Anders Zorn (1860–1920) fue el pintor sueco más destacado de finales del siglo XIX y principios del XX. Procedente de un humilde entorno rural, llegó a alcanzar fama internacional como retratista de reyes, políticos y otras celebridades de su tiempo. Su virtuoso dominio de algunas de las principales técnicas artísticas (óleo, acuarela, grabado) le consolidó como uno de los creadores con mayor prestigio en Europa y Estados Unidos.

Recorrer el mundo, recordar la tierra presenta s exhibirá en la Fundación Mapfre hasta mayo, con una panorámica del conjunto de su obra: desde sus primeras acuarelas y sus viajes de formación, su posterior establecimiento en París —donde fue uno de los protagonistas del triunfo de la pintura naturalista— hasta su retorno a Suecia en 1896 y sus viajes a Estados Unidos. La amplitud y riqueza de esta trayectoria, cosmopolita y al mismo tiempo profundamente vinculada a sus orígenes, se refleja en una pintura en la que la representación de la vida moderna y los retratos de personalidades de muchos países conviven con escenas de la vida tradicional de su región natal. La muestra que se exhibe en la Fundación Mapfre incluye también su producción española, con obras de Sevilla, Cádiz y Granada, así como otras piezas que testimonian su amistad con Joaquín Sorolla o Ramón Casas.
Una vida de novela
Anders Zorn tuvo una vida digna de las mejores novelas. Nacido en Mora (Dalarma), una zona rural situada en el centro de Suecia, hijo natural de una campesina y de un cervecero alemán, no llegó a conocer a su padre y fue criado por sus abuelos. Zorn muestra desde muy pequeño una gran habilidad para el dibujo y la escultura, unas cualidades que le abren las puertas de la Academia de Bellas Artes en Estocolmo, donde ingresa con 15 años y estudia hasta 1880, ese mismo año conoce a Emma Lamm, que provenía de una acaudalada familia, con la que se comprometió en secreto en 1881. Es en ese mismo año cuando, por desacuerdos con su director, dimite y abandona Suecia rumbo a España, Londres y París. En una carta que escribe a un amigo, el pintor comenta que “España es ‘caliente’ y soleada, hay muchachas bonitas y mendigos pintorescos. Un verdadero paraíso para los pintores”.

En el otoño de 1882 se establece en Londres, en el distrito Mayfair, muy de moda en esa época, donde enseguida alcanza una gran reputación como excelente retratista y recibe numerosos encargos. Regresa a Suecia en 1885 para casarse con Emma Lamm, ya que su situación económica estaba suficientemente consolidada como para poder fundar un hogar; además, dada la posición social de sus suegros, el pintor tiene acceso a una nueva clientela sueca.
Su obra
A su paso por España se interesa por la obra de Velázquez, y le lleva a experimentar con los distintos efectos sobre el agua, como se puede observa en Sommarnöje (1886). Pero es en Francia donde adquiere una gran fama, estableciendo su residencia en París. En la Exposición Universal de 1889 fue nombrado Caballero de la Legión de Honor francesa, destacando como uno de los pintores más importantes de la época y llegando a ser invitado a exponer su autorretrato en la Galería Uffizi.

Desde muy joven, Zorn es reconocido como un talentoso acuarelista, una técnica en la que destaca por los efectos que consigue plasmar al retratar el agua, como en su famosa Vacaciones de verano (1886). Aprende a utilizar todos los recursos de la acuarela, desde la más ligera de las pinceladas a las más opacas y pastosas que no dejan casi espacio en blanco en el papel. En 1880, expone en la Academia de Estocolmo una serie de acuarelas que despiertan la admiración general.

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Junto a Sargent, Carolus Duran y Boldini, Zorn es uno de los retratistas más demandados a finales del siglo XIX, lo que le posibilitó un lugar entre las personalidades de la vida cultural parisina de esa época. Su técnica espontánea e instintiva le debe mucho a su trabajo con la acuarela: utiliza colores muy diluidos y los aplica con un cepillo ligero sin haber dibujado previamente ningún boceto. Prefiere pintar a sus retratados en el entorno de sus hogares o espacios de trabajo en lugar de su propio estudio para comprender mejor la personalidad y la psicología de cada uno de sus modelos. Para Zorn la decoración y los accesorios desempeñan un papel importante en la definición y caracterización del tema representado.

Durante los siete viajes que realiza a Norteamérica realiza un gran número de retratos. Desde los banqueros a los magnates industriales o los políticos –incluyendo tres presidentes de Estados Unidos– estaban dispuestos a gastar grandes sumas para ser retratados por el pintor sueco. Y a pesar de que se codea con la alta sociedad internacional, Anders Zorn sigue marcado por la modestia de sus orígenes, como escribía un crítico “Zorn sigue siendo un campesino con fuertes brazos para abrazar la realidad desnuda”.
En 1882, Zorn conoce en Londres a su compatriota Axel Herman Haig, que le introdujo en el arte del grabado. Al llegar a París en 1888, expone regularmente en la Sociedad de pintores franceses-grabadores, que desempeñan un papel decisivo en la renovación del grabado clásico. La exposición organizada en 1906 en la galería Durand-Ruelconsagra definitivamente a Zorn como un gran maestro de la estampa, se convierte en uno de los grabadores más cotizados y sus obras alcanzan precio récord desde París a Nueva York.

En 1896 Anders y su esposa Emma regresaron a Mora, el pueblo natal del pintor, situado a orillas del lago Siljan, y un lugar que ha sido testigo de varios hechos históricos importantes en la historia de Suecia: fue en este enclave donde se refugió en el siglo XVI Gustave Vasa, antes de emprender la reconquista de Suecia. Es en ese momento cuando comienza a tener un interés creciente la conservación del folklore musical sueco; preocupación que refleja en sus obras, empezando a pintar temáticas de carácter popular, como escenas costumbristas propias del pueblo sueco.
A Zorn le gusta llevar una vida sencilla y “auténtica”, en contacto con la naturaleza, tanto en Mora como en Gopsmor, situado a unos 20 kilómetros de distancia, donde el pintor posee también una casa de madera que se encuentra mucho más aislada que su hermosa casa de Mora, que más tarde, y por su voluntad de su esposa, se convertiría en un museo dedicado al pintor.

El pintor encuentra, en la realidad cotidiana que le rodea muchos de los temas para sus obras, desde el pastor de vacas en el bosque, al violinista o las mujeres de Mora trabajando en sus quehaceres, porque Zorn tiene un talento especial para retratar las realidades femeninas. Quizá una de las pinturas de las que el pintor se sintió más orgulloso fuera la Danza de San Juan (Danse de la Saint-Jean, 1897), una obra que no es sólo una declaración de amor a Dalarna y sus largas noches de verano, sino que se ha convertido en un clásico de la historia del arte sueco.

A finales de la década de 1880, Zorn comenzó a pintar una serie de desnudos al aire libre; sin disfraz ni ningún pretexto mitológico, el artista representa a mujeres que se bañan en el archipiélago de Estocolmo y que destacan por el efecto de la luz sobre el cuerpo humano. Estos desnudos de Zorn a veces han sido comparados con los que Renoir expuso en 1887 en la galería Georges Petit, sus grandes bañistas.

Su obra al óleo de Zorn muestra un naturalismo próximo al impresionismo, donde se percibe la influencia de Velázquez, mientras que su obra como grabador, de la que se conservan 289 grabados, se resuelve en trazos sueltos, quedando patentes sus cualidades de dibujante y una similitud palpable inspirada en Rembrandt. También pintó un gran número de acuarelas, especialmente durante sus primeros años de matrimonio. Podemos destacar Sommarnöje (Vacaciones de verano;[4] 1886) o su acuarela más famosa, Vårt dagliga bröd (Nuestro pan diario; 1886).
Sus desnudos también son célebres, inició esta temática durante su estancia en Francia, con obras como Al aire libre (1888) o Las bañistas (1888). El polifacético artista destacó también en el ámbito de la escultura, de la que nos legó obras de carácter naturalista en pequeño formato, como Baño matutino (1909), y de carácter público, como la Estatua de Gustav Vasa (1903). Algunos de sus trabajos más importantes se encuentran expuestos en el Nationalmuseum (Museo Nacional de Bellas Artes) en Estocolmo. Otros museos que albergan trabajos de Zorn son el Musée d’Orsay en París y el Metropolitan Museum of Art en Nueva York.
Reconocimientos
Tras su fallecimiento, su mujer Emma, fundó el Museo Anders Zorn, ubicado en su ciudad natal en 1939. Contiene una muestra representativa de los trabajos del artista sueco en todas sus facetas.
En resumen, figura central de la pintura sueca de finales del siglo XIX y principios del XX, Anders Zorn gozó de una gloria inmensa como retratista y grabador. Con Sargent, Sorolla, Boldini y Besnard, es uno de los artistas más representativos del arte internacional y del “virtuoso moderno”, por la fuerza de sus composiciones y por la audacia del encuadre y la iluminación con que dotaba a sus obras.




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