fbpx
No Result
View All Result
Newsletter
Woman Essentia
  • Punto de Vista
    • Woman Essentia
    • Opinamos
    • Actualidad
    • Encuestas
  • Personas
    • Protagonistas
    • Familia y Educación
    • Hicieron Historia
    • Jóvenes
    • Trabajando en Primera Persona
  • Del presente al futuro
    • Ética
    • Aprendemos
    • Mundo económico
    • Transformación Digital
    • Tecnología, Ciencia y Tecnología
  • Arte y Cultura
    • Arte
    • Cine y Series
    • Libros
    • Relatos y Cuentos
    • Excelencia Literaria
    • Un poco de Historia
  • En Armonía
    • En armonía
    • Salud y Belleza
    • Moda
    • Viajar
    • Deportes
    • Cocina
  • Un mundo mejor
  • Para Escuchar
  • Punto de Vista
    • Woman Essentia
    • Opinamos
    • Actualidad
    • Encuestas
  • Personas
    • Protagonistas
    • Familia y Educación
    • Hicieron Historia
    • Jóvenes
    • Trabajando en Primera Persona
  • Del presente al futuro
    • Ética
    • Aprendemos
    • Mundo económico
    • Transformación Digital
    • Tecnología, Ciencia y Tecnología
  • Arte y Cultura
    • Arte
    • Cine y Series
    • Libros
    • Relatos y Cuentos
    • Excelencia Literaria
    • Un poco de Historia
  • En Armonía
    • En armonía
    • Salud y Belleza
    • Moda
    • Viajar
    • Deportes
    • Cocina
  • Un mundo mejor
  • Para Escuchar
No Result
View All Result
Woman Essentia

Lo que el coronavirus se llevó

Miguel Dionisio por Miguel Dionisio
18 abril, 2020
en Ética
0
0
Home Del presente al futuro Ética
Compártelo en FacebookTuitéaloComparte en LinkedInCompartir en PinterestCompartir por WhatsappEnviar por mail

Vivíamos llenos de seguridades, de certezas casi inconmovibles. Construíamos nuestro existir trazando planes que considerábamos inmutables. Nos rodeaba ese optimismo, heredado de la Ilustración, que nos permitía pensar que el ser humano todo lo podía, que no existían barreras, que el progreso, esa divinidad de la contemporaneidad, nos conducía hacia una Arcadia feliz, en la que la tecnología nos transformaría en dioses, alcanzando por fin el anhelo de aquella humanidad del Génesis, pudiendo gustar, sin ser expulsados de nuestro Paraíso materialista, del árbol del conocimiento.

Y sin embargo, de repente, aunque no quisimos escuchar los avisos que nos llegaban de China, y luego, más próximos, de Italia, un virus, del que apenas nada sabemos, ni siquiera si es un ser vivo, ha derrumbado todo. En pocos días la muerte se ha cebado en miles de personas, sobre todo entre nuestros ancianos, esos ancianos a los que nuestra sociedad de la eficiencia miraba con cierto desprecio y que ahora son llorados, entre la impotencia de no poder hacer nada por quienes, con su esfuerzo, su entrega, su sacrificio y su trabajo pusieron los cimientos de nuestra sociedad. Se han despedido en soledad, sin una mano que les transmitiera el cariño de los suyos, sin tener el consuelo de una mirada, en el anonimato de unas cifras que a pesar de su frialdad no pueden contener el grito de indignación ante tantas historias truncadas, ocultados a la vista para que ni siquiera tras la muerte pudieran inquietarnos, enterrados en soledad o incinerados lejos de los suyos.

Podíamos pensar que el progreso nos conducía hacia una Arcadia feliz, en la que la tecnología nos transformaría en dioses, alcanzando por fin el anhelo de aquella humanidad del Génesis, pudiendo gustar, sin ser expulsados de nuestro Paraíso materialista, del árbol del conocimiento.

No podíamos imaginar que todo se hundiera tan rápido, como un castillo de naipes caído ante un leve soplo. Hemos tenido que cambiar toda nuestra rutina y experimentar la opresión del encierro prolongado entre los muros estrechos de nuestras casas para ser conscientes de la realidad en la que nos hemos sumergido, una distopía hecha carne en nuestro día a día envuelto en el tedio. Lo que nos parecía sin importancia, sencillo, cotidiano, ahora es echado de menos como si se tratara de un valioso tesoro. Quién no daría ahora lo que fuera por ese café en una terraza, por esa cerveza compartida con un amigo, por la lectura de un libro sentado en el vagón del metro camino de nuestro puesto de trabajo. La nostalgia del encuentro con  los alumnos en clase se impone a la docencia virtual con la que aún queremos salvar un curso extrañamente torcido. El trabajo cotidiano, con sus momentos de monotonía y cansancio, con los pequeños o grandes enfados con los compañeros o el jefe, con las risas del momento del almuerzo. Y sobre todo, la cercanía física de nuestros seres queridos, sus abrazos y sus besos, sustituidos por el sucedáneo de las videollamadas. Tantas y tantas cosas que ahora se nos antojan lejanas, distantes.

En medio de la Cuaresma, el virus nos ha impuesto un retiro colectivo, una cuarentena social que hemos querido sobrellevar con el aparente jolgorio del “aquí no pasa nada”, con la venda que pretendía ocultar el drama que nos está desgarrando. Pero poco a poco, la realidad, dolorosa, lacerante, desoladora, va haciendo que ese velo caiga, que la verdad descorra su cortina y nos enseñe lo que no queremos ver, el drama diario de tantas personas sufrientes, arañadas por la zarpa de la enfermedad, la angustia de sus seres queridos, la extenuación del personal sanitario que llega al límite de sus fuerzas para derrotar a la parca que corta el hilo anticipadamente. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento, demasiado padecimiento. Tinieblas, como las del Viernes Santo, se ciernen sobre todo y sobre todos, y la elaboración del relato “flower power” no puede, a pesar de los esfuerzos de los constructores del storytelling oficial, disipar tanta oscuridad. Recorremos, a nivel personal y social, un Vía Crucis, que, por una improvisada vía dolorosa, nos conduce a un calvario que no sabemos aún ubicar.

La realidad se ha impuesto a nuestras ensoñaciones. De repente, la incertidumbre, la inseguridad, la perplejidad, han desbaratado la seguridad de nuestras vidas. Teníamos planificado todo, ya sabíamos a qué país exótico íbamos a viajar en verano, estaba reservado el hotel para la escapada de fin de semana, las clases perfectamente programadas, los pedidos al proveedor hechos, reservado ese sábado para la boda de unos amigos…y de repente, en momentos de angustia, hasta dudamos de que haya ese mañana inmediato, nos atenaza el miedo ante esa tos a la que no dábamos importancia por si pudiera ocultar al enemigo invisible, nos obligamos a vivir un carpe diem que nada tiene que ver con la búsqueda epicúrea del placer inmediato sino con la estoica que nos enfrenta a la brevedad de la vida.

Y sin embargo, en medio de tanta oscuridad, hay luz. La que desprende tanta entrega generosa, la que brota de tanto esfuerzo realizado por personas normales que sacan lo mejor de sí mismas, en hospitales, en comercios; médicos, enfermeras, policías, cajeras, sacerdotes, repartidores, jubiladas que confeccionan con sus manos laceradas por la artrosis mascarillas, psicólogos…tanta y tanta gente anónima que aporta lo que puede, que se da hasta el agotamiento, que arriesga su salud para curar a sus pacientes…un río desbordante que nos ofrece motivos de esperanza, que nos alienta porque nuestra sociedad es mucho mejor que una clase política mediocre y cortoplacista que no nos merecemos y a la que cuando esto pase hemos de exigir, como una ciudadanía madura, las responsabilidades correspondientes.

Tendremos que descubrir que, más allá de la utopía tantas veces renovada desde nuestro orgullo de considerarnos Homo Deus, somos seres finitos, limitados, frágiles, pero también generosos, entregados, capaces de hacer cosas grandes, de dar la vida por los otros. Tal vez salgamos más realistas, pero también más humanos; quizá nuestra escala de valores se reorganice en torno a lo que realmente merece la pena.

Como tras el Viernes Santo llega la Pascua, tras esta oscuridad brillará la luz. Será entonces el momento de aplicar la lección aprendida tan duramente, devolviendo al lugar que le corresponde tantas cosas que habíamos menospreciado. Habrá que valorar más el tesoro de nuestros ancianos, la inapreciable labor de los que se dedican al servicio de todos sin ser esos influencers que en estos días se han disipado como un humo vacío. Tendremos que descubrir que, más allá de la utopía tantas veces renovada desde nuestro orgullo de considerarnos Homo Deus, somos seres finitos, limitados, frágiles, pero también generosos, entregados, capaces de hacer cosas grandes, de dar la vida por los otros. Tal vez salgamos más realistas, pero también más humanos; quizá nuestra escala de valores se reorganice en torno a lo que realmente merece la pena. No sé si peco de optimista, es también muy probable que nada cambie, que volvamos a nuestras mediocridades, a los guerracivilismos que nos enfrentan, a endiosar nuestras pequeñeces. Pero quiero soñar, en estos momentos en los que lo que nos rondan son pesadillas, que esto nos mejorará. En última instancia dependerá de cómo usemos ese tesoro único que se guarda en nuestro corazón: el de la libertad.

¿Te gustaría recibir notificaciones sobre este artículo de nuestra revista?

Eliminar suscripción
Artículo anterior

La caja de cartón

Artículo siguiente

Dudas, miedo, niños y respuestas de profesionales sanitarios ante el coronavirus

Miguel Dionisio

Miguel Dionisio

Historiador, antropólogo (más bien antropoloco), teólogo y politólogo; lector insaciable y viajero infatigable. Miembro de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias históricas de Toledo. Autor del blog : Entre Clío y Pistis (reflexión abierta sobre historia y religión).

Relacionados Entradas

Ética

La libertad que nos separa y la que une

La desconfianza se ha vuelto un clima, porque atraviesa las instituciones, las relaciones sociales, el vínculo con la política y...

por Miguel Pastorino
4 marzo, 2026
53
Ética

¿Quién decide cuando deciden los algoritmos?

Qué ocurre con la democracia cuando una parte creciente de las decisiones deja de ser objeto de deliberación y pasa...

por Miguel Pastorino
25 febrero, 2026
57
Ética

Auctoritas y Potestas

En el siglo XXI, tanto en España como en Europa, se observan con frecuencia tensiones entre poder y autoridad en...

por Gabriela Palma
16 febrero, 2026
88
Artículo siguiente
Dudas y consultas a pediatras ente el Covid

Dudas, miedo, niños y respuestas de profesionales sanitarios ante el coronavirus

¿Qué te pareció este artículo? Deja tu opinión:

Suscríbete a nuestra Newsletter

Facebook Twitter LinkedIn Pinterest Instagram YouTube RSS

Woman Essentia

  • Quiénes somos
  • Contacto
  • Colabora con nosotros
  • Publicidad
  • Politica de Privacidad
  • Política de Cookies

Blogs Essentia

  • Tu look habla
  • El blog de Miguel Aranguren
  • Mis ideas cotidianas
  • Empezando desde SEO
  • El blog de Lourdes Ojeda

¿Sobre qué quieres leer?

  • Actualidad
  • Aprendemos
  • Arte
  • Arte y Cultura
  • Cine y Series
  • Cocina
  • Del presente al futuro
  • Deportes
  • En Armonía
  • Encuestas
  • Escuchando
  • Ética
  • Excelencia Literaria
  • Familia y Educación
  • Hicieron Historia
  • Jóvenes
  • Libros
  • Moda
  • Mundo económico
  • Naturaleza, Ciencia y Tecnología
  • Opinamos
  • Personas
  • Protagonistas
  • Punto de vista
  • Relatos y Cuentos
  • Salud y Belleza
  • Trabajando en Primera Persona
  • Transformación Digital
  • Un mundo mejor
  • Un poco de Historia
  • Viajar
  • Woman Essentia

Contenidos

  • Personas
  • Del presente al futuro
  • Arte y Cultura
  • Salud y Belleza
  • Solidarias

Newsletter

© 2019 WomanEssentia

No Result
View All Result
  • PUNTO DE VISTA
    • Woman Essentia
    • Opinamos
    • Actualidad
    • Encuestas
  • PERSONAS
    • Protagonistas
    • Familia y Educación
    • Hicieron Historia
    • Jóvenes
    • Trabajando en Primera Persona
  • DEL PRESENTE AL FUTURO
    • Ética
    • Aprendemos
    • Mundo económico
    • Transformación Digital
    • Naturaleza, Ciencia y Tecnología
  • ARTE Y CULTURA
    • Arte
    • Cine y Series
    • Libros
    • Relatos y Cuentos
    • Excelencia Literaria
    • Un poco de Historia
  • EN ARMONÍA
    • En Armonía
    • Salud y Belleza
    • Moda
    • Viajar
    • Deportes
    • Cocina
  • UN MUNDO MEJOR
  • PARA ESCUCHAR

© 2019 WomanEssentia

Welcome Back!

Sign In with Facebook
OR

Login to your account below

¿Has olvidado la contraseña?

Retrieve your password

Please enter your username or email address to reset your password.

Log In
Suscribete

Ediciones Essentia SL gestiona esta página web y utiliza cookies y tecnologías similares (en adelante "Cookies"). Algunas Cookies son necesarias para hacer accesible esta página. Otras Cookies nos permiten analizar y medir las audiencias y el tráfico de la página web. Las Cookies también son utilizadas para mostrar publicidad que es más relevante para sus intereses ("Cookies Publicitarias basadas en intereses"), tanto por nosotros como por anunciantes y otros socios. Puede pulsar en el enlace "Panel de Cookies" más abajo para revisar el tipo de Cookies que usamos tanto nosotros como terceros que pueden instalar Cookies publicitarias basadas en intereses en esta página. Puede ajustar sus preferencias de Cookies en cualquier momento utilizando el Panel de Cookies. Para continuar en la página web sin Cookies Publicitarias basadas en intereses, pulse en el botón "X" en la esquina superior de este mensaje. Para aceptar el uso de Cookies Publicitarias basadas en intereses en esta página web pulse "Acepto" más abajo. Política de Cookies.