Educar es mucho más que instruir. En la educación, los valores y el ejemplo son algo nuclear.
En una sociedad como la nuestra en la que a algunos “responsables” (las comillas van a propósito) políticos se les llena la boca proclamando su compromiso con la educación, a menudo vemos que sus actos distan mucho de esa promesa. Es más: son su antítesis.
La mentira, la trampa, la falta de ética, la descalificación de quien discrepa y el deseo de adoctrinar son moneda común para ellos.
Lo que debería ser una formación en libertad, en respeto y valores, se convierte en muchas ocasiones en un puro bla, bla, bla, cuando no en todo un intento de imponer un pensamiento único.
Frente a esta realidad, encontramos personas que, sin palabras rimbombantes, nos enseñan más con sus actos que cualquier discurso. Hacen bueno lo que afirmaba el santo de Asís: Ten cuidado con tu vida, quizás sea el único Evangelio que muchos vayan a leer.
Uno de los ejemplos de valores, en este photoshopeado y lleno de filtros “mundo instagram”, es una persona sin trampa ni cartón. Un hombre de una pieza: Rafa Nadal, por ejemplo. Nunca mejor dicho. Una persona, un campeón, que recientemente nos ha anunciado su retirada del tenis profesional.

Más allá de ser una leyenda en la cancha, Nadal, por su buen hacer y sus valores, ha sido y sigue siendo un enorme referente.
Rafa no se ha ganado el reconocimiento y la admiración pública solo por sus títulos, por sus grandes victorias. También por lo que ha demostrado partido a partido: trabajo duro, perseverancia, humildad en la victoria, resiliencia… En un momento donde la derrota parece inaceptable y el éxito se celebra con arrogancia, Nadal nos ha enseñado a ganar. Y, a veces también, las muy pocas ocasiones que ha tenido, ha demostrado que perder es con frecuencia toda una oportunidad de aprendizaje, y de tomarse la vida con deportividad. Si algo hemos aprendido de Rafa, en todo caso, es que nunca, bajo ninguna circunstancia, debemos rendirnos. No hay que dar una bola por perdida.
Despedimos a Nadal como tenista, pero su legado sigue vivo.
Su vida es una universidad de valores para todos aquellos que hemos tenido la suerte de conocerle, en la cancha o fuera de ella.

Albert Einstein afirmaba que «dar ejemplo no es la principal manera para influir sobre los demás, es la única».
A ello nos convoca la sociedad actual.
Y, mira, hay esperanza. Y no sólo por todo el recorrido para mejorar la situación actual (un reto), sino porque tenemos jóvenes con capacidad, con ilusión, con ganas de seguir formándose, para mejorar el mundo que les rodea.
Veo con frecuencia, en la residencia para la que trabajo, y en los muchos encuentros que tenemos, un buen número de jóvenes universitarios convencidos de que el verdadero liderazgo se ha de practicar desde el servicio. Personas dispuestas a batirse el cobre, a darlo todo en la cancha, al modo de Nadal.
En ellos, y en su formación, tenemos puesta nuestra esperanza.
Al final, los títulos y los logros se pueden olvidar, pero los valores que transmitimos perduran.
¡Gracias, Rafa!




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