The Power of the Press (1928), una película temprana de Frank Capra olvidada incluso por el propio director, es rescatada en este ensayo como un alegato vibrante a favor de la dignidad humana frente al poder creciente —y a menudo opaco— de los medios de comunicación. En tiempos de algoritmos que dictan titulares y tecnologías que diluyen la verdad, esta cinta muda grita con fuerza: “¡Paren las máquinas!”. Gracia Prats-Arolas y José-Alfredo Peris-Cancio analizan el film con mirada bioética y personalista, mostrando cómo la resistencia a los relatos apresurados —y a la indiferencia ante el sufrimiento— sigue siendo esencial para un periodismo verdaderamente humano. Entre la nostalgia y la urgencia, esta lectura invita a repensar qué significa informar sin perder de vista el misterio de cada persona.
Una película omitida por Capra en su autobiografía
The Power of the Press (El poder de una lágrima, 1928) es una película que no aparece en la autobiografía de Capra[1]. Una omisión difícil de explicar. Quizás al director se le escurrió en su memoria ante la acumulación de películas que filmó en ese mismo año, 1928. Para algunos se trata de un indicio de que nos encontramos ante una obra menor del cineasta de origen siciliano. No nos parece justificado este planteamiento. En realidad, en The Power of the Press nos encontramos con el filme que mejor representa los valores del propio Capra y que caracterizan su obra, lo que nosotros conceptualizamos como su personalismo fílmico[2].
Algunos de los comentaristas de la filmografía capriana, como Joseph McBride, consideran que lo más destacable de esta película es un fragmento que tiene las trazas de un documental[3]. Se refiere a aquellos momentos en los que, tras quince minutos de metraje, asistimos a una descripción rigurosa del proceso de producción de los periódicos, tal y como se gestionaba en Estados Unidos durante finales de los años veinte. Otros llegan a verlo[4] tan sólo como un espejismo, ante el tono trivial que adquiere el resto de la cinta. Incluso hablan de que pudiera ser la frustración de Capra de no haber podido llevar adelante un proyecto más crítico con respecto al mundo del periodismo lo que pudo explicar que no la citara en su autobiografía.
Un relato sobre la resistencia de la verdad de la persona ante el creciente poder de la prensa
No estamos seguros de que esta sea una interpretación adecuada. No nos parece que sea plausible que un juicio de este tipo fuera la explicación de que no apareciese en el relato de Capra sobre su propia obra. A lo largo de esas páginas el director se expresaba con completa libertad, por lo que no vemos por qué habría tenido que abstenerse de hacer un comentario crítico hacia quienes le hubiesen impedido desarrollar adecuadamente la película.
Nos mantenemos en lo que en su día uno de nosotros pudo escribir con el maestro José Sanmartín[5], acerca de la armonía entre el relato descriptivo acerca del mundo de las editoriales de prensa y el propio relato humano que acompaña la trama. Entonces sosteníamos que las claves eran:
- “La inocencia infantil del protagonista masculino”;
- “La maduración de la personalidad del protagonista en el encuentro con la mujer”;
- “La decisiva importancia de la relación varón/mujer para comprender las exigencias de justicia ciudadana”;
- “La presencia de la modernidad productiva y la necesidad de dirigirla con sentido humano”;
- “El poder de la prensa vs. El poder de una lágrima”. Ahora, favorecidos por querer desarrollar una perspectiva bioética, intensificamos incluso esa propuesta y consideramos que nos encontramos ante “un relato sobre la resistencia de la verdad de la persona ante el creciente poder de la prensa.”
Porque, como señala acertadamente Michel Cieutat[6], The Power of the Press es la más característica de las películas del director de las filmadas en 1928. En la misma ya se encuentran los temas que acompañaran las convicciones nucleares del director a lo largo de su filmografía. Y lejos de frustrar la pregunta acerca de cuál es el poder de la prensa, lo plantea de modo muy adecuado: no reside en la fuerza de una tecnología que vaya desarrollando un incremento en la capacidad de imprimir muchos periódicos en poco tiempo. Ni tampoco en cómo puede influir sobre las elecciones y los rumbos de la política.
El poder de aproximarse al misterio que es la persona desde el análisis de las circunstancias y acontecimientos en torno suyo
El verdadero poder de la prensa para Capra encuentra una clara analogía con lo que señala Carola Minguet como propósito para el mejor periodismo.
“… tratar de aproximarse al misterio que es la persona desde el análisis de las circunstancias y acontecimientos en torno suyo… Normalmente, la finalidad de una noticia es contestar el qué, el cómo, el cuándo de la opinión, justificar o criticar ese qué, ese cuándo y ese cómo. Pero, ¿y si la mirada fuese otra? El lector no necesita únicamente hechos, sino claves para trascenderlos e interpretarlos. «El periodismo morirá pronto si se conforma con permanecer ignorante», advirtió Chesterton”.[7]
Este enfoque personalista sobre el periodismo que delinea la Dra. Minguet creemos que coincide plenamente con la propuesta de The Power of the Press. Lo más permanente de la película no son las imágenes que recuerdan a un documental, sino las historias y los acontecimientos al servicio de los cuales se pone la película. La trama del filme no se desvía de la auténtica reflexión sobre la prensa. La encarna, le da cuerpo y vida, según el modo de proceder del director.
Lo vemos ya en las primeras escenas. La sala de redacción es presentada con las sucesivas mesas de redacción. Hay un desorden manifiesto en todas ellas, con papeles colgando por todas partes, y con periodistas tras las máquinas de escribir, cada uno caracterizado de modo singular. Capra plantea el bullicio de una humanidad receptiva a las noticias, que no se confunde con la precisión funcional y aséptica de las máquinas de edición. Quiere dejar bien claro que es la humanidad la que lleva las riendas del periodismo.
“Día soleado, salud y felicidad para todos es lo que prometo hoy”
El protagonista, Clem Rogers (Douglas Fairbanks) simboliza de modo más intenso esa humanidad. Encargado de redactar las noticias del tiempo, no se limita a suministrar el dato de que “el hombre del tiempo promete para hoy un día soleado”, sino que en clave análoga a los escritos de Emerson[8], 
Acto seguido, el director de la edición (Robert Edeson) tachará casi todo el texto y sólo dejará que se publique la primera frase, la que enuncia el mero dato de un día soleado. La justificación parece poco menos que evidente: la prensa sólo debe publicar hechos. Pero toda la trama que a continuación Capra plantea, no sólo nos parece divertida y dinámica, ya que se desarrolla a un ritmo trepidante. Implica algo más decisivo: muestra que los hechos por sí mismos nunca son suficientes… si no hay una mayor perseverancia o resistencia para interpretarlos en su verdad.
Clem es enviado a investigar el asesinato del fiscal del distrito. Allí sorprende a Jane Atwill (Jobyna Ralston) la hija del candidato alcalde, saltando por una ventana lateral de la casa. Intenta retenerla, pero no lo consigue. Y mientras la chica huye, pide a otro hombre que la persiga desde su coche, estacionado a pocos metros. Resulta ser Van (Wheeler Oakman), a la postre el verdadero asesino. Será este quien le ofrecerá a Clem el relato interpretativo de por qué la joven se comporta de tal modo: es ella quien ha cometido el delito.
Con ese dato y su interpretación, Clem consigue que su periódico, el Times, “pare las máquinas” y ponga un titular nuevo para la primera página: “La hija del candidato implicada en el asesinato del juez del distrito”. Haber dado con esa primicia lo sitúa por delante de los otros redactores, particularmente del periodista estrella, Bill Jones (Dell Henderson), con quien tiene una rivalidad manifiesta que da ocasión a frecuentes escenas de humor slapstick.

“Nosotros los periodistas debemos imprimir las noticias sin que importe a quien le hiera”
Si embargo, Clem tendrá la suficiente honradez para reconocer lo precipitado de la noticia que se ha difundido entre los lectores. Los hechos han podido ser de otra manera. Y lo descubre cuando Jane acude al periódico para reprochar el que ha arruinado su reputación y la carrera electoral de su padre.
En un primer momento reacciona con la profesionalidad aprendida: “Nosotros los periodistas debemos imprimir las noticias sin que importe a quien le hiera”. Pero cuando ella desesperada se derrumba y llora, Clem la cree y busca al director para cambiar la interpretación que estaban dando a los hechos por medio de una nueva portada.
La edición castellana de la película acertó en titularla “El poder de una lágrima”, porque aquí de nuevo se concentra la tesis personalista de Capra: el poder de la prensa está en hacer verdadera justicia al sufrimiento humano. Y a veces sólo el llanto es capaz de expresar hasta qué punto se está haciendo sufrir a un inocente[9].
A algunos estudiosos de Capra les parece esta una reacción bastante inverosímil. No lo es si nos damos cuenta que cuadra perfectamente con la inocencia del personaje de Clem. Si creyó a Van, con más razón puede dar autoridad a una reacción emocional como la de Jane Atwill de cuya autenticidad no duda. Quizás sea un dato preocupante para entonces y para ahora que no sepamos dar crédito al llanto de las víctimas, porque sin duda eso empeora su situación.
Muestra de esta reacción escéptica es la del jefe de edición, que no sólo no está dispuesto a cambiar la línea del periódico sobre la sospecha ante Jane, sino que, ante la insistencia de Clem, sin parpadear lo despide. Y esto supone una maduración en el ejercicio periodístico del joven: busca comprobar sus corazonadas con evidencias y desarrolla una investigación que, resumida, consigue vincular al asesino Van con el oponente a Atwill en las elecciones a la alcaldía, Robert Blake (Philo McCullough). Un personaje de político corrupto, que resulta un claro precedente de los personajes que interpretaría después Edward Arnold en Caballero sin espada (1939) y en Juan Nadie (1941). Triunfante llegará de nuevo al periódico con Van, el verdadero asesino, y Marie Weston (Mildred Harris), la testigo de los manejos de la banda de Blake, para de nuevo lanzar el grito de la rectificación: “paren las máquinas.” La verdad pide un nuevo titular.
Queremos destacar que la razón que tiene Blake para asesinar al fiscal es que conoce su relación con una mujer de conducta dudosa, que ha tenido problemas con la justicia, llamada Marie Weston. Blake no se conforma con acabar con el empleado público, sino que tiene secuestrada a Marie para que nadie puede saber de ella. Capra dibuja en ella no una mujer fatal, sino alguien que está deseando ser tratada con respeto a su condición personal, de un modo coherente con su personalismo que destaca la dignidad de la mujer. Cuando Clem la rescata, ella colabora como una nueva heroína, valiente y decidida. El crimen de Blake con respecto a ella no se trata de que sea su amante. Es que mantiene una relación con ella completamente carente de un respeto integral a su condición de persona femenina. No es, ni mucho menos, un elemento trivial de la trama.
Cuanto mayor sea el desarrollo tecnológico, mayor tendrá que ser recíprocamente el cuidado de las personas
The Power of the Press, con esta doble descripción del mundo de la prensa, se sitúa muy cerca de Submarine (1928), que ya analizamos en una contribución anterior[10]. Forma parte de un enjuiciamiento de la tecnología, tan necesario al comienzo del siglo XX y en la actualidad. Las coordenadas de la reflexión resultan muy elocuentes: cuanto mayor sea el desarrollo tecnológico, mayor tendrá que ser recíprocamente el cuidado de las personas. La subordinación de la dignidad de las personas a los avances de la técnica sin el suficiente discernimiento será ocasión para ejercer de modo crítico un ejercicio de resistencia a favor de la verdad de la persona, de su dignidad y de su misterio.
Josep Maria Esquirol persuade de que el mayor efecto de la tiranía de lo tecnológico sobre las personas es que produce disgregación, como ya señalara Max Picard[11] a raíz del advenimiento del nazismo y su impacto sobre la cultura occidental. La aparente sencillez del cine de Capra en The Power of the Press es que no deja que la tecnología informativa engulla la experiencia de cercanía entre las personas.
El prójimo, la casa, la cotidianidad, la cura, son elementos de una filosofía de la proximidad que ha reconocido la experiencia del nihilismo y de la intemperie como fundadoras. Estos elementos de la proximidad se dejan integrar en el sentido de la resistencia. La gente sencilla lo ha sabido siempre: vale la pena resistir. La reflexión filosófica llegar tarde —como siempre—, pero llega. Lo que la mueve hace que, sin embargo, no pueda detenerse satisfecha. Inevitablemente se interroga por el diferido sentido de la resistencia. Entrevé que la resistencia tiene todavía más sentido del que parece; entrevé, en la resistencia, una extraña confianza y, entonces, reconoce que ella misma —la reflexión filosófica— siempre ha formado parte de esta resistencia y descubre que la interrogación es también plegaria.[12]
Conclusión: nuestra falta de conciencia quién y cómo nos gobierna constituye parte de nuestra difícil situación
Alasdair MacIntyre (1929-2025).
La nostalgia que con frecuencia provoca el cine de Capra es que en él los protagonistas están bien definidos. En The Power of The Press, Clem confía en Jane Atwill, y logra desenmascarar al mafioso Rober Blake y sus secuaces. Es un mundo con proximidad —con prójimos—. En cambio en nuestros días los pretendidos avances tecnológicos que se nos proponen se envuelven por un manto de falta de trasparencia y de ambigüedad en el que intuimos en que lo mejor y lo peor vienen amalgamados. Lo han detectado reputados pensadores de nuestros días que han puesto su atención en la Inteligencia Artificial, advirtiéndonos acerca de si estamos ante ética o ideología[13].
Conviene terminar esta contribución con una alusión al filósofo recientemente fallecido, Alasdair MacIntyre, que ya hace unas décadas advirtió de los riesgos de seguir apostando por un progreso sin discernimiento ético. Ante él, habría que pedir como Clem, que “paren las máquinas”, en espera de que pueda venir un progreso resistente y unido a la verdad, mejor que seguir dejándose llevar por lo que se impone desde los difusos manejos del poder.
«…lo que importa ahora es la construcción de formas locales de comunidad, dentro de las cuales la civilidad, la vida moral y la vida intelectual puedan sostenerse a través de las nuevas edades oscuras que caen ya sobre nosotros. Y si la tradición de las virtudes fue capaz de sobrevivir a los horrores de las edades oscuras pasadas, no estamos enteramente faltos de esperanza. Sin embargo, en nuestra época los bárbaros no esperan al otro lado de las fronteras, sino que llevan gobernándonos hace algún tiempo. Y nuestra falta de conciencia de ello constituye parte de nuestra difícil situación. No estamos esperando a Godot, sino a otro, sin duda muy diferente, a San Benito[14].»
Ficha técnica:
Título original: «The Power of the Press» (“El poder de una lágrima”).
Año: 1928.
Duración: 1h. 04 m.
País: Estados Unidos
Dirección: Frank Capra
Gracia Prats-Arolas
Profesora e investigadora en Filosofía y Cine
Universidad Católica de Valencia
Profesor e investigador en Filosofía y Cine
Miembro del Observatorio de Bioética
Universidad Católica de Valencia
[1] Capra, F. Frank Capra. El nombre delante del título. Madrid: T&B Editores, 2007.
[2] Actualmente es perfectamente accesible al público, por ejemplo, en estas página de internet: https://en.wikisource.org/wiki/The_Power_of_the_Press_(film); https://archive.org/details/the-power-of-the-press_1928; https://www.youtube.com/watch?v=Ga3sGnZBMVY Durante años se pensó que estaba perdida y hoy se puede ver en perfectas condiciones salvo algún pequeño salto hacia el final de la cinta.
[3] McBride, J. Frank Capra: The Catastrophe of Success, New York. New York: Simon &Schuster Inc., 2000, p. 201.
[4] Así, Iglesias Gamboa, Jaime. «El poder de una lágrima.» En El universo de Frank Capra, de Ramón y otros Alfonso, 42-45. Madrid: Notorios Ediciones, 2022. p. 45
[5] Sanmartín Esplugues, J., y J-A. Peris-Cancio. Cuadernos de Filosofía y Cine 02. Los principios personalistas en la filmografía de Frank Capra. Valencia: Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir, 2017b, pp. 54-58.
[6] Cieutat, M. Frank Capra. Barcelona: Cinema Club Collection, 1990, pp. 125-126.
[7] Minguet Civera, C. (2025). ¿Y si la mirada fuera otra? Tribunas periodísticas para trascender la actualidad. Valencia: Tiran lo Blanch. p. 9.
[8] Pensamos, por ejemplo, en Emerson, R. (2010c. La confianza en uno mismo. En R. Emerson, Obra ensayística (págs. 175-214). Valencia: Artemisa Ediciones; (2015). Ensayo sobre la naturaleza. Tenerife: Baile del Sol.
[9] Véase, por ejemplo, Chalier, C. (2007). Tratado de las lágrimas. Salamanca: Sígueme.
[10] La alianza entre amistad, reconocimiento del otro y tecnología en «Submarine» (1928), https://www.observatoriobioetica.org/2025/05/la-alianza-entre-amistad-reconocimiento-del-otro-y-tecnologia-en-submarine-1928/10004059
[11] Picard, M. (1947). Hitler In Our Selves. (H. Hauser, Trad.) Hinsdale, Illinois: Henry Regnery Company.
[12] Esquirol, J. M. (2019). La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad. Barcelona: Acantilado, p. 178.
[13] Cortina, A. (2021). Ética cosmopolita: Una apuesta por la cordura en tiempos de pandemia. Paidós: Barcelona.
[14] MacIntyre, A. (1987). Tras la virtud. Barcelona: Crítica, pág. 322.




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