La llamada ‘pintura de género’ es un estilo pictórico que representa escenas de la vida cotidiana, tanto en interiores como en exteriores. Es como si la vida se detuviera en un momento y el artista aprovechara para plasmar en su lienzo la belleza del instante, recreándose en detalles que nos remontan a la época y costumbres de ese espacio y tiempo, al estatus de las personas, embelleciendo la obra por el uso del color.
Algunos autores consideran la pintura de género como un reflejo del costumbrismo surgido con el Romanticismo, y una antesala del Realismo que se desarrolló en el siglo XIX.
Raimundo Madrazo y Garreta (Roma 1841- Versalles 1920), el protagonista de la exposición que estos días podemos ver en la Fundación Mapfre, es uno de los más destacados representantes de este género pictórico. Al igual que su abuelo José y su padre Federico, viajó a París para completar su formación artística con tan solo 20 años, pero a diferencia de ellos no regresó a España, sino que desarrolló toda su carrera entre París y Estados Unidos, donde realiza distintas tournées de retratos a partir de 1897. Para Raimundo de Madrazo, París poseía no sólo el atractivo de las numerosas oportunidades artísticas y del contacto con las corrientes más vivas del momento, sino que sus incontables alicientes sociales le atraían muy especialmente.

Los Madrazo destacaron como una de las familias más influyentes y reconocidas en el arte español del siglo XIX. Nieto del pintor neoclásico José de Madrazo e hijo de Federico de Madrazo, el más destacado retratista del Romanticismo español, Raimundo era también cuñado e íntimo amigo de Mariano Fortuny. Además de ser descendiente directo de dos pintores de cámara y directores del Real Museo de Pintura y Escultura (actual Museo del Prado), entre sus tíos se encontraba Pedro de Madrazo, quien se distinguió como pintor, literato y crítico de arte; Luis de Madrazo, dedicado igualmente a la pintura, y Juan de Madrazo, afamado arquitecto seguidor de Viollet-le-Duc. Asimismo, su sobrino Mariano Fortuny y Madrazo destacó como diseñador y escenógrafo. Por la rama materna, los Kuntz también gozaron de prestigio como pintores y retratistas. Heredero de esta tradición artística, el propio Raimundo de Madrazo desarrolló una brillante carrera en el ámbito de la pintura de género y del retrato, y también su hijo, conocido como Cocó, llegó a convertirse en un reconocido pintor de la sociedad parisina de inicios del siglo XX.
Huyendo de la mitología y la pintura histórica, dedica inicialmente su obra pictórica a la pintura de género, siendo un autor muy cotizado en el mercado artístico internacional debido a su gran habilidad en el uso del color y la rica representación de interiores.
En 1870 los Fortuny abandonaron París, pero Raimundo, coincidiendo con la Guerra Franco-Prusiana, decidió quedarse y participar como voluntario de la Cruz Roja, en las labores humanitarias desplegadas en la capital. Su permanencia en la ciudad supuso la destrucción de algunas de las pinturas en las que trabajaba para su inminente exposición en Londres, pero el artista, junto a Ignacio León y Escosura, decidió resistir en la ciudad. En ese tiempo se ganó el respeto y la amistad férrea de muchos de los pintores franceses que habían quedado en la ciudad, especialmente de Paul Baudry (1828-1886), de quien llegaría a atesorar algunos de sus dibujos, hoy conservados en el Louvre.
Tras la guerra comenzó su verdadero ascenso profesional, exponiendo desde entonces en las galerías más importantes de París y Londres, difundiendo su arte —muy próximo a Fortuny— entre los grandes coleccionistas burgueses de toda Europa y América.
Es a partir de la mitad de la década de 1870 cuando empieza a realizar retratos hasta llegar a convertirse en uno de los retratistas preferidos de la alta sociedad parisina y estadounidense que visitaban su estudio.
El París del último tercio del siglo XIX fue escenario de un vibrante panorama artístico en el que convivieron las corrientes académicas que apoyaban los certámenes oficiales junto a nuevas tendencias creativas, como el impresionismo, que abrieron vías nuevas que darían lugar a las vanguardias del siglo XX. Sin embargo, Madrazo representó el denominado juste milieu, es decir, una pintura que se defendía en una línea a medio camino de estas nuevas corrientes y que tuvo gran aceptación entre el público y los coleccionistas.
En febrero de 1872 viajó a Sevilla con Martín Rico, a casa de los Iruretagoyena, emparentados con sus íntimos amigos, los hermanos Errazu. Allí realizó muchas escenas costumbristas y pinturas de gitanas. Después, en julio, acudió a Granada, donde se encontraba Fortuny.
Tras varios tormentosos amoríos, el 19 de febrero de 1874 casó con su prima Eugenia de Ochoa y de Madrazo, con la que tuvo, el 28 de junio de 1875, a su único hijo, Federico Carlos de Madrazo (1875- 1935), más conocido como “Cocó”, que se dedicó a la pintura y a la música. Ocho días después del parto falleció su esposa.
Raimundo Madrazo fue considerado en su época como un símbolo de elegancia, además de ser valorado por su respeto al pasado y a la tradición, lo que le situó como figura fundamental en el panorama artístico y en los círculos sociales más distinguidos e internacionales de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
A partir de ese momento su vida se volvió cada vez más sofisticada y exquisita y comenzó a tramar una red de amistades escogidas y cosmopolitas entre la que figuraron todos los protagonistas del Grand Monde de París, a la mayoría de los cuales inmortalizó en sus retratos. Retrató al que años más tarde sería su vecino e íntimo amigo, el conde Robert de Montesquieu (1855-1921), que le convirtió en asiduo tertuliano del salón de la princesa Mathilde Bonaparte y le facilitó además contactos con importantes clientes, como Samuel P. Avery.
En 1877 Madrazo debió ocuparse de organizar, con la ayuda de Rico, una exposición de homenaje a su cuñado Mariano Fortuny, en el Pabellón de la Exposición Universal de París de ese año. En enero de 1879 Raimundo fue nombrado correspondiente por el extranjero de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
En enero de 1879 Raimundo fue nombrado correspondiente por el extranjero de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Aunque practicaba otros géneros con mucha habilidad, el éxito y el reconocimiento internacional llegó a Raimundo de Madrazo por su extraordinaria capacidad para retratar de un modo elegante y refinado a la más alta sociedad. Su clientela fue extraordinariamente variada. Así, hay ejemplos de la aristocracia española, como el soberbio retrato de la Duquesa de Alba (Madrid, Palacio de Liria), el de La reina María Cristina de Austria (París, Embajada de España) o el notable retrato del Marqués de Casa Riera (Madrid, Fundación Carlos de Amberes). También se conocen otros de la nobleza europea asentada en París, como el de La marquesa d’Hervey (París, Musée d’Orsay). Pero, sobre todo, Raimundo dejó los mejores testimonios de su pintura en los retratos de la alta sociedad hispanoamericana afincada en París, como el de La marquesa de Manzanedo (Madrid, Museo del Prado) o, sobre todo, el de su amigo Ramón de Errazu (Madrid, Museo del Prado), obra cumbre de toda su producción. Además, inmortalizaría a personajes clave de la sociedad estadounidense durante sus numerosas estancias en aquel país, como atestiguan los retratos del Mr. y Mrs Charles Phelps Taft (Cincinatti, Taft Museum), hermanastro del presidente de los Estados Unidos.

Sin embargo, muchos de sus cuadros más conocidos son los tipos y escenas intrascendentes que recreó, durante más de quince años, con ayuda de su modelo Aline Masson. Vestida o desnuda, con mantilla blanca o disfrazada de Pierrette, Masson protagonizó una gran parte de la producción de Madrazo destinada al mercado, frívola en cuanto a sus asuntos, fresca y sensual, y de una altísima calidad de ejecución, que parece atrapar sin esfuerzo toda la vivacidad de su despreocupada juventud, plenamente consciente de la decadencia insostenible del final del realismo burgués.
Desde la década de 1870 Raimundo presentó algunas de sus obras en los salones Bosch de Madrid y en Múnich, pero fundamentalmente en el Salon de París.
A mediados de la década de 1880, el Senado español le encargó un gran lienzo para la decoración de sus salas, que debía representar a Colón, a la vuelta de América, entrevistándose con los Reyes Católicos. La obra, con la que la Cámara no quedó satisfecha, no fue adquirida al artista. Sin embargo, fuera de su país continuaba su éxito.
Aunque ya participó en la Exposición Universal de 1860, su consagración oficial vino de la mano de su participación en la Exposición Universal de 1898, a la que concurrió con 14 obras. El reconocimiento de su trabajo le hizo merecedor de una Primera medalla, así como de la concesión de la Cruz de Caballero de la Legión de Honor. El año siguiente envió a Madrid un gran retrato de aparato de la reina María Cristina de Habsburgo-Lorena (París, Embajada de España), que le había sido comisionado por el Ministerio de Fomento y que, sorprendentemente, fue rechazado por el marqués de la Vega Armijo aduciendo la impropiedad de la forma en la que se presentaba a la Reina viuda.

Durante la década de 1990 organizó varias exposiciones en distintas ciudades inglesas, llegando a instalarse en Bath durante 1892, desde donde atendió a un mercado que le obligaba a presentar pinturas tanto en Madrid como en Nueva York. De hecho, en 1898, Raimundo se trasladó a esa ciudad, donde realizó numerosas obras. En 1899 regresó a París, donde contrajo nupcias con María Hann, hermana del famoso músico Reynaldo, con el que el propio hijo de Madrazo, Cocó, estrecharía una íntima amistad. En 1901 retornó a Nueva York y de allí viajó a Baltimore, a Los Ángeles y, más tarde, a Buenos Aires, donde retrató a Bartolomé Mitre. En 1902 pintó a diversas personalidades norteamericanas y al año siguiente retornó a París, donde la colonia de pintores españoles le nombró presidente de su Sociedad Artística. En Buenos Aires el conocido marchante Artal organizó en sus salones una muestra dedicada a él.
En 1905 fue nombrado miembro honorífico de The Hispanic Society of America de Nueva York, debido a la estrecha colaboración que mantuvo con Archer Huntington, mientras éste ponía en marcha la institución. Fiel a su carácter de hidalgo —como ironizaban sobre él los hermanos Goncourt—, donó importantes obras al filántropo americano para que las conservara en ese centro, testimonio de la cultura hispana en el centro del mundo anglosajón. En 1907 regresó a Nueva York, a donde volvería de nuevo en 1911, viajando también a Cincinnati.
Instalado en Versalles desde 1910 con su esposa, permaneció allí durante los años de la Gran Guerra. Falleció en 1920, año en que la Royal Academy de Londres, de la que era miembro, celebró una exposición homenaje en su memoria, mientras que en Madrid la noticia pasó desapercibida. Con el dramático suicidio de su único hijo en 1935 se perdió la memoria y la continuidad de una saga artística que había empezado más de siglo y medio antes y que había sido la protagonista absoluta de la vida artística española.
Fue testigo de las tensiones de la modernidad, cuyos cánones y modas hicieron que su obra fuera desacreditada por el canon artístico posterior, y por ello permaneciera injustamente ignorada por la crítica y la historia del arte, algo que trata de recuperar esta exposición, organizada junto al Meadows Museum (Dallas), que expone un centenar de sus obras más significativas.

El recorrido expositivo se despliega a lo largo de ocho secciones que examinan, desde una perspectiva tanto cronológica como temática, la producción del pintor. Con más de cien obras, presenta, además, diversas pinturas inéditas que han sido encontradas en el desarrollo de las investigaciones para la preparación de la muestra. Asimismo, cuenta con el apoyo de casi sesenta importantes instituciones y colecciones particulares nacionales e internacionales, entre las que figuran las siguientes: Museo Nacional del Prado, Madrid; The Metropolitan Museum of Art, Nueva York; Clark Art Institute, Williamstown, Massachusetts; The Hispanic Society of America, Nueva York, o Musée d’Orsay, París.




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