La igualdad es un mensaje que no beneficia a la mujer, solo la equidad respeta la naturaleza femenina
Llevamos años viviendo en una sociedad que no podemos decir que navegue sin rumbo, sino que más bien navega evitando el norte. Actualmente podría decirse que no hay nada más lejos de la coherencia en el camino elegido, y parece encontrarse en la búsqueda del sin sentido.
La igualdad, palabra aireada y proclamada. Se persigue la “igualdad” de manera equivocada, por ejemplo, se persigue la igualdad de hombres y mujeres a costa de que la mujer pierda aquello que le hace especial para pretender convertirse en otro ser igual al hombre. Hablamos de diversidad, y es cierto, “en la diversidad se encuentra la riqueza” y esto aplicable a toda la naturaleza, a los seres humanos también, pero a la naturaleza de los seres humanos. Dios creó hombre y mujer, cada uno con sus cualidades, distintos el uno del otro, y precisamente esto es, en primer lugar, lo que hace posible nuestra existencia.
La naturaleza de la mujer-madre
La mujer es un ser por naturaleza más sensible al dolor y las necesidades ajenas; más empático, con menos fortaleza física y mayor capacidad organizativa. Esto ha sido así desde el paleolítico, las mujeres son las que cuidaban de los hijos y del hogar mientras los hombres cazaban. En primer lugar, las mujeres eran quienes daban a luz a los hijos, y tras el parto, pasada la recuperación, seguían siendo las que cuidaban de ellos, intentaban cubrir sus necesidades, y hacer de la casa un hogar. Las mujeres tienen mayor capacidad de apreciar las necesidades ajenas, y con ello, de priorizarlas a las suyas. Todas estas son cualidades necesarias para el mejor cuidado de los hijos, de la familia.
Recapitulemos, y empecemos por el principio. La mujer tiene la capacidad de acoger vida y hacerla crecer, el útero es un órgano capaz de acoger algo externo y con ello crear vida, y propiciará el ambiente adecuado para que a medida que pase el tiempo vaya creciendo y nazca. Al nacer la madre es el único ser humano capaz de alimentar a otro sin necesidad de recurrir a algo externo, y de transformar su ser, por él. Una madre cambia por completo al tener un hijo, esto empieza evidentemente al quedarse embarazada con el aumento de perímetro abdominal, el tamaño del útero hasta cincuenta veces su tamaño normal… pero va mucho más allá. Hay una serie de cambios muy importantes que se producen en el cuerpo de la mujer, a nivel cerebral hay una disminución del tamaño neuronal, no del número de estas, no regresando a su estado original hasta aproximadamente seis meses tras el parto y esto se produce con el fin de priorizar los instintos de protección de su hijo para su supervivencia. Durante el embarazo y en el postparto sufre una variación hormonal muy potente que en ocasiones puede llegar incluso a dificultar a la mujer su desempeño familiar debido a la brusquedad de los cambios.

Un ser humano dependiente
El bebé al nacer dependerá por completo de la madre, el ser humano es el recién nacido más dependiente que existe en la naturaleza, pero será capaz de reconocer el pecho de su madre y comer guiado por el olor, pues los primeros meses no es capaz de ver con claridad. A la hora de comer, si la madre decide dar lactancia, se producen cambios increíbles, por ejemplo, durante la succión por del bebé hay a su vez un intercambio entre su saliva y la leche materna. La madre recibirá parte de la saliva del bebé que le indicará si es niño o niña para satisfacer mejor sus necesidades a la hora de alimentarle (la composición de la leche varía su proporción grasa y proteica), o si se encuentra enfermo le tratará de administrar los anticuerpos necesarios… es decir, no solo cambia el cuerpo simplemente, sino que en silencio se un precioso diálogo entre los dos cuerpos.Por otro lado, el bebé no se reconoce a si mismo como individuo independiente de su madre hasta los seis meses de vida, esta esa edad se siente parte de ella.
Los primeros meses de vida los niños no son capaces de “ver” el mundo por si mismos, lo hacen a través de los ojos de sus padres, principalmente de los de su madre. Ven el mundo según lo que perciben de su figura de referencia sobre lo que les rodea, no tienen juicio propio, por el momento solo reaccionan según lo que perciben de ellos. Los niños lloran, es su lenguaje, el idioma exclusivo los primeros meses de vida es el llanto, tanto para hambre, sueño, calor o frío, pañal mojado o dolor. El bebé a su vez es incapaz de consolarse o regular sus emociones, lo hace a través de los ojos de su figura de referencia, tan solo es capaz de ver el mundo a través de ellos.
Es un momento tan importante que se está haciendo un llamamiento a que los padres deben estar “desconectados”el tiempo que se pasan con los hijos, se ha observado que lo que llaman “scroll face”, un rostro llano sin emociones que tiene lugar mientras los que deberían atender están con el móvil. Este rostro provoca ansiedad en los hijos al ser incapaces de ver nada reflejado en el rostro, e incluso puede llegar a generar incapacidad para reconocer emociones, más adelante, en los demás e incluso frustración a la hora de gestionar las suyas mismas.

Las bajas de mater-paternidad…¿igualdad?
Hago esta instrucción para analizar el rumbo que ha tomado esta sociedad que se encuentra en constante demanda de una malentendida igualdad, pues buscan las mismas condiciones para hombres y mujeres, y en su papel de padres y madres en este caso, cuando, por naturaleza, son distintos los papeles que desempeñan en el desarrollo del niño, ya que este no necesita de igual manera a su madre que a su padre, sin despreciar nunca la labor del padre, pues es una figura muy importante como sostén de la mujer y soporte familiar. Porque el padre no sufre los mismos cambios físicos que la madre, puede convertirse en un pilar básico, pero el niño le requiere de manera distinta que a su madre, nunca podrá sustituirla.
Actualmente se dan bajas de paternidad y maternidad de manera individual, con los mismos beneficios, y si es madre soltera su baja laboral se verá incrementada por el periodo que le correspondería al padre. La ley se contradice en dar la baja unas veces en concepto de individuo que es padre o madre, y otras las acumula por unidad familiar, con el consiguiente beneficio para el bebé en primer lugar, que tendrá a su madre más tiempo, entrando en juego aquí lo anteriormente comentado sobre el reconocimiento de independencia corporal y dependencia materna. La baja debería ser siempre por unidad familiar, dejando así la oportunidad de que se repartan las semanas entre los cónyuges con libertar para el mayor bienestar del niño. Esto además discrimina a los hijos de matrimonios, a los que se les obliga a repartir la baja mientras que las parejas que no lo reconocen disfrutan de permisos más largos con el mayor beneficio para su hijo.
El engañoso feminismo
Hay mujeres que se etiquetan como feministas y piden igualdad, cuando biológicamente no lo somos, en detrimento de nosotras mismas. No se deben igualar dos cosas distintas, por el contrario, habría que aprovechar sus diferencias para sacar de ellas el máximo partido. Al igualar dos individuos que son diferentes, caemos en un reduccionismo del individuo, limitándole a lo estandarizado y privándole de la riqueza de ser diferente. La mujer tiene gran riqueza en sus diferencias, y estas diferencias la hacen más eficaz en ciertos campos, así que no entiendo la razón de querer ser iguales. Sinceramente pienso que las mujeres que quieren ser como el hombre y no son capaces de luchar por defender lo que acompaña a su naturaleza, son lo menos feminista que hay…y ¡no saben lo que se pierden!
María Cañones




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