciones que reflejan el día a día, además de la realidad de las personas que la sirven de modelo, prácticamente siempre femeninas, y que suelen repetirse en su madre e hija, casi en la totalidad de su obra, son los elementos que dan vida a la misma. Son la luz y las personas las que iluminan momentos y espacios, como seguro iluminaron su vida.
Anna Kirstine Brøndum, nació en 1859 en Skagen (Dinamarca) un municipio que se caracteriza por el clima ventoso y las fuertes olas que azotan las playas. Además de la singularidad geográfica del lugar, la ciudad es muy conocida por las casas típicas pintadas con tonos estridentes, sobre todo amarillas, y rematadas por techos en color rojo ladrillo. En esta localidad de la península de Jutlandia, era donde su padre poseía el hotel de Brøndums, siendo un lugar que atraía a numerosos artistas convirtiéndose en la sede de una gran colonia de pintores por lo que Anna se familiarizó con la pintura desde pequeña, mostrando sus dotes artísticas muy pronto, siendo la única de estos pintores que había nacido y crecido en esta localidad.

El hotel que regentaban sus padres tuvo como huésped al famoso escritor de cuentos infantiles Hans Christian Andersen curiosamente durante los días en que Anna nació. Casualmente, fue dicho escritor quien fomentó la visita de varios pintores de la época a Skagen, ese «desierto entre dos mares rugientes» como solía describirlo Andersen.
Estudió en Copenhagen antes de casarse, pero en vista de que en la Academia de Arte en Copenhague no había sitio para mujeres, tuvo que luchar por su formación artística de otro modo, y así estudió con el paisajista danés Vilhelm Kyhn en su escuela privada de arte pictórico durante los años 1875-79, desarrollando un estilo propio, y siendo pionera en observar la interacción de diferentes colores a la luz natural.

Uno de los artistas que influyeron en su obra fue el pintor Michael Ancher, que durante la década de 1870 también se hospedó regularmente en el hotel familiar. A lo largo de esos años conoció a Anna, con quien finalmente se casó en 1880 de cuya unión nacería una hija, Helga Ancher.
Anna Ancher vivió la mayor parte de su vida en Skagen, viajando en muy pocas ocasiones, como cuando fue, en 1882, a ver la Exposición Universal en Viena, y en 1888-89, cuando fue a París donde recibió clases de dibujo impartidas por Puvis de Chavannes junto con Marie Triepcke, quien se casaría con Peder Severin Krøyer, otro pintor de Skagen, y donde posiblemente adquirió conocimiento sobre el arte expresionista.
Vivió en una época en que la tarea normal de una mujer casada fuera el cuidado del hogar, pero ella siguió pintando también después de casarse, casi en secreto, seguramente por ser su marido también pintor, con el compartía complicidad sin duda al entender que el arte no es una solo profesión, sino una vocación. El verdadero artista hace mucho más que pintar puesto que necesita plasmar su mirada ante el mundo de alguna forma, necesita que lo que ve en tenga otra vida puesto que, en cada situación, persona, paisaje o cosa, ve o interpretar algo más que necesita materializar y expresar. Si ve la vida con color, lo buscará en cada detalle y buscará la mejor forma de que brille.

Esta vida centrada en el hogar se puede observar en los motivos de su obra ya que elige, sobre todo, escenas domésticas, momentos de la vida cotidiana a los que llenaba de color. Llenaba sus lienzos con situaciones diarias de mujeres y niños, y que sin reflejar ningún momento especial, su forma de plasmarlo convertía la estancia y la sencilla ocupación de sus protagonistas, en momentos alegres gracias a la riqueza de luz y colorido. Pintó sobre todo cuadros de interiores con descripciones intimas de mujeres dedicadas al trabajo doméstico o al trabajo manual en la casa, representadas normalmente en un espacio donde solía entrar la luz solar entra la ventana, con el trasluz de las cortinas o el reflejo en la pared. Los motivos elegidos son reflejo, en buena medida, de ser mujer y ama de casa, y se circunscriben en su mayoría al hogar y sus alrededores más próximos. Sus cuadros muestran el mundo de mujer visto con ojos de mujer.

Su arte encuentra su expresión en el avance moderno del arte nórdico hacia una representación más fiel de la realidad, como por ejemplo, en Ane Azul (1882) y La niña en la cocina (1883-1886).
El verdadero artista hace mucho más que pintar puesto que necesita plasmar su mirada ante el mundo de alguna forma, necesita que lo que ve en tenga otra vida puesto que, en cada situación, persona, paisaje o cosa, ve o interpretar algo más que necesita materializar y expresar.
Ancher prefirió pintar interiores y temas sencillos de la vida cotidiana de la gente de Skagen, especialmente pescadores, mujeres y niños. También creó composiciones más complejas como A Funeral (1891). Las obras de Anna Ancher a menudo representaban el arte danés en el extranjero. En 1913 le concedieron la medalla de Ingenio y de Arte, y en 1924, el Tagea Brandt Rejselegat.

La residencia de la familia fue adquirida en 1884 y en 1913, se añadió a la propiedad el anexo que utilizaron como estudio, tal y como se muestra en la actualidad. El 15 de abril de 1935, muere en la misma ciudad que la vio nacer y donde vivió toda su vida.
A la muerte de Anna, la antigua residencia fue restaurada y se convirtió en un museo, que se abrió al público en 1967 y que desde entonces lo gestiona la Fundación Helga Ancher, un espacio que contiene una interesante colección de pinturas de Anna y Michael Ancher, así como de muchos otros pintores de Skagen que formaron su círculo de amigos.
Anna Ancher es considerada una de las grandes pintoras del arte danés. La influencia que ejerció en el panorama artístico de Dinamarca y su manera distintiva de pintar la luz fueron fundamentales para repensar la pintura danesa.
La residencia Skagen de Anne y Michael Ancher fue adquirida en 1884. En 1913, se añadió a la propiedad un anexo de gran estudio, y esto también forma parte de lo que se muestra en la actualidad. A su muerte, la hija de Ancher, Helga, dejó la casa y todo su contenido a una fundación. La antigua residencia fue restaurada y se convirtió enuseo, que se abrió al público en 1967 y lo gestiona la Fundación Helga Ancher.
…y algunas obras
Al mediodía
La luz del sol sobre una pared es un motivo clave y recurrente en la obra de Ancher. En este cuadro, se aprecia particularmente el tratamiento de cómo ingresa por una de las puertas y se proyecta etéreamente por los cuartos. Aparece la utilización de tonos ocres en el piso de madera y la viga que atraviesa el techo del recinto, otro rasgo característico de sus obras. El espacio recortado del aposento enfatiza los pequeños zuecos que se direccionan hacia la pared. Se percibe la influencia de Chavannes, conocido por recortar las imágenes para enfatizar los aspectos monumentales, una tendencia asociada directamente al advenimiento de la fotografía.
En esos tiempos Europa también estaba influida por el arte japonés. En 1885, Karl Madsen, historiador de arte y amigo de la artista, publicó el libro Japansk Malerkunst, un texto pionero sobre el arte de Japón, en el que detalla las características espaciales del mismo, incluidos los objetos cortados con nitidez y el abandono de la perspectiva en el sentido occidental. Adoptando estos principios, Ancher trabajó sobre estas temáticas y profundizó en la idea de qué tan simple puede ser un fondo o qué tan vacío puede ser el espacio visual.
Al mediodía es puro ascetismo, se logra percibir cierta religiosidad, que remite al trabajo diario, como lo hace la obra Un par de zapatos, de Van Gogh. Ésta última, fue analizada por el filósofo alemán Martin Heidegger en el famoso ensayo «El origen de la obra de arte«.

Luz del sol en la habitación azul (1891)
Esta obra despertó gran interés en los artistas de la comunidad de Skagen por la intensidad del color azul que se puede apreciar en la imagen. Los temas pictóricos de Ancher suelen mostrar escenas íntimas de mujeres y niños, y en este caso se trata de su hija Helga. El vestido de la niña y las sillas tapizadas hacen eco en el azul de las paredes y realzan la composición; mientras que el amarillo del cabello rubio produce el mismo efecto en las cortinas y la alfombra, así como el cuello marrón rojizo del vestido con el mantel. La niña está tejiendo al crochet, inmersa dentro de un halo lumínico de las últimas horas de la tarde. Una planta exterior se refleja en la pared, y también claros rayos de sol en el piso alfombrado, en donde delicadamente se vislumbra un pequeño ovillo de hilo blanco con el que teje Helga. A medida que se recorre la obra marcada por luces y sombras profundas, se logra percibir la paz de aquel recinto de su propia niñez en el que retrata a su hija.

Luz, espacio y color
Ancher creció en un hogar cristiano, y junto con su madre y hermanas formaban parte del movimiento Home Mission que había llegado a Skagen en la década de 1870. Por otro lado, pertenecía también al círculo artístico de mentalidad liberal que no atribuía ningún valor a las ideas religiosas. Al analizar sus obras, es importante considerar esta dualidad.
En la historia del arte, muchas veces la luz ha sido relacionada con aspectos religiosos y divinos, como un símbolo de algo trascendental. Sin embargo, estas asociaciones religiosas suelen descartarse en el caso de Ancher y se atribuyen en cambio a influencias de pintores del movimiento moderno danés de la época.
La luz en sus imágenes se asocia a una representación objetiva del mundo, mientras que los motivos religiosos, aparecen como referencias a la vida en Skagen. Los temas referidos a su ciudad natal buscan transmitir el sentimiento bucólico de la comunidad local, en los que experimentó con la luz, los colores y la simplificación en relación a la geografía del lugar.

La manera en que Ancher utilizó el color fue distintiva desde el comienzo de su carrera y la destacó entre los demás pintores de Skagen. Estaba fascinada por los colores intensos y brillantes: amarillos, rosas, púrpuras. Su paleta distintiva combinó colores que utilizaban los impresionistas con tonos ocres y siena tostados, ambos rústicos y tradicionales, tanto de los interiores como exteriores, de las edificaciones campesinas danesas. Estas composiciones de espacios evocadores del paisaje nórdico, es una categoría específica que disfrutó de una prominencia particular en la década de 1890. Gran parte de las obras de Ancher poseen un estudio del paisaje, algunas parecen estudios casi abstractos en los que se encuentran dos planos de color predominantes, mientras que otras están cargadas de atmósferas con marcados valores simbólicos.

El trabajo de hoy es juzgado
Es un retrato mutuo realizado por Anne y Michael Ancher donde la pareja se representan en el día a día de su casa tras su jornada de trabajo. Los dos están en la penumbra y miran con interés un cuadro, evaluando una obra. Este cuadro, además de mostrar intimidad, se debe valorar como toda una declaración de principios, en el que tanto las pinturas como las opiniones se complementan.

Sorg
«Hubo un tiempo en el que me faltaban temas para pintar. Pensé en esto día y noche. Y entonces una noche tuve un sueño. Vi bajo una cruz en un cementerio el encuentro de una madre y su hija. La madre se arrodilló y la hija se inclinó sobre ella. Una de ellas había muerto. Este encuentro en el cementerio fue tan vívido para mí que al día siguiente comencé a pintarlo». Anne
Fue la propia Anne quien lo explica en una entrevista que le hicieron cuando tenía 70 años. Ella siempre había sido una realista, utilizando temáticas y lenguajes naturalistas para sus pinturas, pero jamás había hecho uso de algo de tanto simbolismo como esta obra.La muerte —omnipresente en todo el cuadro—, el paisaje al atardecer, esa enorme cruz, el contraste entre las dos mujeres, el desnudo… todo forma un conjunto maravilloso, estremecedor, simétrico (o más bien asimétrico). A un lado juventud y belleza:, materia. Al otro vejez y oscuridad: espiritualidad… La cruz divide a estas dos mujeres unidas por el dolor que da título a la obra.

Como vemos en su obra, además del uso de la luz en sus composiciones para reflejar los colores en todo su esplendor, la temática característica de la misma, que refleja su día a día, es además realista en el sentido de las personas que la sirven de modelos que suelen repetirse en su madre y su hija casi en la totalidad de su obra además de que suelen representar siempre personajes femeninos para dar vida a la misma. Son la luz y las personas las que iluminan momentos y espacios, como seguro iluminaron su vida.





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