Antiguamente se decía que había que hacer tres cosas en la vida, plantar un árbol, escribir un libro, y tener un hijo. En la actualidad estas aspiraciones han cambiado por otras más egoístas que nos invitan al disfrute, con lo cual lo de tener un hijo se ha convertido en tener, escribir un libro se ha convertido en subir fotos como locos a Instagram, así no se gasta energía escribiendo y pensando, y el árbol…puff, gasta mucha agua. Además, como todo es cálculo programado, la falta de esperanza lleva a programar todo también en nuestro día cotidiano, desde el número de hijos, hasta el no tenerlos, cuestan mucho dinero y no se puede salir a cenar ni viajar tanto como sería necesario para que tus amigos vean lo bien que te lo pasas, sin parar, y así, claro está, habrá menos tiempo para pensar sobre cuál es el objetivo real en nuestra vida. No plantamos árboles ni queremos dejar raíces.
No me gusta hacer publicidad, de hecho no tenemos publicidad para no estropear la lectura de nuestros artículos, pero no he podido evitar destacar la campaña que ha hecho este año Adolfo Domínguez para celebrar el Día del Padre, cuyo lema manda un mensaje necesario de recordar estos días, en que parece que las mujeres somos hermafroditas:
En el día del padre, reconoce todo lo heredado.Somos el reflejo de muchas generaciones. Celebra el legado.
Reconocer al padre es reconocer nuestro origen, nuestras raíces. Es bonito que el Día del padre se celebre en el mes de la mujer, no hay padre sin madre, y en el mismo mes que se celebra la Vida, precisamente el día 25 de marzo, el día de la Encarnación.
Entre otras acepciones, la palabra raíces significa “parte donde se halla el punto de fijación o arranque de una cosa”, o de una persona. Si nuestras raíces son nuestro punto de partida y de fijación, sin duda son una parte muy importante, tengamos la edad que tengamos. Nuestras raíces “son” de donde venimos y, aunque quieran que renunciemos a ello, que no tenga importancia, que nos reinventemos constantemente, son las que han marcado nuestra genética, transmitido un temperamento, un carácter. Modelado por la educación y las circunstancias de la vida, dando vida y regando con amor. El nacimiento de un hijo se convierte en el motor del sentido de la vida para los padres, de cuidar a ese ser indefenso que nace, y como nos recuerda Alasdair McIntyre, somos seres relaciones e interdependientes que, al nacer, nos convertimos además en el animal más indefenso de todos.
Sin un padre y una madre que se amen, no hay vida, por mucho que quieran sacar al varón de la ecuación de la maternidad.
Renunciar a las nuestras raíces es renunciar a lo que somos, no porque sean determinantes, sino porque venimos de algún sitio y no estamos en el mundo de forma espontánea. Sin un padre y una madre que se amen, no hay vida, por mucho que quieran sacar al varón de la ecuación de la maternidad. Eximir, como hace la ley, al padre en la decisión de abortar, es eximir al hombre de su responsabilidad como padre y co-creador de esa nueva vida que se quiere eliminar. El feminismo solo hace a los hombres más niños, al quitarles responsabilidades, eliminando su papel en la realidad de esa nueva vida, y privando a los hijos de un padre responsable. Así, tenemos cada vez varones más frágiles y con más complejos de Peter Pan que nunca, que han pasado de trabajar para y por la familia, a para y por su cuerpo, sus comidas, sus dietas calóricas, o sus poses en Instagram.
La mayoría de los casos de aborto suelen ser por presión del hombre o abandono, con lo cual supone una falta de libertad para la mujer, aunque actualmente la imposición de ideologías que transforman el concepto de libertad y los derechos como hacer lo que queramos, que junto a la otra imposición de la maternidad como una carga para la mujer, hacen que sean ellas mismas las que lo deciden, a pesar de que años más tarde lloren a los hijos que no nacieron.
Los padres, además, son a menudo excluidos de los estudios sobre paternidad porque no pueden gestar, dar a luz o amamantar físicamente, pero eso no significa que no sean necesarios y que tampoco se vean profundamente afectados por el nuevo e importante papel que tienen a partir de que una nueva vida aparece en el hogar.

Según la ciencia, cuidar a los hijos tiene un impacto transformador, tanto en el cuerpo como en la mente, y sin embargo los neurocientíficos saben poco sobre los efectos cerebrales a largo plazo de la paternidad en ambos sexos. Para ello se hizo un estudio en el que Orchard analizó imágenes cerebrales de casi 20.000 mujeres y más de 17.600 hombres en el UK Biobank mayores de 40 años. Para ambos sexos, la paternidad tuvo una correlación positiva con la conectividad funcional, es decir, con los patrones de activación neural, así como entre las redes cerebrales. Normalmente, un cerebro envejecido muestra una menor conectividad funcional en la red somatomotora y una mayor conectividad dentro de los sistemas córtico-subcorticales. “Las regiones cuya conectividad funcional disminuye a medida que las personas envejecen son las mismas regiones asociadas con un aumento en la conectividad cuando las personas tienen hijos”, explica uno de los investigadores.
Aunque no se sepa mucho todavía sobre los beneficios físicos del estudio, lo que si es cierto, es el beneficio para la estabilidad personal de los ciudadanos que formamos la sociedad. Con ciudadanos estables, que saben quiénes son y de donde vienen, será más fácil que sepan discernir hacia donde quieren ir, sin dejarse llevar por modas, algoritmos o todo lo nuevo que surja porque cada día nos sorprendemos con algo nuevo, y la sociedad también sabrá hacia donde quiere ir.
Con ciudadanos estables, que saben quiénes son y de donde vienen, será más fácil que sepan discernir hacia donde quieren ir.
En relación a la renuncia a las raíces y con ello la dejación de responsabilidades educativas, sabemos ya por los estudios que los niños llamados nativos digitales son la primera generación con un coeficiente intelectual más bajo que sus padres. La educación se ha convertido en todo un reto: Ser padre es educar.
Michel Desmurget, neurocientífico y director de investigación en el Instituto Nacional de la Salud de Francia, autor de La fabrica de cretinos digitales, explica también las causas de esta dramática afirmación:
«Las causas están claramente identificadas: disminución en la calidad y cantidad de interacciones intrafamiliares, que son fundamentales para el desarrollo del lenguaje y el desarrollo emocional; disminución del tiempo dedicado a otras actividades más enriquecedoras (tareas, música, arte, lectura, etc.); interrupción del sueño, que se acorta cuantitativamente y se degrada cualitativamente; sobreestimulación de la atención, lo que provoca trastornos de concentración, aprendizaje e impulsividad; subestimulación intelectual, que impide que el cerebro despliegue todo su potencial; y un estilo de vida sedentario excesivo que, además del desarrollo corporal, influye en la maduración cerebral».
Volviendo a la celebración de hoy, y a pesar de que sabemos que, solo por ser hombre ya va contracorriente, celebremos San José, padre adoptivo de Jesús, hombre sabio, paciente y entregado a su familia a la que cuidó como un tesoro, modelo para todos los hombres por sus cualidades varoniles.

El evangelista Mateo lo define como “un hombre justo”, término que engloba las cualidades necesarias para ser el cabeza y guardián de la Familia de Nazaret, y modelo para cualquier hombre. Recobremos esta virtud como una aspiración, la nobleza de los ideales que nos llevará a trascender y salir de nosotros.
El Papa Pío IX, debido a los tiempos convulsos por los que pasaba la Iglesia en ese momento, proclamó a San José, el 8 de diciembre de 1870, Patrono de la Iglesia Universal, no como un símbolo, sino como guardián de la Iglesia, en una petición de ayuda confiada por ser modelo de fortaleza y custodia de su familia, debido a la situación provocada con la unificación de Italia y la pérdida de los Estado Pontificios. En el momento actual que está pasando la figura del hombre, y en consecuencia del papel de la paternidad, pidamos a San José ayuda también, y que su ejemplo de hombre justo vuelva a ser modelo de aspiración para todos.
¡Feliz Día de San José!
Somos el reflejo de muchas generaciones. Celebra el legado.



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