Cuando salieron a la venta las entradas para ver en Madrid al Sol de México, me llamó poderosamente la atención la respuesta de una fan de Luis Miguel cuando le preguntaron qué le parecía lo que tendría que pagar por ver a uno de sus artistas favoritos. Una pregunta justificada ya que el precio de salida para una localidad con visibilidad reducida estaba en torno a 200 euros. A partir de ahí lo que se quisiera hasta llegar a los más de 1.000 euros en caso de un acceso preferente. Pero solo eso, acceso. Lo que dijo esta mujer me dejó patidifusa: “No es solo una entrada, estoy comprando mi felicidad”. Toma ya. Y se queda tan ancha. Pero es que así han debido de pensar las miles de personas que se encontrarán en el Bernabéu el 6 y 7 de julio de 2024; porque a día de hoy están todas las entradas vendidas para ver a Luis Miguel. La reventa se augura apoteósica.

La escena de Cabaret en la que Liza Minelli y Joel Grey apologizan el dinero resulta menos cómica que en aquel afamado musical cuando despertamos a la cruda realidad. En pleno siglo XXI, en el que la pobreza sigue siendo uno de los principales problemas a nivel mundial, encontramos día sí y día también espejismos en los que se pretende vender la idea de que el dinero es lo que mueve el mundo. Tal y como cantaban, fantásticamente por cierto, Minelli y Grey.
Por eso no es de extrañar la respuesta que dio aquella señora cuando le preguntaron si le parecía adecuado pagar desde 300 euros por ver a un tío dar quejidos. Por que aunque sea bien parecido, vista con traje y le acompañe escolta, eso es lo que es. Y que se sepa que a mí Luis Miguel, me encanta. Pero admito que es eso objetivamente hablando. En efecto, nos dejamos calar por lo que vemos en nuestro entorno a través de las noticias y las redes sociales, y casi sin darnos cuenta nos sumergimos en esa realidad que ya predijo Huxley en Un Mundo Feliz: esclavos de nuestro tiempo, y muy felices. Aparentemente. Así nos van guiando. Haciéndonos creer que solo con bienes materiales alcanzaremos ese estado de bienestar perpetuo que es la felicidad.

Incluso la ciencia ha querido verificar que esto es así. Hace unos meses leíamos en un portal digital que una investigación de la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ demostraba que sí, que el dinero da la felicidad. Se trataba de una encuesta a más de 33.000 estadounidenses con rentas anuales que oscilan entre los 75 000 y los 500 000 dólares. Sin embargo, cuando vamos a ese estudio en el que participan varios científicos de la Universidad de Princetown y Pensilvania, reconocen que sí, pero no tanto, puesto que hay contradicciones entre los autores; ya que se encuentran encuestados con una gran capacidad económica pero alegría, la justa.
En este contexto de aparente euforia, somos testigos de avances tecnológicos y científicos en los que se nos asegura por ejemplo que muy pronto habrá bebés concebidos y gestados en el espacio. Claro está, que quien lo haga no será un pobre ciudadano del mundo, sino alguien que pagará y mucho por ser el primer ser humano en conseguirlo. Este es el ambicioso reto de Spaceborn, una empresa holandesa que investiga para convertir en realidad esta escabrosa idea.

La verdad es que me gusta mucho aquello que decía Miguel D’Ors: “La felicidad consiste en no ser feliz y que no te importe”. Esa paz y ese bienestar existe y no se logra con dinero sino con amor. Un amor, que como escribió Shakespeare en aquel soneto, «no cambia por momentos ni a distanciarse en la distancia tiende. El amor es un faro imperturbable que observa las tempestades y nunca se estremece».
Así que si Dios quiere, los próximos 6 y 7 de julio, días en los que Luis Miguel estará actuando en el corazón de Madrid, yo que flipo y me emociono con sus canciones, estaré escuchando un buen recopilatorio de él y me daré el lujo de hacerlo con una buena copa de vino; y los 200 euros de la entrada con poca visibilidad los destinaré a cualquier cosa para con los míos. Que la felicidad la compren otros, los que sigan pensando que cuanto más caro, exclusivo y solitario mejor para ellos.




¿Qué te pareció este artículo? Deja tu opinión: