Cómo ha cambiado la publicidad en los últimos años. Es cierto que los spot televisivos de los años 70 eran para llevarse las manos a la cabeza con ese “Pórtese como un hombre y cómprele a su mujer la máquina de lavar Kelvinator”. Pabernos matao. Afortunadamente, nuestra sociedad ha evolucionado lo suficiente como para que cualquier mujer pueda comprarse por sí misma una lavadora o lo que le de la gana.
La evolución de nuestro país es tan evidente que parece hemos olvidado de donde venimos. Quizá en los últimos 20 años hemos olvidado de golpe quienes somos. Ahora vivimos en un mundo al revés, con hombres depilados desde las cejas hasta los pies, aparentemente sin un pelo de tonto; y mujeres empoderadas con vello en las axilas. Que sí, que donde hay pelo hay alegría; de acuerdo. Pero creo que nos estamos liando.
La pérdida de la identidad es notoria y notable. Desde hace ya bastante tiempo nos hemos acostumbrado a abrir la carta de cualquier gastroteca que se precie, que no bar. Porque sin darnos cuentas los bares han ido desapareciendo paulatinamente para dar paso a locales en los que ya no se ve la televisión ni se escucha la radio. Lugares en donde ya no hay comensales sino foodies que buscan hacer la mejor foto del plato del día, que suele ser cualquier delicia típica de un país que no es España.
A veces me preguntó dónde quedó la ración de magro con tomate, la media de calamares, el pepito de lomo. Todo eso que forma parte de nuestra tradición y de nuestra cultura. Tenemos tanto de lo de fuera que no te extraña ir al local de la esquina y pedirte un pan bao de pollo, tartar de salchichón o ceviche de boquerón.
Pienso en todo esto porque quizá restamos importancia a los negocios y comercios que nos rodean, como si no configuraran ellos también lo que somos. Aquí el que no se adapta, no sobrevive. Sin embargo, nuestra supervivencia sigue buscando lo de siempre: ser feliz y salvar la vida. ¿Sabemos hacerlo hoy en esta sociedad vertiginosa que avanza entre ruidos, luces y estímulos que confunden el alma? Los expertos aconsejan ayuno digital como si fuese la panacea. La alta exposición a información y la conectividad perenne ha modificado nuestro comportamiento, conductas y creencias. Sin embargo, esa exposición social nos ha hecho olvidar que somos seres sociales que llegamos a desarrollarnos por completo para servir a la comunidad, y siempre en búsqueda de un bien que sea común y bueno para todos. Por eso, reconocer quiénes somos no se descubre a solas, sino sabiendo mirarse en los demás. Sí, es importante desconectar de pantallas. Pero será aún mejor si somos capaces de sentarnos ante otra persona y conversar con ella sin mirar si quiera el reloj. Sin prisa, con serenidad y disfrutando de cada segundo sin la ansiedad por compartir una foto del momento. Ya sea en una gastroteca o en el nuevo bar Ramen del barrio con los mejores fideos del lugar.





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