En la feliz España en blanco y negro y dos canales de televisión, era frecuente en la zona de Madrid lo de: «¡Se ha caído la Bola del mundo!» Significaba quedarnos sin ver la tele y para mejorar la vida hogareña, se cogía una patata bien gorda y se pinchaban dos agujas de punto en la patata. Se colocaba la patata sobre la tele en modo antena y la cosa, más o menos funcionaba.
Ni una patata es una antena, ni una antena alimenta. Descubrir la realidad y la verdad de los programas políticos es el reto que se nos pone por delante de cara a las próximas elecciones generales.
La realidad de las cosas es una y verdadera, pero hay políticos que nos presentan mentiras, realidades inalcanzables disfrazadas de verdad, pero ¿cómo descubrir si la propuesta es utópica, manipulada, verdadera por posible?
Nosotros tenemos la capacidad para descubrir la verdad, pero requiere esfuerzo y algo más que veremos ahora.
Una realidad confusa, sí, pero intrascendente
Cuando era pequeña, mi «cosmovisión» del mundo me la conformaba el televisor, entre otras realidades. Un día vinieron a casa amigas, de repente empezaron a reírse a carcajadas, yo no entendía, el asunto era que veían a un torero bajo y rechoncho y que ocupaba media televisión, el toro ni aparecía. Y me decían «¿pero no lo ves?» Les respondía: «no, ¿ver, qué?» Y ellas cada vez más desatadas trataban de explicarme que la televisión estaba mal porque los toreros no eran así.
En mi realidad Jesús Hermida era gordete, los toreros bajitos y rechonchos, la Abeja Maya cabezona y a Willy se le veía «de canto»
Aquello me dejó mosqueada. Sí, mi percepción de la realidad estaba distorsionada, pero más cierto aún es que era algo irrelevante, sin trascendencia.
Y… mi percepción de la realidad cambió
Un buen día mi realidad cambió. Mis padres compraron «el Blaupunkt», más grande, a color, ¡buah! Una gozada para una niña de aquella época. El caso es que un día vi la televisión vieja encendida y al mirar a la pantalla ¡Andá, un torero rechoncho!
El misterio de aquella tele vieja nunca se supo, si es que era como la Tierra con los polos achatados, o en lugar de 625 líneas, tenía 500, el equivalente hoy a pulgadas, píxeles o megapíxeles.
La realidad: única y verdadera
Con el tiempo aprendí que la realidad está fuera de nosotros, como la verdad, pero ambas –realidad y verdad–, juegan en nuestro cerebro y aparecen quizá de otra forma desde el entorno.
El colmo es cuando entra en juego el corazón, con lo que diseccionar la realidad con la precisión del cirujano para llegar a la verdad, conjugando afectos, mente y corazón… se hace cuesta arriba.
De ahí que ejercitar el pensamiento, aún más, la voluntad de pensar, requiere esfuerzo, lo contrario es la superficialidad, creerse todo y ponderar poco. Esto conlleva lo que hoy vivimos: afirmaciones gratuitas, juicios de valor escandalosos, acusaciones sin argumentos, ni fundamento. Un horror.
Por eso ejercitar el pensamiento, aún más, la voluntad de pensar, requiere esfuerzo, lo contrario es la superficialidad, creerse todo y ponderar poco
Además, he comprendido que la realidad verdadera es asunto relevante, de trascendencia más bien. Pues otorgar a una realidad determinada una cualidad, por ejemplo, que no le pertenece, desvirtúa dicha realidad, con lo que le quita verdad, su verdad.
Si afirmo que la droga no condiciona el comportamiento de la persona, o que no crea adicción «nociva», tergiverso la realidad verdadera de la droga: crea adicción y es muy nocivo para las personas, amén de condicionar el comportamiento.
Si omito que un niño o una niña al someterse a tratamientos hormonales porque «es trans», conlleva que toda su vida se verá alterada y obligada a recibir hormonas con graves consecuencias en su vida adulta, no solo manipulo la realidad, sino que suprimo la verdad de algo esencial en el ser humano: una identidad equilibrada sin sustento artificial.
A lo largo de mi comprensión sobre la realidad, advierto que entran en juego conceptos como opinión, hechos, mentira, verdad, percepción, distorsión, etc.
¡Ufff! Concréteme este asunto de realidad-verdad que se me está poniendo cara de Willy con cuerpo de torero rechoncho.
Relativo a las propuestas políticas, me serviré de Hanna Arendt, una autora que ayuda de forma clara a ajustar bien el pensamiento crítico, ella escribió: «El embustero es “un hombre de acción”: No tiene problemas para aparecer en la escena política; su gran ventaja es que, por así decirlo, siempre está en medio de dicha escena; es actor por naturaleza; no dice las cosas como son porque quiere que las cosas sean distintas de lo que son -esto es, quiere cambiar el mundo» (‘Verdad y mentira en política’. Hanna Arendt. Editorial: Página indómita)
Caramba… ¿A que suena muy actual? Y vaya por delante que no para mí no todos los políticos son embusteros… solo unos cuantos.
Porque la realidad no es la percepción, pues la percepción me viene a través de mis sentidos. La realidad es objetiva y la percepción: ¡subjetiva!. Mmmmm, interesante asunto, la cosa se pone para ponerte gafas de buzo.
¡Qué experiencia fruto de un televisor averiado!
Este es el reto de nuestro mundo y en nuestra España de campaña electoral, más. Descubrir la verdad de entre las múltiples realidades que se nos presentan.
Como apuntaba Arendt, unos quieren cambiar el mundo a mejor desde la realidad-verdad, otros, al contrario, mienten y presentan una verdad-mentira imaginaria para cambiarnos a nosotros, no al mundo que nos rodea, sino dejarlo igual, pero pervirtiendo la esencia del ser humano.
Si no, ¿cómo se entienden propuestas como la eutanasia, o los vientres de alquiler, por ejemplo, como algo bueno para las personas?
Ya lo dijo Jesucristo: «¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; O si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (San Mateo, 7 9-11).
Pues más de un programa político nos ofrece piedras en lugar de peces, y pócimas desnaturalizadoras de la esencia del ser humano. Y desigualdades entre hijos de un mismo territorio. Esa es la realidad verdadera.
Para las personas serias y que huyan denostadamente de la superficialidad, brota un imperativo como actitud esencial: llevar a la acción el hecho de pensar, discurrir, discernir, contrastar, profundizar y reflexionar.
Es decir, estar alerta ante los hombres verdaderos y los hombres embusteros que nos lanzarán caramelos en sus programas electorales envueltos en miel, o… con un núcleo de hiel.
La clave está en averiguar quién es el embustero, quién el filibustero y quién el verdadero. Se nos ha dotado de intelecto, de capacidad para pensar, discurrir y discernir, lo verdadero de lo falso, lo real de lo irreal.
La realidad-verdad es que la patata con agujas de punto, no era una antena, pero atraía las ondas y los toreros aparecían con trajes de rayas, no de luces y la montera no era negra, sino un bulto sobre la cabeza.
Pero ni ellos dejaban de ser toreros, ni yo dejaba de ver la televisión, esa era la verdad verdadera del asunto, una verdad intrascendente, la realidad es que lo que nos jugamos los españoles el próximo 28 de abril, sí es trascendente.




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