Pocas cosas sorprenden en Pedro Sánchez, como ha sido el anuncio en La Coruña de aprobar la Ley de la eutanasia si vuelve a gobernar. Es la melodía trompetera que necesitan quienes forman parte del mercadeo humano bajo el yugo de la ingeniería social.
Representa a esa socialdemocracia moribunda en Europa, y políticos como Sánchez, ciegos al fracaso de Holanda o Bélgica en esta materia, apuesta por aprobar la eutanasia o el suicidio de personas con fondos públicos.
Sánchez ignora el porcentaje elevadísimo de personal sanitario español que lo rechaza tácitamente.
Más que un corazón, el PSOE de Sánchez debería poner en su slogan electoral un encefalograma plano, el ineludible aviso de que una persona ha muerto.
“Las cosas hay que decirlas claramente: La calidad de una civilización se mide por el respeto que le profesa al más débil de sus miembros. No hay otro criterio para juzgarla” Jérôme Lejeune.
¿Por qué la eutanasia? Frío cálculo económico. Como si el aumento de las pensiones nos ahorrara pasar el trance de la muerte. Sin embargo, la eutanasia garantiza destinar costes económicos a cualquier cosa, menos a los cuidados paliativos, única salida digna para una sociedad civilizada y que vela por el débil.
Eutanasia: cálculo, frialdad, indiferencia, inhumanidad. Fruto podrido del mal llamado Estado del bienestar. Bienestar de pocos en detrimento de muchos.
España, encrucijada de vida o muerte
El sociólogo Fernando Vidal afirma: “España tiene una fuerte tendencia a destruirse a sí misma”. Frase contundente, pero real, nadie como nosotros, los españoles, para llegar al cúlmen en la falta de entendimiento y autodestruirnos.
Al mismo tiempo, este sociólogo comenta con pasión: “España es un país de gran inspiración y que si quiere puede tener como misión inspirar a otros”.
La inspiración puesta en práctica se llama: Cuidados paliativos, y sí, con fondos públicos.
No son pocas las personas, sobre todo médicos, empeñados en construir una cultura social en favor de la vida digna, todo lo contrario a la eutanasia. Un ejemplo reciente es el Dr. Jacinto Bátiz, quien acaba de publicar el libro «Cuidar a las personas en el proceso de morir»
Como muy bien afirmó el inmenso Dr. Jérôme Lejeune: “Las cosas hay que decirlas claramente: La calidad de una civilización se mide por el respeto que le profesa al más débil de sus miembros. No hay otro criterio para juzgarla”.
Lo inspirador es: fortaleza, belleza, lucha, valor ante el dolor, sobriedad ante el sufrimiento, aceptación, acompañamiento, cuidado, espera, oración, dignidad. Lo que inspira renueva, habla de auténtica libertad, de respeto y amor a las personas, en definitiva habla de verdad, lo opuesto es… eutanasia.
La muerte día tras día viene a nuestro encuentro, dejemos a la muerte en paz y que cumpla con su cometido.
Pues queda en nuestra voluntad, no solo en nuestra intención de voto, optar por la deriva de la perversión como es la eutanasia, o bien, plantarnos y elegir ser un país de inspiración e inspirador.




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