Pero la educación no solo está en el colegio o en la universidad, los padres también debemos contribuir e inculcar en nuestros hijos un pensamiento crítico que les anime a buscar siempre la verdad, la belleza y la justicia.
Hace poco, una persona que conozco me comentó que acababa de empezar a trabajar en un colegio, uno de tantos. Al poco de empezar llegó un día indignada, al tiempo que sorprendida, por la falta de educación de los niños. Otro día llegaba asustada por el exceso del uso de pantallas en los pequeños como herramienta para que se estuvieran quietos mientras leían uno a uno con ella. Esta situación tristemente no es única de este colegio. Falta de respeto, falta de nivel, etc. etc. es algo que además vemos en la sociedad.
Los padres que tenemos varios hijos hemos ido comprobando el cambio tanto en la educación como en el nivel de exigencia y de búsqueda de la excelencia, incluso al llegar a la universidad. Tocaba luchar con el sistema en todos los sentidos, incluso con los padres de sus compañeros. Pero el estado de nuestra universidad y de la enseñanza en general no es más que un reflejo de cómo está la sociedad.
En La abolición del hombre, C.S.Lewis nos hablaba de las ya entonces grandes diferencias tangibles entre la que él llamaba educación antigua y nueva. Mientras que la antigua formaba, la nueva simplemente condiciona. La antigua se ocupaba se ocupaba de sus alumnos como los pájaros adultos se ocupan de los jóvenes cuando les enseñan a volar; la nueva les trata más como el avicultor trata a los polluelos: dirigiéndose a ellos de tal o cual manera con propuestas de las que los pájaros no entienden nada. En una palabra: la antigua era una especie de propagación: hombres que transmitía humanidad a otros hombres; la nueva es simplemente propaganda.[1]
¿Y quién no quiere esto para sus hijos? ¿Quién no quiere que sus hijos vuelen sin estrellarse?
Este fin de semana estuve en el Congreso organizado por la Fundación CLE con el título de Universidad, ¿Quo Vadis?
Pudimos escuchar a maravillosos ponentes, profesores de distintas universidades que coincidieron en hacer un diagnóstico triste sobre la situación actual de la universidad en particular, y de la enseñanza en general, a la vez que nos explicaron el proceso de cómo habíamos llegado hasta el momento en el que estábamos. Pero la esperanza es lo último que se pierde y, tan solo escuchar tan claramente lo que pasaba, ya era esperanzador sabiendo además que nos lo contaban personas que ya estaban trabajando en este necesario cambio.
La universidad era conocida como templo del saber, pero esa definición ya no la define. La universidad es actualmente un reflejo de la sociedad actual. Y el nivel de la sociedad actual es muy bajo. Preparar a los alumnos para ser mejores personas tiene un efecto inmediato en una sociedad más justa en la que la verdad brille, o por lo menos sea este el objetivo. Porque si buscas la verdad en tu vida, buscarás la verdad en todo lo que hagas.
La universidad era conocida como templo del saber, pero esa definición ya no la define.
El Dr. Pablo Pérez nos indicó, recordando la visión del escritor Ernst Jünger, que el cambio que se produjo en la educación universitaria durante el siglo pasado, dirigía la mirada hacia una educación más técnica en un mundo que “sustituye la moral por la higiene, y la verdad, por la propaganda”, intentando sustituir la moralidad tradicional y la verdad objetiva por meros criterios funcionales. Así, el comportamiento humano ya no se juzgaría por lo bueno o lo malo, sino bajo criterios técnicos o biológicos de sano o enfermo, disminuyendo también el peso de la realidad objetiva y los hechos ante la verdad política, ante la ideología que solo busca movilizar masas y no informar.
Reconocía que el efecto final de esta traición de la universidad a sus propios orígenes, la traición al saber y a la búsqueda de la verdad, tiene sus efectos en la familia, la escuela, la autoridad y la cultura. Así se produce, en palabras del Dr. Pablo Pérez, la pérdida de lo más evidente de la realidad, la pérdida de Dios, además de la pérdida de la esperanza, la pérdida de la caridad…y todo lo que deriva de ellas.
Fabrice Hadjadj reflexionó posteriormente sobre la persona humana como un ser encarnado y dirigido a un futuro glorioso, un corazón en espera de plenitud, lo que nos recordó a qué estamos llamados.
Se insistió en algo que ya casi no se recuerda, y es que la verdad importa. Recalcó su valor y que el reto actual está en recuperar la discusión racional, porque la razón humana es discursiva y es capaz de verdad. La verdad no se significa por un eventual acuerdo al que se pueda llegar, no se negocia ni se pacta. Y porque, aunque nuestro conocimiento sea limitado, lo importante es que sea verdadero.
Podríamos decir que el halo de esperanza se materializó en la intervención de la Dra. Catherine L’Ecuyer donde explicó su propuesta de la Teoría Educativa Clásico-realista, como única alternativa realista y efectiva si queremos volver a aprender, a pensar, a discutir y a conversar de forma racional y realista. Cambió que se podría realizar tanto desde la etapa escolar, como en la universitaria, siendo urgente y necesario porque la realidad es con lo que, tarde o temprano, nos topamos, como ha pasado ya.
En una época en que la palabra se manipula tanto, se habló también del valor de la misma, del derecho a la libertad de expresión, de la deconstrucción como causa del cercenamiento de la libertad de expresión y de la censura. Y, finalmente se habló de cómo aprender mejor y de cómo ayudar a los estudiantes a pensar.
En mis años de estudiante universitaria, y a pesar de la ya implementada idea del utilitarismo, el bien común era un concepto que aparecía muy a menudo. Quizás porque en Económicas se hablara más de ello que en Empresa, quizás porque yo lo detectaba más, pero había una idea de que podíamos cambiar el mundo a mejor. Ahora, sin embrago, cuesta encontrarte ese concepto, incluso ni se usa, y su significado está distorsionado totalmente ya que sustituye el bien común por el bien de unos pocos. Todo cabe en este concepto porque es el bien sensiblero que unos pocos deciden beneficioso, siendo el suyo propio el más rentable.
Pero la educación no solo está en el colegio o en la universidad, los padres también debemos contribuir e inculcar en nuestros hijos un pensamiento crítico que les anime a buscar siempre la verdad, la belleza y la justicia. Solo así, andando todos en este camino, tendremos mejores ciudadanos, mejores profesionales, líderes reales y, en conclusión, mejores personas,, y la humanidad será verdaderamente humana.
[1] C.S.Lewis, La abolición del hombre, Encuentro 2016, pag.29




¿Qué te pareció este artículo? Deja tu opinión: