Mañana día 11 de octubre es el Día internacional de las niñas, aunque hay más días dedicados a ellas, como el 24 de abril, Día las niñas en las TIC, o el 11 de febrero como Día de la niña y la mujer en la ciencia.
Este día fue establecido por la ONU en el año 2011 con el objeto de reconocer los derechos de las niñas y visibilizar los desafíos únicos que enfrentan a nivel mundial, como la discriminación, la violencia y la falta de acceso a educación o de oportunidades.
Es cierto que en muchas partes del mundo esto es una realidad, pero son precisamente estas niñas las que no se enteran de que existe su día mientras que, en los llamados países desarrollados, esto es más que una realidad, llegando a tener casi más visibilidad y derechos que los niños.
Hace unos años ya, mi hija llegaba del colegio comentando las felicitaciones que les hacían a las niñas, sea un día por ser “mujeres”, otro por ser “niñas”, otro porque viene Inspiring Girls, otro porque hay que animarlas a las carreras tecnológicas aunque no les gusten, o bien recibían alabanzas por ser el sexo femenino, parece ser único objeto de violencia, por celebrase el día contra la “violencia de género”. Mientras, los chicos, género masculino, sentían que casi tenían que pedir disculpas por pertenecer al otro sexo que constituye el otro 50% de la humanidad.

Si buscamos el Día Internacional del niño, nos sale el día 20 de noviembre, día que se estableció para conmemorar la adopción de la Declaración Universal de los Derechos del Niño (1959) y la Convención sobre los Derechos del Niño (1989) por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este día se estableció para promover y defender los derechos de los niños, como el derecho a la vida, la salud, la educación, la protección y la participación. Este día es de todos, de niños y niñas, así se estableció, sin distinciones, y por tanto ya no habrían hecho falta más días dirigidos tan solo a reconocer los derechos de las niñas. El 20 de noviembre es inclusivo, por utilizar la palabra de moda, y el día de mañana (11 de octubre) es exclusivo, no incluye a toda la infancia.
Llevamos días con el tema del aborto y, aunque muchos pensamos que todo esto es una cortina de humo para que no veamos lo que de verdad está haciendo nuestro Gobierno, hay que hablar de ello porque su manipulación de la realidad y del lenguaje hace que nos acostumbremos a aceptar todo lo que nos echen.
El problema de tanta discriminación positiva hacia la mujer, y casi hacia las niñas, es que es a costa de una discriminación negativa hacia el varón. Además de esto, el hablar tanto de las niñas, junto con haber perdido el norte respecto a lo que de verdad ayuda a la mujer, hace que también se pierda el norte de lo que es mejor para ellas.
Hace dos años, para conmemorar el Día Internacional de la Niña, un órgano de la ONU emitió una declaración mencionando el aborto 27 veces como el factor más importante para el bienestar y el desarrollo de las niñas.
El Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) dice que, a menos que las niñas tengan acceso al aborto, no pueden llevar una vida plena ni alcanzar su máximo potencial. Según estos llamados “expertos”, mientras no se garantice un acceso generalizado al aborto, resulta infructuoso discutir sobre cualquier otro derecho.
CEDAW también dice que “el acceso… al aborto seguro y de calidad es un derecho humano según el derecho internacional, y especialmente crucial para las niñas”. El comité hizo referencia al Programa de Acción de El Cairo como piedra angular para declarar el aborto como un derecho humano internacional, pero el documento de El Cairo había declarado otra cosa, afirmando que “el aborto es un tema que puede abordarse exclusivamente en la legislación nacional” y que “en ningún caso el aborto debe ser promovido como método de planificación familiar”.
Muchos órganos y agencias creados en virtud de tratados de la ONU, incluida ONU Mujeres, dedican una cantidad desproporcionada de tiempo y recursos a ayudar a las niñas a interrumpir sus embarazos no deseados, mientras que los compromisos para mejorar su acceso a la educación, el agua, el saneamiento, los alimentos y otros servicios humanitarios urgentes a menudo quedan en un segundo plano. Solo hay que meterse en la página web de la Comisión y de la Unesco para ver que los informes sobre casos en países en desarrollo sobre este tema, dicen que, curiosamente, el no considerar el aborto legalmente hace que se le obligue a la niña a ser madre, como si la ley fuera la causante de su embrazado. La verdadera protección de la mujer para no “obligarla” a ser madre, es la efectiva educación, no la de los organismos internacionales, sino la educación basada en el amor y el respeto a la persona, y con ello a su dignidad. Aquí si entra la protección contra el hombre desalmado que deja embarazada a una niña, y debería castigarse legalmente. Pero eso sería atacar a la causa, algo que sin duda nunca se plantean hacer, y el negocio del aborto no tendría sentido. Sería también proteger al inocente, sea al que tiene que nacer, o a la niñas, cuidando su natural inclinación maternal.

Un informe de auditoría de la Iniciativa Spotlight, una asociación entre la UE y la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, mostró que la inversión de 505,6 millones de euros en este sentido por parte de la UE “ha tenido poco impacto y aún debe demostrar su relación calidad-precio.” La Iniciativa gastó 173,7 millones de dólares para apoyar a organizaciones que abogan por el empoderamiento de las mujeres en los países en desarrollo, muchas de las cuales participaron en actividades de promoción y trabajo normativo en el marco de la salud sexual y reproductiva.
La realidad es que esta situación estrictamente en relación a las niñas, suele suceder en países musulmanes, por una cultura heredada donde no hay separación con la religión, sin embargo, en Hispanoamérica, son tanto niños como niñas, los que no tienen este acceso, demostrándose efectivamente que la mujer, como madre y educadora directa que nunca abandona, si tiene un papel primordial y por tanto, la educación de la mujer, si repercute directamente tanto en la educación de hijos como de hijas. Tampoco en occidente han tenido mucho efecto las campañas contra la violencia de género que, lejos de reducir casos, se elevan. O las de salud sexual reproductiva, cuya educación gubernamental, no ha llevado a reducir el número de abortos, y con ellos, de vidas perdidas. Imposible reducción ya que esta educación se basa principalmente en el aborto como método, obviando la naturaleza.
En un evento paralelo de la Cumbre Mundial de la Salud sobre una “nueva agenda” para la salud de la mujer, varios panelistas expresaron su preocupación porque la comprensión actual de la salud de la mujer se centra desproporcionadamente en la salud sexual y reproductiva y no aborda, más bien, ignora la infinidad de necesidades de salud esenciales de las mujeres.
El Comité para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) dice que, a menos que las niñas tengan acceso al aborto, no pueden llevar una vida plena ni alcanzar su máximo potencial.
La declaración de la CEDAW omitía también cualquier opción sobre el papel de la familia en la educación de las niñas y no hace ninguna referencia al impacto de las figuras maternas y paternas en la vida de los niños. La palabra “familia” se menciona dos veces en el documento, una vez refiriéndose a la planificación familiar y la otra condenando la “violencia de género” perpetrada por miembros de la familia, pero nunca como responsables de la educación de los hijos y destinatarios de una educación que transmitir.

Por otro lado, en varios eventos en el ámbito de la ONU sobre los derechos de las mujeres, los panelistas suelen describir a la familia desde perspectivas negativas, refiriéndose a esta institución “opresiva” y “patriarcal” donde se espera que las niñas realicen trabajo doméstico no remunerado en detrimento de su educación y sus aspiraciones profesionales.
En contraste con esta opinión, en una reunión de la ONU sobre los derechos del niño, varios Estados miembros, entre ellos Nigeria, la República Democrática del Congo y la Santa Sede, formularon declaraciones sobre el papel de las familias en el desarrollo de los niños pequeños y las niñas y la necesidad de un mayor reconocimiento social y protección de la familia. La Santa Sede dijo: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado. Por lo tanto, cualquier discusión sobre los derechos del niño debe estar vinculada a los derechos de la familia”.




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