Si uno introduce en el buscador de Google la pregunta sobre cuándo empieza el Ramadán, son numerosos los noticiarios donde nos informan de su comienzo…”en España”, como si fuera una etapa propiamente nuestra y diferente del mundo musulmán. Sin embargo, en el momento en que empecé a escribir estas líneas, dos días antes del comienzo de la cuaresma, ninguna página que no fuese una web religiosa hablaba del comienzo de la misma, ni del Miércoles de Ceniza, a pesar de que según una encuesta realizada en diciembre de 2024, el 53,6% de la población española se identifique como católica, si bien este porcentaje se reduce a menos del 17% cuando se habla de los que nos consideramos practicantes. Los que profesan una religión distinta al catolicismo no llegan al 30%.
Sigo en Instagram a Mark Wahlberg y todos los domingos recuerda a sus seguidores que es el día del Señor, además, todos los miércoles de ceniza sube una foto de su familia con la ceniza en cruz en la frente que nos recuerda que polvo somos y en polvo nos convertiremos. Es curioso que los americanos, aunque sean actores famosos, no tienen vergüenza en hablar de la su fe en público (ni de su patria), mientras que aquí, en nuestra querida España, si sale a relucir suele ser como un tema cultural o de costumbres en la mayoría de los casos. Las procesiones de Semana Santa, y las cofradías que dedican el año a preparar este desfile en honor de Aquel que dio la vida por nosotros, son el bastión que hace que, por lo menos, se siga hablando de la Pasión, muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo.
El recuerdo de que no somos inmortales, y por ello hay que estar atentos para no quedarnos sin tiempo, además de recordarnos que siempre estamos a tiempo de convertirnos y descubrir el “amor de Dios”, de mejorar, y con nuestro grano de arena, aunque sea tan insignificante como una mota de la ceniza que cruza nuestra frente, contribuir a mejorar nuestro alrededor y, al modo de una honda expansiva, mostrar al mundo la esperanza.
“Polvo eres, y al polvo volverás” Gn 3,19
Con este recuerdo del sufrimiento que acompaña a todos ser humano, comienza la cuaresma, los cuarenta días que inician, al igual que los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto, un momento de meditación, oración (alimentar el alma) y ayuno para el cristiano que se proponga dar el sentido que tienen estos días, cuyo resultado no puede ser otro que el de crecer en el amor, en la caridad entendida como el amor al prójimo, y no como la simple responsabilidad social corporativa o acción social. Lo que para muchos son prohibiciones, para los católicos tiene un sentido real y no se considera una prohibición sino una ayuda para crecer en el esfuerzo y sacrificio, en la renuncia, y por ello, además del ayuno o la abstinencia (para superar lo carnal), el sentido es la renuncia de algo que nos cuesta (matar nuestro egoísmo). Esto, aunque sea un gesto pequeño, nos ayuda a crecer en el dominio de uno mismo y a tener una vida austera y de reflexión. Si para ganar una competición deportiva se emplean horas de entrenamiento, en el amor, que implica la renuncia por el amado, deberíamos destinar más esfuerzo puesto que hablamos de otra persona, y no de un título o una cosa. La ceniza que se impone proviene de haber quemado las palmas del Domingo de Ramos del año anterior, es un sacramental, y por tanto, no confiere la gracia, sino que es un símbolo de preparación para la nueva Pascua que ayuda a preparar el corazón, invita a la conversión, en cuyo camino estamos todos, y prepara el corazón para poder vivir la cuaresma en profundidad.
“¡Conviértete y cree en el Evangelio!” Mc 1,15
La campaña 40 Días por la Vida, arranca también el Miércoles de Ceniza, y es una invitación a rezar juntos por el fin del aborto en Cuaresma, ya que fue esta etapa del año la que inspiró a sus fundadores. Por otro lado, además, el número cuarenta se menciona en la Biblia en numerosas ocasiones al definir la duración de períodos de penitencia, de transformación, de arrepentimiento o de reparación. En palabras de la coordinadora de la campaña en España, Nayeli Rodriguez:
«Rezamos para que Dios acabe con el aborto transformando los corazones de las personas, como tantas veces ha hecho con su pueblo».





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