Vivimos días complicados, un verano convulso y no solo por el calor. La inauguración de los juegos olímpicos trajo el escándalo a un público que esperaba…otra cosa.
Los valores que representa el deporte son fundamentales para la forja del carácter de las personas en general. El esfuerzo, el sacrificio, la renuncia, la camaradería, el trabajo en equipo, la igualdad de las personas en la oportunidad para luchar por un sueño cuya recompensa estará marcada por el esfuerzo, que a veces, incluso a pesar de él, no tendrá el resultado esperado, el compañerismo, porque solo es un juego, el reconocimiento de los logros del contrincante, incluido el castigo o la penalización al tramposo son importantes para formar a ciudadanos trabajadores y personas comprometidas, además de educar en el respeto a los demás. Aunque el cierre pasó sin pena ni gloria, la inauguración sin embargo fue imposición ideológica, incluida la ofensa dirigida, ideas que nos imponen y cuya materialización destrozan a las personas,… y mofas y faltas de respeto que no hacen a nadie mejor, si no que muestran lo ruin del poder cuando no se consigue por méritos y no conoce el respeto a los demás, incluidas sus creencias. Creencias que, curiosamente, fueron los cimientos sobre los que se construyó la cultura occidental, nuestra Europa, ahora desconocida.

Dicen que la autoridad verdadera se gana, no se impone, y la autoridad que nos intenta manejar está lejos de cualquier comprensión y respeto ganado por la verdad y el ejemplo, la coherencia o la búsqueda del “bien común”, y por su puesto, de los valores que nos trajeron aquí. Vivimos imposiciones sin fundamento, en las que las falsas llamadas a un diálogo del que queda excluida la verdad, como dice Fabrice Hadjadj, está lleno de mundanidad, esa que nos mostró la bacanal inauguración de los juegos aprobada por el COI.
Es curioso como las cosas pasan por algo, quizás incluso a veces, lo que nos parece que va a ser una situación desastrosa, termina siendo lo que posibilita el cambio, es lo que necesariamente tiene que pasar para que todo mejore. Y puede ser que estemos precisamente en ese momento.
La suerte de haber nacido en nuestro tiempo no es solo lo que yo siento, quizás por verle algo positivo a lo que estamos viviendo, es el título de una conferencia de Fabrice Hadjadj con la que se inauguró el III Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades en Roma, cuya lectura me animó hace unos días.
Los retos que plantea para los creyentes la situación actual hacen que, como dice el autor, «los apóstoles ya no deben limitarse a hacer milagros, sino que deben recordar las evidencias primeras: que la mujer es mujer y el hombre es hombre; que el matrimonio es entre un hombre y una mujer; que los hijos nacen de un padre y una madre; que las vacas no son carnívoras; que lo natural no es una construcción convencional; que el ser no es la nada…
Se persigue a las personas por defender las evidencias, ya sea por hablar de las consecuencias de la tecnología, como por denunciar que se han escondido y manipulado las palabras de una atleta que da gracias a Dios por haber conseguido ganar, es entonces, cuando se habla claramente, cuando más posibilidades tienes de que te bloqueen y anulen tu libertad de pensar y expresar lo que piensas y en lo que crees. Nunca podrán evitar que seamos libres para pensar
Fabrice nos recuerda que la alegría del Evangelio es la alegría de una fraternidad que ya existe y que, por o tanto, hay que liderar, hay que vivir, hay que revelársela a uno mismo y a los que todavía no la conocen, porque el bien es para todos. “Todas las cosas cooperan para el bien de los que aman a Dios” San Pablo Rm 8,28
La lógica del amor de Dios es muy distinta a la lógica del mundo. “Dios no pide que tengamos poder sobre nuestros hermanos. No quiere gobierno sobre los hombre e imposiciones políticas, sino servicio desinteresado en humildad” (pág. 107 Conversaciones con Dios, Oriol Jara).
El momento actual nos pide testimonio, como el testimonio que han dado tantos atletas en estas olimpiadas, desde la humildad, sin prisa pero sin pausa, de que Dios es el centro de sus vidas, agradeciéndole sus victorias, poniendo en sus manos el esfuerzo y sacrificio de años de trabajo, porque cuando vives para Dios, todo gira en torno a Él, y todas nuestras acciones adquieren un sentido especial. Solo hay que abrirse con humildad a Él, y tanto los fracasos como los éxitos, adquieren una nueva visión.
Desde el testimonio de Novák Djokovic, Hunter Armstrong, Sydney McLaughlin, Stefano Peschiera, Rebeca Andrade, Anthony Sinisuka Ginting, Tatiana Smith, Kayka Alexandre, Odette Giuffrida, Carlik Jones, Saidel Horta, Joab Chinanca (al que prohibieron colocar la imagen de Jesucristo en su tabla de surf), Alleah Finnegan, Brody Malone, Geronay Whitebooi, Jerry Tuwai, Rayssa Leal, Rasheedat Ajibade, Taishi Brandon Nozawa, Adam Peaty, Caeleb Dressel, Georgia-Lightning Vele, Lolohea Naitasi, Julien Alfred, Rasheed Broadbell, Olivia Lundman, Keturah Orgy Tarsila Orogoto, Marileidy Paulino, Yemisi Magdalena Ogunleye, Micas Cristenson, Nemesio Nunes, David Liti, Don Opeloge, Yenni Álvarez, y muchos más…todos hablaron en estos pasados días de la fortaleza que les da la fe y confianza en Dios, a quien dan gracias por sus éxitos, o entregan su fracaso, porque lo único que importa es Él, que es el Amor.

“Bienaventurados cuando os persigan y calumnien por causa de mi nombre” fueron palabras de alivio dichas hace tiempo en el Monte de las Bienaventuranzas, y si nos las creemos, seremos bienaventurados, no tendremos miedo ni desesperanza, e incluso deberíamos ver lo que está pasando como una bendición, como un momento para mejorar, y desde la más sencilla humildad, para demostrar que seguimos a un Dios de vivos. Qué alegría saberse amado por Dios y sentir que Él está siempre con nosotros.
Fe, esperanza y caridad son fundamento de nuestros anhelos, la fe en Dios nos lleva a la esperanza, no a la nostalgia o a la utopía ni a la desesperanza o amargura, la esperanza es confianza y será el amor el que lo haga todo posible. Que haya esperanza no significa que no haya sufrimiento, este es consustancial al ser humano, pero lo que importa es el sentido que se le da a ese sufrimiento, al igual que los deportistas enfocan el esfuerzo (y con ello renuncia y sufrimiento) a la consecución de una meta, el nuestro debería ofrecerse a un bien mayor. Si la felicidad verdadera que nos muestra Víktor Frankl solo depende de tener un propósito en la vida y de la trascendencia de ese propósito, ¿por qué evitarlo?
Los acontecimientos dice Fabrice, son palabras que hay que descifrar, y en ello estamos. La iglesia está en el mundo para revelar a Dios, cuando lo cierto es que su tarea se reduce cada vez más a preservar lo humano.
La inauguración, en su despliegue de temática, obsesivamente relacionada con el sexo y la supuesta liberación sexual, en la que incluyeron la presencia de niños como signo más de provocación, de que esta ideología loca y perversa ya está asentada, nos demuestra que no podemos estar en un burbuja en esta amenaza global.

Quizás esto era necesario para tener conciencia de que tocamos fondo, que estamos en caída libre hasta el fondo, o que podemos pararla. El signo de tanta decadencia nos ha puesto en guardia de que hay que proteger nuestra cultura porque estamos protegiendo a nuestros hijos del suicidio, del aumento de enfermedades mentales o del alma, de depresiones, incluso evitando su existencia. Pero siempre estará la ESPERANZA…




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