Existen padres que apuestan por un tipo de alimentación y estilo de vida menos frecuente para sus hijos, esto es, la dieta vegetariana o vegana. La alimentación vegetariana es la dieta que excluye alimentos de origen animal “cuya obtención signifique la destrucción de vida”. Este tipo de alimentación incluye lácteos y/o huevos. La alimentación vegetariana estricta, conocida como alimentación vegana, excluye productos de origen animal y sus derivados; también huevos y lácteos. La seguridad de este tipo de dietas para los niños sigue siendo cuestionada y prolonga un debate abierto.
En septiembre del año pasado, se hablaba de que en nuestro país confluyen 5,1 millones de personas que se consideran veganos, vegetarianos o flexitarianos (proviene de flexible y vegetariana, y significa que consume ocasionalmente carne o pescado). Especialistas en nutrición aseguran que su presencia como profesionales debería resultar imprescindible en el sistema sanitario de todos los países. Son muchos, personas que se erigen como entendidos en la materia, quienes asesoran sobre alimentación. No obstante, lo importante es que en cualquier tipo de dietas exista un experto que pueda valorar si cumplen los requisitos para considerarse completas y adecuadas tanto para niños, adolescentes o adultos.
Los expertos en temas de nutrición sostienen que cuanto más variada sea una dieta, más probabilidades surgen de lograr un desarrollo nutricional ventajoso. “Una dieta restrictiva exige más vigilancia y control por parte de las familias. Una dieta vegetariana o vegana puede acarrear problemas en la salud del niño si se desatiende y no se planifica bien”, revela Eva Rodríguez, dietista. Y señala por otro lado como madre, que en ocasiones se inculca un modo de vida al hijo que llevan los padres y que, en consecuencia, suma privación de algo que probablemente desease conocer y disfrutar.
Carencias nutricionales en las dietas vegetariana y vegana
Las dietas vegetariana y vegana pueden causar carencias a nivel orgánico, por lo tanto, necesitan suplementación. “Estas dietas deben estar correctamente supervisadas por un profesional”, revela Estefanía Benítez Pavón, nutricionista con especialidad en nutrición pediátrica.
En el caso de los niños, es necesario, como establece la AEPap (Asociación Española de Pediatría en Atención Primaria) en su documento “Niños vegetarianos, ¿niños sanos?” (2019), suplementar con ácidos grasos de la serie Omega-3: DHA (ácido Docohexaenoico) y EPA (ácido eicosapentaenoico). “Esta suplementación es especialmente importante en madres veganas/ vegetarianas embarazadas y lactantes durante el primer año de vida”, añade Benítez Pavón.
Cabe destacar el hierro, un nutriente limitante en la alimentación complementaria. Su alto requerimiento nutricional en el segundo semestre de vida único a la inmadurez del sistema digestivo del lactante, hace que pueda existir una carencia del mismo en el bebé. La falta de hierro puede provocar anemia. “La alimentación complementaria del niño vegano o vegetariano -así como la de su madre-, si toma leche materna, necesita regirse por las indicaciones del profesional”, promulga la especialista en nutrición pediátrica.
La Asociación Española de Pediatría, AEP, (por la afirmación de la Academia Americana de Nutrición y Dietética), incide en la importancia de consumir en todas las comidas alimentos ricos en vitamina C y, alimentos fortificados en vitamina D y calcio y evitar así el raquitismo en los niños.
Equilibrio y responsabilidad
Como en casi todo en la vida, la clave existe en el equilibro y la responsabilidad. Constanza Ackermann , nutricionista, declara que las personas que mejor pueden asesorar frente a estas dietas son los nutricionistas infantiles y pediatras con formación en alimentación vegana y/o vegetariana. Además, indica que es preciso evaluar individualmente al niño para ofrecer ciertas recomendaciones.
La nutricionista señala que en los niños se siguen estudiando los beneficios de estos estilos de vida y tipos de alimentación basados en plantas. Sin embargo, refiere que los pequeños necesitan, del mismo modo que los adultos, suplementar su dieta con vitamina B12 desde los 6 meses en adelante, ya que previo este periodo, el bebé recibe nutrientes a través de la lactancia materna y/o de fórmula. El déficit de esta vitamina puede causar anemia y una mala función cognitiva.
Naila Martínez, dietista-nutricionista materno-infantil, refiere que no existe una dieta ideal para la etapa infantil y adolescente “ya que varía según las necesidades de cada individuo”. “Para que la alimentación sea saludable hay que considerar dos aspectos fundamentales: la calidad y la cantidad de los alimentos”, manifiesta la experta en alimentación.
Martínez subraya que en una dieta de este tipo pueden existir limitaciones:
- El consumo de grasa que puede ser tan bajo que comprometa la aportación total de energía, vitamina E, calcio, fósforo y hierro.
- El déficit de proteína a causa de asimilar proteínas de menor digestibilidad.
Asesoramiento profesional a las familias
La especialista en nutrición clarifica que supone crucial un papel no arbitrario por parte de los padres y establecer normas generales y patrones alimentarios en casa saludables y con una buena relación con la comida. “Si no llevamos a cabo ciertas pautas de comportamiento con la comida, se pueden producir déficits que comporten complicaciones a medio-largo plazo y hábitos entorno a la mesa que pueden tener consecuencias negativas por lo que respeta a la relación con la comida en la etapa adolescente-adulta», expone la nutricionista especializada en infancia.
Paloma Quintana Ocaña, nutricionista, autora de “Cocina, come y pierde grasa, recetas deliciosas para una vida saludable”, manifiesta que una alimentación vegana o vegetariana en el niño limita sus experiencias y aprendizajes culinarios. “Pueden arrastrar problemas en cuando a las molestias que pueden sufrir si terminan teniendo una alimentación más flexible. Por ejemplo, al no inducir la permanencia de la lactasa, quedarán con esa intolerancia y pueden tener problemas en eventos sociales infantiles”, dicta Quintana Ocaña.
Como experta apunta que es partidaria de reducir el consumo de productos de origen animal por sostenibilidad y respeto, no por salud, ya que considera que esos alimentos tienen nutrientes densos e interesantes para nuestro organismo. Para Quintana Ocaña, lo ideal es ayudar a las familias e informarlas adecuadamente.
Relación con los trastornos de conducta alimentaria
En palabras de Cristina Andrades, psicóloga general sanitaria, estas dietas no favorecen un trastorno de conducta alimentaria o TCA. Algunos profesionales en nutrición convienen en declarar que las familias han de considerar que si una persona, en este caso un hijo, se inclina por una dieta de tipo vegetariano o vegano tras haber padecido un TCA, puede hacerlo como excusa para evitar consumir ciertos alimentos.
“Personas que padecen una alteración de la conducta alimentaria utilizan la dieta vegana o vegetariana para justificar de alguna forma, al estar mejor vista oficialmente, las restricciones o control sobre la comida. Es importante que los profesionales que trabajen en este campo sepan identificar si los valores, motivos y razones que a esa persona le impulsan a llevar ese tipo de pauta dietética son reales ya sea a nivel ético o moral… o si resulta de una alteración de la conducta alimentaria mayor que se use de esa forma”, remata Andrades.






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