A pesar de que estamos inmersos en un mundo tecnológico, el hábito de leer es difícil que desaparezca, especialmente en las mentes inquietas, ya que traslada al lector a una situación que difícilmente podrá ser recreada con una película, es una actividad activa, muy al contrario de lo que pueda parecer, puesto que la inteligencia, no solo hace el esfuerzo, aunque sea de forma automática, de leer y convertir las palabras en mensajes, sino de ampliar vocabulario, seguir una secuencia lógica, e imaginar lo que se lee, de forma que habrá tantos escenarios como personas distintas haya o nos encontremos en momentos distintos de nuestra vida. Cuántas veces ha pasado que hemos dejado un libro por no parecernos interesante y, al recuperarlo en otro momento, su lectura nos ha llegado incluso a absorber.
Cuando aprendemos a leer y posteriormente, para trabajar la entonación y la correcta lectura, se practicaba la lectura en alto, algo que deberían practicar también algunos presentadores y también influencers, que repiten sistemáticamente como monitos, un soniquete en sus intervenciones que no tiene nada que ver con el mensaje que trasladan, dejando ver que no tienen ni idea de lo que están hablando puesto que la correcta lectura es ejemplo de que se entiende el mensaje que se traslada.
Leer en alto tiene beneficios, y a lo largo de la historia ha sido una práctica habitual, tal como explica Alberto Manguel en Una historia de la lectura, hay algunos momentos a lo largo de los últimos siglos en los que leer tenía además un sentido específico.
En los monasterios
En el siglo VI, san Benito de Nursia decretó que las lecturas en voz alta fuesen una parte esencial de la vida monástica, considerándose la escucha como un ejercicio espiritual con una elevada finalidad, por lo que estas lecturas en voz alta estaban alejadas, al menos teóricamente, del placer personal. El artículo 38 de su Regla, que se aplicó en los monasterios cistercienses fundados por toda Europa desde comienzos del siglo XII, dispone cómo debía ser esa actividad lectora:
“A la hora de la comida de los hermanos siempre se leerá; que nadie ose tomar el libro e iniciar la lectura al azar, sino que aquel a quien corresponda leer durante toda la semana comience su tarea el domingo. Y, al disponerse a iniciarla después de la misa y de la sagrada comunión, pida a todos que recen por él, a fin de que Dios lo aparte del espíritu de júbilo”.

En los talleres de tabaquería en La Habana
En el siglo XIX, la práctica de escuchar un texto con lector tuvo también otras finalidades, como ocurrió en los talleres de Cuba. Aunque leer en voz alta dentro del ambiente de trabajo ya se había realizado en otras situaciones, en Cuba este acto llegó a institucionalizarse entre la clase obrera tabacalera.
Saturnino Martínez, en 1835, tuvo la idea de publicar un periódico para los trabajadores de la industria cigarrera. El primer número de La Aurora apareció el 22 de octubre de aquel año, siendo el analfabetismo un obstáculo para que llegara a ser un periódico popular. Así fue como al Sr.Martínez se le ocurrió utilizar lectores como vía para difundir a sus trabajadores la información, ya que la mayoría no sabía leer, con el único “propósito de ilustrar, de todas las maneras posibles, a la clase social a la que está destinado”. Aunque terminó desapareciendo cuando se acusó a esta práctica como subversiva. Sin embargo, las lecturas públicas en las tabaquerías no fueron olvidadas y, a pesar de las dificultades experimentadas durante su existencia, aún perviven en Cuba, siendo reconocida como parte del patrimonio cultural de la nación cubana.
En El Quijote
La lectura en voz alta no siempre ha tenido propósitos tan edificantes o instructivos. Manguel, en el libro anteriormente mencionado, también explica que leer para otros podía tener como fin el puro placer y, para ilustrarlo, cita este pasaje de Don Quijote de la Mancha:
“Cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí las fiestas muchos segadores, y siempre hay alguno que sabe leer, el cual coge uno destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta, y estámosle escuchando con tanto gusto, que nos quita mil canas”.

El añadido de leer con otros
Pero leer en voz alta no solo tiene beneficios para el lector, sino que además de aprender a entonar, y del placer de leer en voz alta, o de escuchar historias, se produce otro efecto que consiste en la sincronización de cerebros y esto es debido a que, “cuando una persona le lee a otra en voz alta, se trate de un niño o de un adulto, entre las dos sucede algo mágico, y es que sus cerebros se sincronizan”, en el sentido de que “el contador de la historia y el oyente experimentan la misma actividad cerebral y liberan exactamente los mismos neuroquímicos”, lo cual explica por qué la lectura en voz alta crea esa sensación tan potente de encuentro.
Durante el rato que dura la lectura, estamos todos juntos, intentando comprender y compartir el mensaje, conscientes los unos de los otros. De ahí que en tantas ocasiones, como preámbulo de un encuentro o una formación, se comparta la lectura de un texto, para iniciar una conversación sobre el mismo.
La lectura en el hogar
Especialmente hoy, puede hacer frente al excesivo uso de tecnologías, bien vía móvil, bien vía ordenador o televisión, que nos alejan del corazón de la vida en el hogar aislándonos, la lectura en familia adquiere un valor especial. Y no solo por el mensaje que se aspira a dar, como puede ser la lectura, compartida y repartida entre los miembros da la familia que sepan leer, sino como momento de encuentro y disfrute en un mensaje común que se comparte, de forma más activa que viendo una simple película por ejemplo.
Esta actividad supone tomar las riendas y un momento de libertad, no solo en el acto mismo de la lectura, sino en cuanto a la selección de la misma, además de todos los beneficios que anteriormente hemos citado y de los que podrán beneficiarse los miembros de la familia. No en vano, la transmisión oral ha tenido, a lo largo de la historia, un papel fundamental en la transmisión de costumbres, valores, historias reales o simples cuentos. Es un momento también para que los más pequeños pregunten por lo que no entienden, se enriquezcan en lecturas que no podrían asumir en soledad, fomentando vocabulario, conocimientos o curiosidad al mismo tiempo, o los mayores fomenten preguntas que hagan pensar y descubrir situaciones.
Leer en voz alta es vivir un momento que se comparte, igual que se comparte la historia que nos une, o las experiencias o ideas que nos asaltan en la escucha, es una forma más de estar juntos en el hogar… de forma activa.
¿Acaso no compartimos una canción?




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