Hace unas semanas vi una interesante entrevista al Rabino Elhanan Beck. Preguntado por el Mesías —la gran cuestión para la fe judía—, respondió: «No será un hombre con un super poder físico, político… No, Él será un hombre pobre, con poder espiritual, las Escrituras nos dicen que vendrá sobre un pollino, traerá paz, amor… tendrá un poder espiritual». Cuando un católico escucha a un rabino describir de forma literal la entrada de Jesús en Jerusalén, con todo el significado mesiánico y de realeza que supuso lo que hoy es el Domingo de Ramos y, constata que no es capaz de reconocer en Jesús al Mesías, «se le caen los palos del sombrajo», dicho de forma coloquial. La perplejidad asoma, lo que para unos es tan evidente para otros no, y ahí nos detenemos ante el Misterio de Dios, del don de la Fe y de la conversión definitiva del pueblo judío al cristianismo, en definitiva, ante la Historia de la humanidad, que como escribió Agustín en ‘La Ciudad de Dios’ tiene un principio, un desarrollo y un fin. Y que Benedicto XVI sintetizó: «El homo religiosus no emerge sólo del mundo antiguo, sino que atraviesa toda la historia de la humanidad» (Catequesis, 11 de mayo de 2011).
La película documental ‘En busca del Mesías’ trata la conversión de judíos al cristianismo. Con una narrativa ágil, un guion pedagógico, combinando escenas cinematográficas con la realidad, el documental engancha de principio a fin. La música, el ritmo, las imágenes bien seleccionadas logran que el espectador esté a gusto, en paz, interrogándose continuamente. Explica de forma sintética la diferencia entre judíos ortodoxos y judíos reformados. Sin embargo, no entra en el sionismo, que no es una vertiente religiosa sino política y con una clara ambición de poder terrenal mediante la manipulación de textos sagrados.
El documental presenta a varias personas de origen judío convertidas al catolicismo. Las historias será mejor que las conozca usted cuando acuda al cine a ver la película, además le irá llevando por continentes para dar con los protagonistas, Fabrice, Robert, Max Jacob (íntimo amigo de Picasso, homosexual y con visiones místicas de Jesús), Alicia, Dawn Eden (historiadora del Rock y periodista), Roy Shoeman, Edgar y de los fallecidos Edith Stein, Eugenio Pío Zolli y Bernard Nathanson.

Claves
‘En busca del Mesías’ desvela varias claves. La íntima realidad humana que no es otra que la búsqueda del amor, de la verdad y de Dios. La continua acción de la gracia de Dios y como narran las historias del documental, nuestro Dios trinitario se presenta cuando quiere y como quiere, en ocasiones visible, algunos han tenido visiones o experiencias místicas. En otros, este Dios nuestro se muestra accesible y logra que cada uno de los protagonistas lo vea sin verle, reciban de golpe certezas inamovibles, claridad indiscutible en la fe, palpen su amor, directo, incuestionable, personal, único, contundente, sanador. Descubren, como explica Alicia, que más que conversión se produce entender la continuidad en su Fe al aceptar en Jesús al Mesías.
Otra clave es la presencia de la Virgen María, da la impresión de que, con los judíos de forma particular es «la» mensajera, la intermediaria, la puerta de acceso directo a Cristo. Si para el católico, María es auxilio, protección maternal, guía en la Fe, un judío sin saber bien porqué se acerca a María sin creer en Cristo, y le supone un antes y un después definitivo. En el caso de Fabrice tras rezarle a La Virgen por su padre enfermo, afirma: «A partir de ese momento yo era cristiano». Otra clave es la influencia de G. K. Chesterton en varios de los protagonistas. Sin olvidar otro aspecto muy destacable como es el descubrimiento de los santos para un judío.
Por último, una clave que trasciende a la película y con vocación de futuro. Se trata del compromiso indiscutible para los cristianos que no es otro que orar con insistencia por la conversión del pueblo judío al Dios trinitario.

Enseñanzas
Además de claves, este documental muestra algo que para los católicos supone una enseñanza. Los judíos conocen el contenido de su fe, incluso siendo ateos o agnósticos. Es una realidad más intelectual que espiritual, el conocimiento real de su cultura religiosa y los significados, algo connatural en ellos. Conocen las Sagradas Escrituras, forman parte de su existencia como algo intrínseco y natural. Es una enseñanza para el mundo católico en general, que carece en no poca medida de ese no sé cómo decirlo, humus de la herencia de la fe que el judío sí conserva de forma natural. En los católicos se palpa un desconocimiento de las Sagradas Escrituras que implica, entre otras cosas, la ignorancia sobre la profundidad de nuestra liturgia.
La película también refleja los prejuicios aquilatados en el tiempo de unos respecto a otros, de cristianos respecto de los judíos y viceversa. En general ellos piensan de los católicos dos cosas: su proselitismo y sus «rígidas» reglas. Varios de los protagonistas reconocen haber sido presa de esos prejuicios cuando han conocido a personas católicas. Uno, por ejemplo, dice: «Mis amigos católicos me miraban por mí mismo, por ser judío, con interés porque para mis amigos yo era una conexión con su fe, pero no buscaban convertirme”. Es decir, a través de la amistad comprendió que no era objeto de proselitismo sino de amor y respeto, y eso en él supuso un toque de atención grande. Los católicos salimos bien parados en ese sentido en el documental porque muestra varios ejemplos claros de estar ahí, acompañar, pero sin invadir. Quizá aquí entre en juego la belleza de la comprensión católica de la libertad personal y el respeto absoluto hacia esa libertad, esperar los tiempos de la gracia y la oración de intercesión oculta por la conversión de quienes están próximos y que aún no han descubierto a Cristo.
Otro protagonista con prejuicios narra un momento divertido. Reconoce que ignoraba que los cristianos rezaran los salmos, así, conviviendo un tiempo con los cartujos, un día escuchando a los monjes en oración recitando salmos de madrugada se dijo: «¡Todos estos tipos quieren ser judíos!», da risa, pero es que él desconocía que sin Antiguo Testamento no hay Nuevo Testamento y sin Nuevo Testamento no hay Antiguo porque el eje neurálgico es Cristo y de ahí la famosa frase de San Juan Pablo II: «Nuestros hermanos mayores en la fe».
La adaptación de Dios para presentarse a personas tan variadas es genial, por ejemplo, uno se hizo la pregunta radical escuchando a Mozart, durante la ópera de la Misa de Coronación en Do mayor, KV 317 (1779), en la parte del Credo al ritmo de los martillazos clavando los clavos al crucificado: «Para mí el problema fundamental era, ¿podría este hombre histórico que murió en la cruz ser Dios mismo?».
Como explicó Joseph Ratzinger en su obra ‘Jesús de Nazaret’ permanecemos en el «tiempo de los gentiles», el tiempo de evangelización de los gentiles. Sin perder de vista esa Historia lineal enseñada por San Agustín, con principio, desarrollo y fin, pensemos en lo que ocurre hoy. La búsqueda real de la unidad entre los cristianos fragmentados, además de las conversiones en masa al cristianismo que vamos constatando, y nadie cuestiona que Israel es el pueblo elegido para mostrar al mundo al Dios revelado. Cabe un razonamiento: Si Jesús es el Príncipe de la Paz y el Señor de la Historia, entonces surge la intuición dentro del misterio de la Fe: no habrá paz en la tierra hasta que el pueblo judío se convierta definitivamente a Cristo.
En definitiva, este documental y máxime en el contexto geopolítico, de guerras, intereses, violencia y ausencia de paz que vivimos, pone delante de nuestros ojos ese «alzad la mirada» (Jn 4, 35) que enlazo con una de las claves citadas antes. La clave con vocación de futuro y compromiso indiscutible para los cristianos que no es otra que orar, rezar con insistencia por la conversión del pueblo judío al Dios Trinidad.
Alcemos, alcemos mirada y corazón.




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