Se acaba de estrenar en Amazon Prime el documental Generación Porno que aborda el creciente problema para los adolescentes del siglo XXI: el consumo de contenidos sexuales a través de diferentes dispositivos móviles.

Un documental con familias reales y expertos, en cuya producción ha colaborado la televisión autonómica vasca y catalana. A través de 4 capítulos se abordan la comunicación intrafamiliar, el contenido del porno actual (violento, adictivo, gratuito y plenamente accesible) la hipersexualización de la sociedad, especialmente presente desde muy temprana edad a través de contenidos audiovisuales referidos a la música, los influencers, el cine, las series, o los programas de televisión. Al igual que no extraña que el regalo estrella de la Primera Comunión sea un móvil ultima generación ni que por la mayoría de edad a ellas le regalen implantes de silicona que se pongan arriba, abajo o en medio. Entiéndaseme.

Una de las reflexiones que me deja este documental es hasta qué punto somos conscientes los padres de la importancia de hablar claramente de afectividad, sexo, amor y porno. Pero claro, aquí entra la familia, una institución tan denostada como casposa con la que hay que combatir a toda costa. En este siglo que vivimos de forma vertiginosa con un individualismo encubierto por las comunidades digitales, poco se habla de lo solos que se sienten los adolescentes. Un estudio de Gallup realizado entre junio de 2022 y febrero de 2023 en 122 países señala que el 25% de los menores de entre 15 y 18 años se sienten solos a pesar de estar acompañados. Un auténtico drama. Esta sentida soledad puede ser el origen de una excesiva conexión a la red, en donde encuentran un vía de escape a la propia realidad o el ambiente familiar o doméstico.
El documental no tiene desperdicio porque aborda muchas aristas y muy complejas, pero mentiría si no dijera que es difícil de digerir. Enfrentarse a la realidad que rodea a nuestros hijos sin que podamos hacer nada para evitarlo, duele.
El estreno de este documental coincide con la publicación del Informe sobre Delitos contra la Libertad Sexual en España en 2022, elaborado por Ministerio del Interior. Un informe que es para llevarse las manos a la cabeza cuando descubres que en apenas 6 años las agresiones han pasado de 10.000 a casi 20.000. El doble. Un contexto aterrador en el que la mitad de las víctimas de agresiones sexuales tiene menos de 18 años, la mayoría son niñas. ¿No se puede hacer nada? ¿De verdad?

Pensándolo bien, sí que podemos hacer algo. Rectificar lo que no hemos hecho bien como padres ni educadores. Por que entre tanto estudio, informe, noticias de violaciones en manada ejecutadas entre menores, poco se habla de las pantallas. Poco se habla de cómo en los últimos años los menores han accedido a internet a través de smartphones o tabletas.
¿Cómo hemos permitido y cómo no nos hemos dado cuenta de que si le dábamos a nuestro hijo de tres años un móvil para calmarlo eso desencadenaría en que tendría que tener una pantalla como vía de escape para gestionar sus emociones a lo largo de toda su vida, incluso en la adolescencia?
Esa etapa de la vida en la que se vive un cambio fundamental para pasar de la infancia a la madurez. El ser humano es la única especie animal que necesita vivir ese tránsito por la complejidad de su cerebro y en este proceso tan vital como fundamental, les hemos dado dejado rienda suelta a un dispositivo electrónico (con intereses comerciales o propagandísticos), como principal moldeador del cerebro de nuestros niños.

Cuando dejamos a nuestros hijos navegar solos por internet encerrados en su cuarto o en su baño seguro no está buscando la teoría de la relatividad de Einstein, ni tampoco las Rimas y Leyendas de Bécquer, ni tan siquiera ese fragmento de la carta de Don Bosco sobre la educación, esa que dice:
“Cuántas veces, hijos míos, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad: es más fácil enojarse que aguantar; amenazar al niño que persuadirlo. Añadiré, incluso que para nuestra impaciencia y soberbia resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez. Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación; la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos solo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor“.
Y por eso como padres y madres tenemos la responsabilidad de dar un ejemplo firme, amable y abierto de cómo debemos usar Internet. Es nuestro deber dar ejemplo también de cómo no se usa, y sobre todo, defender y practicar ese Carpe Diem bien entendido que nos lleva a vivir aquí y ahora con la intensidad de todos nuestros sentidos, sin ninguna inquietud de capturar el momento con la cámara.

La sexualidad implica afectividad y amor, como bien explica el Dr. Miguel Ángel Martínez en su libro Salmones, Hormonas y Pantallas. Quizá sería bueno que los padres rompamos con este tabú y lleguemos antes de que lo haga el porno. De lo contrario nos pasaría como aquel al que le canta Niña Pastori desamparada de caricias, afecto y amor verdadero, que ni al llorarnos seamos capaces de sentir nada.




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